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Política

Bielorrusia, la historia del despertar de un pueblo

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La población bielorrusa se ha lanzado a la calle por centenas de miles para reclamar el fin del régimen de Lukashenko y el fin del fraude electoral.

Bielorrusia vive esta semana una situación decisiva que marcará el futuro de esta antigua república soviética de manera definitiva. El pueblo bielorruso inunda las calles de las principales ciudades del país en una oleada de protestas reivindicativas jamás vistas desde que esta nación se independizó de la URSS.

Todo comenzó cuando el pasado 9 de agosto se publicaron los resultados de las elecciones presidenciales. Alexander Lukashenko, cuyo mandato se alarga durante más de 26 años, obtuvo una victoria arrolladora con más del 80% de los votos frente a su principal competidora, Svetlana Tikhanovskaya. Ella es la esposa de otro candidato, que fue apresado poco antes de la celebración de los comicios y, aunque se presentó con muy poco margen de tiempo, había cosechado una gran popularidad entre los ciudadanos.

En la capital del país, Minsk, se comenzó a hablar de fraude  y las manifestaciones comenzaron a convocarse en las principales calles y plazas de las grandes ciudades bielorrusas. La marcha más multitudinaria tuvo lugar el pasado domingo 16 de agosto. La llamada ‘’Marcha por la Libertad’’ concentró a más de 250.000 personas que protestaban por la manipulación electoral y la violencia empleada por las autoridades policiales para frenar marchas anteriores.

 

Al mismo tiempo, el presidente Lukashenko criticaba a sus oponentes ante unas 31.000 personas y llamó a sus simpatizantes a defender el país y su independencia. Algunos medios informaron de que muchos de los participantes en esta concentración a favor del mandatario fueron traídos de diversos lugares de todo el país y algunos de ellos bajo amenaza de perder sus puestos de trabajo.

Así mismo, el líder hizo un llamamiento público a Vladimir Putin para que le ayudara a controlar la situación. Moscú aceptó y prometió ‘’asistencia integral en caso de amenazas militares externas’’. El mandatario ruso se refería a la Unión Europea, que ya ha anunciado una serie de sanciones, y a los Estados Unidos.

Desde la parte Rusa, la principal preocupación es la de un giro del país vecino hacia occidente. Giro como los que Lukashenko realizó en su día con pequeños movimientos simbólicos como la búsqueda de petróleo en países extranjeros para rebajar su nivel de dependencia económica con sus vecinos rusos. Aunque no sirviera de mucho, dado el fuerte control económico y político al que está sometida Bielorrusia, no fue un movimiento muy agradable para el Kremlin.

Las televisiones rusas siguieron detalladamente las manifestaciones críticas con el presidente bielorruso, un recordatorio más que claro de que su frágil posición está en manos de Moscú, que podría plantearse un reemplazo.

También se han ido lanzando en los últimos días mensajes de teorías conspiranoicas de concentración de fuerzas de la OTAN en los países europeos colindantes. Así lo insinuó la ministra de Exteriores rusa cuando habló de ‘’los intentos de desestabilizar Bielorrusia desde el exterior’’. Argumento al que se ha sumado hace apenas unas horas Lukashenko al acusar directamente a los Estados Unidos de dirigir las protestas y a la Unión Europea de ‘’seguirle el juego’’.

Otro de los caminos es el de dejar caer a Lukashenko y apoyar las manifestaciones. Los líderes de la oposición no presentan una agenda que se acerque a la Unión Europea, sino que parecen seguir la senda prorrusa. Del mismo modo, la población bielorrusa es, por lo general, más cercana a Rusia que a Europa. Por ello, un apoyo logístico excesivo que ayude a aplastar las protestas acabaría siendo contraproducente, pues podría provocar un giro de la opinión pública.

La intención de Putin es clara, conservar la mayor influencia posible e incluso, si es posible, absorber de manera íntegra al país. Para ello, el Kremlin ha reclamado insistentemente la implementación del Tratado para la creación del Estado de la Unión, firmado en 1999 por los líderes de ambas naciones.

Así, el comunicado emitido por el ejecutivo ruso tras las conversaciones entre Lukashenko y Putin, Rusia ‘’reafirma su disposición a presentar la asistencia que sea necesaria para resolver los desafíos a los que se enfrenta Bielorrusia en base los principios del tratado […], además de a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva si fuera necesario’’.

Tras las acusaciones de tortura y abusos policiales, las potencias occidentales apuestan cada vez más por una transición democrática, Rusia piensa su próximo movimiento y las protestas no cesan. Ya hemos visto a militares y policías soltar sus escudos frente a los manifestantes en símbolo de apoyo. El pueblo pide democracia y el futuro de Lukashenko al frente de la nación pende de un hilo.

Aunque aún no conocemos cómo acabará todo, sí sabemos que nada será igual en Bielorrusia y que al pueblo, cuando se une, no lo para ningún Gobierno.

Estudiante de periodismo en la Universidad de Málaga, soy un apasionado de la política nacional e internacional. También me considero un amante de la historia, en especial la Edad Media y la Edad Moderna.

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