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Cómic y novela gráfica

‘La cantina de medianoche’, un menú para degustar con calma

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Gastronomía y viñetas, de la mano una vez más para llevarnos del viaje al País del Sol Naciente.

Para Astiberri, adentrarse en el manga supone un ejercicio selecto. La editorial escoge con exquisito cuidado los títulos japoneses que se incorporan a su catálogo. Uno de los más recientes es La cantina de medianoche, el manga en el que se basa la serie de Netflix Midnight Diner: Tokyo Stories (aunque, en realidad, ha sido adaptado en varias ocasiones desde 2009, tanto en Japón como en Corea y China). Con el aval del éxito internacional de la serie audiovisual, el pasado año llegaron los dos primeros volúmenes de esta obra (de los veintidós que lleva en la actualidad en Japón), creada por Yaro Abe.

La premisa de La cantina de medianoche es un pequeño local que abre de doce de la noche a siete de la mañana, con un único plato en el menú, caldo de cerdo, aunque el propietario cocinará cualquier plato que le pidan, siempre que disponga de los ingredientes. Así, el bar se convierte en un refugio para las variopintas almas que vagan por la noche tokiota, desde parroquianos habituales hasta visitantes esporádicos que, perdidos entre los callejones, entran atraídos por la idea de una sopa casera.

La obra se estructura en breves capítulos centrados cada uno en un plato, pero a diferencia de otros títulos de marcado perfil gastronómico, en este caso la comida es solamente una excusa para sumergirnos en un costumbrismo abrumador de la mano de los diferentes personajes que visitan la cantina. A través de las relaciones que se establecen entre los clientes se crea un retrato costumbrista de un Japón urbano, tradicional y contradictorio en sí mismo.

La celebración de la comida resulta un elemento unificador, y una de las claves de su éxito internacional. Por una parte, la atracción por la gastronomía japonesa, ligada a esa idea de sofisticación, pero más profundamente, una cierta reverencia hacia los platos cotidianos, los que traen recuerdos de la infancia, los que evocan lugares concretos. Un sentimiento universal que funciona como pegamento para las pequeñas historias que componen el puzle de este retrato nocturno.

Cada volumen de La cantina de medianoche es un lugar feliz en el que refugiarse ante las adversidades de la vida. En un momento como el actual, en el que la realidad se ha vuelto extraña, sumergirse entre sus páginas es un bálsamo de la normalidad que anhelamos recuperar.

Doctora en Historia del Arte. Divulgadora cultural. Miembro de la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic. Autora del libro "Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón".

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