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Crimea celebra el quinto aniversario de su incorporación a la Federación Rusa

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Fuente de la imagen | Wikipedia.

Las cuestiones identitarias juegan papeles clave en la historia, aunque también las acciones de inteligencia exterior. Ese es el caso de Ucrania, un muñeco de trapo que se deshace en hilos entre su doble identidad ruso-eslava y europea; entre la adscripción a un bloque militar o a otro.

Procedente de la antigua Unión Soviética, Ucrania es uno de los países con mayor peso económico de aquel conjunto que denominamos “espacio pos-soviético”. A orillas del Mar Negro, actúa de colchón entre los países abiertamente integrados en la Unión Europea y Rusia. Además, su posición estratégica la encumbra como un espacio de paso de vital importancia para los gaseoductos que llevan los hidrocarburos rusos y de Asia Central hacia los consumidores europeos.

A pesar de su importancia regional clave, la economía ucraniana ni logró ni ha logrado despegar. La corrupción, el desempleo y las faltas de oportunidades, junto con un ejército desprovisto y mal pertrechado fueron socavando una paz social, que tuvo en el Euromaidán de finales de 2014 su catalizador perfecto. Ciertos informes acusan directamente a Europa y Estados Unidos de estar detrás de la organización o provisión del mismo movimiento. Sea como fuere, el partido de la oposición (Svoboda), de extrema derecha y abiertamente filofascista, se plantó frente al por aquel entonces presidente de Ucrania, Yanúkovich.

La Ucrania premaidán era un estado totalmente dependiente de Rusia. El armamento militar y la economía de Ucrania eran totalmente satélites dependientes sin capacidad autonóma de actuación. Yanúkovich sabía de las necesidades de Ucrania y mantenía a un aliado estratégico en su flanco este. La cercanía de Putin le otorgaba un estatus de favor y predilección frente a Moscú. No obstante, una oposición cada vez más férrea apoyada en un polarización social hizo que se planteara, sobre todo en el centro y oeste del país un cambio en la política exterior.

UE y colateralmente, OTAN

Svoboda planteaba la inserción en la Unión Europea, como vehículo para salir del atolladero económico. La Unión Europea para los ucranianos del oeste representaba las esperanzas de cambio y de modernización del país. Una huida hacia delante, en contra de la corrupción y las penurias económicas, del oligopolio ucraniano existente. Las relaciones internacionales de la asociación de extrema derecha obviaron su contenido nacionalista, radicales ortodoxos y racista, pues la ocasión era única. Se le planteó a Svoboda que la vía de incorporación a la Unión, debía pasar inexorablemente por el abandono de la vinculación con Rusia y un “prealistamiento” a las órdenes de la OTAN. Las ventajas económicas de la Unión Europea solo podrían disfrutarse en el país, bajo la sumisión del territorio ucraniano a los intereses del Atlántico Norte.

El 20 de Noviembre de 2013, la proposición formal en el gobierno de una unión aduanera entre la Unión Europea y Ucrania es aplazada por el gabinete de Yanukóvich. Kiev se convirtió en una barricada en su contra. Yanúkovich intentó ceder ante los organismos de la UE, en los días posteriores a dicho evento. No obstante, la Unión Europea, a sabiendas del peso que tenía y la oportunía que disfrutaba, decidió tensar la cuerda. Evitarían la negociación con el máximo representante ucraniano a fin de verlo caer. Diversos personajes institucionales salieron al apoyo de los rebeldes fascistas en Kiev durante los días sucesivos, incluso presentándose allí en la Plaza de Maidán (Kiev). Podríamos enumerar al Servicio de Asuntos Exteriores alemán, o a los senadores John Kerry y John McCain, entre otros posibles agentes que actuaran de forma encubierta.

El derrocamiento de Yanúkovich en el mes de Febrero de 2014 supuso el tratamiento del Euromaidán como “golpe de Estado” desde Rusia. Putin perdía un aliado potencial y estaba en juego la seguridad de la estrategia rusa. Los descendientes de rusos (frente a los ucranoparlantes) fueron atacados por medidas coercitivas desde el gobierno. Rusia así mismo, había cedido en tiempos de Jrushev la península de Crimea a Ucrania, en virtud de que dicha península albergara una de las mayores bases navales rusas, aunque dicho acuerdo de arrendamiento finalizaba en 2017. Con Ucrania dividida frente al derrocamiento de Yanúkovich, el este abiertamente prorruso por sus imbricaciones históricas, identitarias y económicas se posiciona a favor de Moscú y en contra de la hegemonía de un gobierno de extrema derecha bajo Svoboda.

