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Opinión

Ricardo Rosas (Juventudes Socialistas): Pese a todo, Orgullo

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Tal y como nos ha pasado ya varias veces en los últimos meses, nos encontramos de nuevo con un primer año sin… sin verbenas, sin fútbol, sin Semana Santa, sin Eurovisión y llegando julio, sin Orgullo, o mejor dicho sin actos públicos. Orgullo sigue habiendo.

Y es que pese a lo que se quiera pensar el Orgullo es más que sus actos públicos, y por supuesto mucho más que el mal llamado desfile (que no es sino una manifestación con todas las de la ley, por más música y carrozas que tenga). El Orgullo es, ante todo, reivindicación. Es un acto político de primer nivel cargado de reivindicaciones, forjado en el recuerdo de muchísimas víctimas y con un objetivo político claro: derribar los muchos prejuicios y discriminaciones que todavía sufrimos el colectivo LGTBI.

Con mucha frecuencia, oigo tonterías como aquello de “para cuando un orgullo hetero” o “las cosas ya no son como antes, ya no es necesario”. Habrá quienes al oírlo se rasguen las vestiduras, pero por desgracia se las oigo a más gente de la que me gusta admitir. Pero para mayor gloria, se las escucho con frecuencia, más claras o más veladas a formaciones políticas de dudoso espíritu democrático.

Me gustaría poder pensar que mi generación fue la última en sufrir el cruel conservadurismo de la sociedad y que en la escuela ya no se le grita ¡Maricón! a nadie, pero es que sencillamente no es verdad. Sigue quedando muchísimo trabajo por hacer hasta que las aulas y los hogares sean un espacio de libertad y seguridad.

Las cifras de delitos de odio contra personas LGTBI siguen siendo terroríficas, con algo menos de 300 denuncias en 2018 (último informe sobre evolución de delitos de odio del Ministerio del Interior) unos números que no alcanzan a reflejar la terrible realidad de abuso y acoso al que se ven sometidas miles y miles de personas en toda España en especial durante la etapa escolar. Ya en 2017 la OMS identificó el suicidio como la tercera causa de mortalidad entre los adolescentes en el mundo y la primera en Europa (datos del informe Global Accelerated Action for the Health of Adolescents :guidance to support country implementation) Y según los datos de mortalidad del INE en 2018 el suicidio fue la segunda causa de muerte en España entre los 10 y los 19 años. Mención aparte merece la situación de las  y los adolescentes transexuales que según el estudio Profiles of Student Life: Attitudes and Behaviors de la revista Pediatrics confiesan haber intentado suicidarse hasta en un 50,8% de los casos.

Es imprescindible que actuemos en materia de la salud psicológica infanto-juvenil, que abordemos la protección de los menores maltratados en casa por su identidad sexual o de género, que garanticemos los derechos de las personas trans y que erradiquemos el acoso escolar, ciberbullying y demás tropelías de esas que hemos sufrido todos los que éramos distintos. Aún después de tantos y tantos esfuerzos estamos mejor que nunca, pero seguimos igual que siempre.

Por su parte la derecha española y su sociedad civil siguen instaladas en el odio y la posverdad, desdibujando el debate y tratando de reducirlo al absurdo. Esta semana asistimos al último espectáculo judicial de la Asociación de Abogados Cristianos que ha decidido tomarla con la bandera arcoíris, querellándose contra alcaldes y alcaldesas para que este símbolo no pueda ondear en los balcones de las casas consistoriales. Y acusando de prevaricación a la Directora General de la Guardia Civil por la publicación en twitter de los colores del arcoíris junto al escudo del instituto armado con motivo del 28 de junio. Un exceso de drama al que ya nos tiene acostumbrados la carcundia, que no solo ofende, sino que es cómplice de la perpetuación de un odio y discriminación que sigue costando vidas cada puñetero día.

Pero a pesar de todo y por más rabia que les dé, ahora se cumplen 15 años de la ley que nos permite casarnos en igualdad, 15 años del inicio de un cambio social sin parangón en nuestro país que nos puso a la cabeza del liderazgo mundial de la igualdad al convertirnos en el cuarto país del mundo (solo por unas horas se nos adelantó Canadá) en proclamar que todos sus ciudadanos y ciudadanas son libres de ser y amar como quieran. 15 años de libertad y dignidad y aquí os esperamos si os empeñáis en venir a por ellas.

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