Inicio Deportes Baloncesto Una noche, dos vidas. El puñetazo que lo cambió todo

Una noche, dos vidas. El puñetazo que lo cambió todo

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La época de los 70 fue una de las peores que se recuerdan en la historia de la NBA. Peleas, boicots, constantes insultos y más incidentes estaban haciendo que la rivalidad entre equipos, jugadores y aficionados dejasen al baloncesto en un segundo plano.

Fue la tarde del sábado 9 de diciembre de 1977, cuando una de estas peleas que ya se tomaban como algo ordinario, cambiaría para siempre dos vidas.

Una ambulancia se abría paso a toda velocidad por las calles de Los Angeles. Una vida pendía de un hilo. “Jamás había visto nada parecido. Es como si su cabeza se hubiese estrellado contra el parabrisas de un coche a 80 km/h”. Poco después, la víctima del incidente recuperaba el conocimiento y con mucha dificultad escuchaba una voz que le decía: “Lamento comunicarle que su cerebro ha sufrido una ligera pérdida de fluido espinal, tenemos que intervenir”. El herido apenas entendía lo que le decían. A través de la voluminosa máscara que le cubría el rostro podían verse unos ojos tristes, lo único que conservaba en su sitio. El resto era un rompecabezas, su cráneo estaba totalmente descompuesto, hecho añicos. Todavía lo seguimos recordando, incluso cuando entramos en una tienda de camisetas NBA.

No se habría cumplido ni hora y media desde que el Forum presenció este atroz incidente. Lakers contra Rockets, dos de los mejores equipos de la competición se enfrentaban, un ambiente hostil para Houston, pero ni de lejos se sintieron intimidados por el bullicio angelino. El partido volvía del descanso con el marcador igualado a 55. Mucho contacto, un pequeño despiste podría marcar el tono del partido, Kevin Kunnert estaba muy pendiente de su marca, Abdul-Jabbar, que luchó con ímpetu por un rebote tras fallo angelino. Entre ambos jugadores se intercambiaron codazos que desencadenaron una pelea. El colegiado se percató inmediatamente de la trifulca entre ambos jugadores y echó mano de su silbato, pero de poco sirvió.

Solo podía distinguirse una maraña de brazos, todos ellos intentando golpear a la persona que tuviesen más cerca sin importar quién fuese.Cuando ya parecía más fácil serenar los ánimos, Kermit Washington, el fornido cuatro local descargó toda su ira contra Kunnert. Washington estaba fuera de sí, se puso a perseguir a Kunnert. “Lo hice con las manos abajo, sin saber muy bien qué haría llegar. No recuerdo más”. Kermit atisbó una camiseta roja que se acercaba por su espalada, y con la fuerza con la que un bate de béisbol golpea a una bola, Kermit Washington propinó un devastador puñetazo sobre el indefenso rostro de Rudy Tomjanovich, quien cayó al suelo como si de una ficha de dominó se tratase. “Jamás olvidaré ese sonido – Jabbar”.

En el Forum reinaba un espantoso silencio, un silencio que definía a la perfección la gravedad de la situación. Tomjanovich yacía inconsciente en el parquet sobre un charco de sangre, dejando una escena atroz que quedó en la mente de todos los presentes en aquel pabellón. “Está muerto. Dios mío, está muerto… ¡cómo ha podido ocurrir algo así!””. Exclamaba el cronista del Times Ted Green.“El sonido. Nunca escuché el disparo de una bala penetrar un cráneo, pero supe que tenía que sonar así. Estoy seguro de que ninguno de los que presenciamos la escena había escuchado nunca nada igual. Estábamos acostumbrados a ver peleas cada noche. Pero aquello no. Aquello fue escalofriante””. Declaró el enviado del Houston Post, Thomas Bonk.

Las palabras del segundo de los Lakers, Jack McCloskey, fueron las que avivaron el fuego en el periodo posterior al puñetazo: “Ha sido el puñetazo más duro en la historia de la humanidad”. En ese momento cualquier declaración servía como titular. Pero si en algo estaban todos de acuerdo es que había un villano, Kermit Washington. Pero cuando la sentencia de tal atroz incidente se hizo pública, todos los periodistas cambiaron radicalmente de parecer. Diez mil dólares (casi un tercio de su salario), 26 partidos de suspensión y 60 días de destierro deportivo, lo que quiere decir que Washington no podría jugar ni cobrar durante prácticamente dos meses (la máxima sanción de la historia). Entonces, bien por empatía, o bien por la magnitud de la sanción, los titulares se apiadaban del que fue casi asesino tres días antes.

Tras el puñetazo la carrera de Tomjanovich y la de Kermit se vieron muy resentidas. Tomjanovich tuvo 117 ausencias y se retiró muy prematuramente, 4 años después de la fecha del incidente. Tras su retirada se hizo entrenador, y tuvo bastante éxito, llegando a ganar dos anillos consecutivos con su ex-equipo, los Rockets. Estuvo en los banquillos de Houston hasta que en 2003 se le diagnosticó un cáncer de vejiga que lo apartó temporalmente del baloncesto. En 2004 regresó como entrenador de los Lakers, pero solo hizo de técnico en 41 partidos, porque resintiéndose de su enfermedad, tuvo que ser sustituido.

La historia de Washington fue totalmente opuesta. En su regreso a las pistas recibió abucheos por parte de todo el pabellón, incluso de los aficionados de su equipo. Cada vez que tocaba el balón se oían gritos de “¡asesino, asesino!”. Por muy bien que jugase y por mucho que ganase, siempre fue recordado como “The man who hit Tomjanovich”. “Acabé harto del baloncesto, solo me provocaba dolor”. Pero lejos de acertar, su vida tocó fondo cuando su mujer le abandonó y él no recibía ofertas de ningún tipo para ser entrenador asistente. Cayó en la ruina, y desesperado por encontrar un contrato en la NBA, los Warriors le contratan como asistente para la temporada 1988-89, dándole una limosna que se agotó en seis partidos.

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