Desdén a Kiev, Crimea mira hacia Rusia

Tal grado de rechazo hay al Euromaidán, que Crimea a comienzos de Marzo de 2014 un reférendum sobre su vinculación. El resultado arroja un 95% a favor de pertenecer a Rusia, por lo que de forma unilateral la antigua República Autónoma de Crimea, se declaraba independiente de forma transitoria hasta incorporarse plenamente en la Federación de Rusia en 2015 en forma de República de Crimea (con capital en Simferópol) y la Ciudad Autónoma de Sebastopol como dos entidades políticas propias dentro de la Duma de la Federación Rusa.

El 18 de Marzo de 2019, Vládimir Putin acudió a Crimea y Sebastopol para rememorar dichos sucesos históricos, en el quinto aniversario del evento. Diversos actos patrióticos enarbolaron a los partidarios de Putin, los cuáles no son precisamente minoritarios en la región. El despegue económico que ha vivido la región desde su anexión a Rusia ha sido evidente. Las ayudas prometidas desde Moscú han sido paliativas respecto al trato de ahogamiento económico que ha practicado Kiev. La península de Crimea tiene un único nexo terrestre, que enlaza con el sureste de Ucrania. Dicho emplazamiento se encuentra cerrado debido al conflicto ruso-ucraniano derivado de la anexión de Crimea.

Para hacer frente a dicho evento, Moscú construyó para Crimea el puente marítimo de mayores dimensiones creado hasta la fecha en suelo europeo. Unos 20 kilómetros que unen el extremo oriental de Crimea mediante el estrecho de Kerch, hacia Rusia, con un coste aproximado de 3.300 millones euros. Iniciado en 2014, fue inaugurado el 15 de Mayo de 2018 por el propio Putin en persona.

Domnest y Lugansk, el eco de Crimea

No obstante, la respuesta de Moscú ante el viro político de Ucrania no fue suficiente. La constitución ucraniana se mostraba firmemente ante tales vaivenes diplomáticos y rezaba su neutralidad bélica en su propia carta magna. A fin de insertarse en la Unión Europea, la constitución fue uno de los primeros cambios llevados a cabo por el nuevo gabinete de gobierno. Eliminaron la neutralidad para convertirse en aliados de los Estados Unidos. Ucrania estaba en proceso y a poco tiempo de incorporarse en la OTAN. Empero, haber salvado el puerto marítimo en el Mar Negro de la flota rusa no pareció haber sido suficiente para Rusia, quién orquestó y organizó un conflicto aún latente en el este ucraniano.

Con apoyo implícito ruso, las regiones autónomas del este ucraniano se declararon independientes y prorrusas (e incluso marcaron su legado soviético en algunos casos). Así se formaron las Repúblicas de Luganks y de Domnest. Ambas entidades mantienen un conflicto bélico aún hoy en día con el gobierno de Kiev. El desgaste económico y militar producido por dicho evento, minaba las posibilidades de inserción de Ucrania en la OTAN. La OTAN requiere la modernización del ejército ucraniano que se encuentra escaso de material, de estructuras y de instalaciones. El conflicto con el este ucraniano y la guerra civil en su territorio ha paralizado y postergado la adhesión al Atlántico Norte. El MAP (Proceso de Adhesión a la OTAN) requiere la pacificación previa de los países aspirantes debido a que una de las cláusulas más importantes de la OTAN es el de socorro mutuo, y si Ucrania entrase en la OTAN, la intervención de los aliados debería ser una obligación. En dicho caso, la respuesta rusa sería inesperada.

Alemania, una de las principales promotoras del Euromaidán logró tener su propio acceso a los hidrocarburos rusos mediante la creación del gaseoducto Nord Stream II que viaja desde Rusia hacia suelo alemán bajo el Mar del Norte. Estados Unidos, en cambio ha logrado hacerse con una región militar próxima en su cerco a Rusia, donde habitualmente instala misiles de largo alcance, así como despliegues militares con bandera americana reconocida, así como el uso de los aeropuertos ucranianos desde donde lleva a cabo despegues de vuelos que a menudo se adentran en la zona de vuelo exclusivo ruso. Rusia ha estrechado su vinculación energética con Europa, así como ha soliviantado la incertidumbre sobre la finalización del contrato de arrendamiento de las bases navales de Crimea. Solo Ucrania ha salido perjudicada envuelta en un conflicto bélico sin capacidad para resolver por sí misma, en las manos de los intereses geopolíticos de las que ya no puede ser soberana.

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