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Tercer aviso de Vox: jaque a la convivencia democrática

Los líderes de la ultraderecha han manifestado su descontento en numerosas ocasiones con la Ley de Memoria Histórica. Sin embargo, sus acciones de los últimos días están alcanzado cotas especialmente peligrosas para la democracia española.

A estas alturas ya sabrá usted que en el Congreso de los Diputados se encadenan últimamente aciagas jornadas de improperios y descalificaciones. Pese a la difícil situación sanitaria y económica que atraviesa el país, el hemiciclo continúa instalado en su vieja normalidad. Y no todas sus señorías se esfuerzan por igual para que la confrontación siga en pleno ascenso.

El tan manido mantra del “todos son iguales”, entre la equidistancia y esa moda posmoderna de ponerse de perfil ante los acontecimientos políticos, impide ser claro en el análisis. Desde que la ultraderecha entrara en escena parlamentaria en abril de 2019 y avivara el debate público en sus meses previos, la vida política ha experimentado cambios sustancialmente dañinos para la convivencia democrática.

El doble rasero entre el 12O y el 8M

Los líderes de Vox han comandado una nueva ronda de concentraciones para celebrar el 12 de octubre y caldear su hervidero antes de la moción de censura. A las caravanas de coches en varias ciudades españolas se le sumaron algunas movilizaciones de la España de camisa, mocasines y bandera. Allá desde su atalaya de clase, donde quieren seguir manteniendo sus privilegios, gritan clamando que los barrios pobres deben seguir confinados salvo para servir en los barrios ricos.

Sus protestas, además, se centran en las medidas acordadas para restringir el avance del virus y que para los convocantes supone un agravio intolerable hacia la libertad. No obstante, en términos epidemiológicos, sus reuniones han resultado tan arriesgadas como las que se organizaron en el tan criticado 8 de marzo, si bien ahora ya se conocen los datos tan espeluznantes de contagios y muertes a espaldas de un país.

Desmemoria histórica

Otro de los estiletes argumentativos de la ultraderecha sigue siendo su ataque frontal contra la Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, la ofensiva guerracivilista ha pasado al siguiente nivel: pintadas vandálicas contra la estatua de Francisco Largo Caballero, presidente del Gobierno durante la Segunda República, en las que podía leerse “Asesinos” y “Rojos no”.

Tras un cruce de acusaciones a través de Twitter, la cuenta oficial de Vox amenazaba afirmando que se trataba de un primer aviso. Este miércoles, en la sesión de control al Gobierno, llegaba el segundo aviso, esta vez en boca del diputado Juan José Aizcorbe: “Reitero la presentación de una proposición de derogación de la liberticida Ley de Memoria Histórica. Segundo aviso, señorías”.

Habrá que esperar próximos movimientos para comprobar cuál será el tercer aviso con el que la extrema derecha pretende poner en jaque la democracia española. Su discurso, su lenguaje y sus acciones dan para pensar en quién sostiene verdaderamente una postura anticonstitucional y, sobre todo, en quién está rompiendo España.

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