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Opinión | El tango del caño

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Jugador del rayo intentando regatear a dos jugadores del Valladolid | Fuente: http://www.rayovallecano.es/equipo/galeria-fotos/real-valladolid-rayo-vallecano/pg-7?

OPINIÓNExisten ciertas situaciones que pueden provocar el griterío en la grada, y una de ellas es tirar un caño. Introducir el balón -justo- por debajo de las piernas de tu rival

El fútbol es más que un deporte politizado y orientado en la búsqueda de una rentabilidad económica. Este deporte inventado por ingleses, sujeto a normas (como la mayoría de deportes) y reglas se disfruta más en la clandestinidad. La concepción del deporte rey como una fuente inagotable de ingresos está lejos de cualquier doctrina excluyente de su naturaleza más pura: la sencillez. La complejidad de hacer lo correcto y siempre encomiar el camino más tortuoso, por el simple hecho de pensar que es mucho más visual. 

El erróneo dogma de aquellos que consideran complejo el fútbol, posiblemente mantenga la idea de que el caño es un gesto ofensivo e irrespetuoso. La vinculación de un elemento estilístico tan bello como el caño, no tiene otra finalidad que la de sortear rivales como cualquier otro recurso futbolístico.  

Sin un pase claro al frente, con el riesgo de pérdida al retroceder el balón a campo propio, en el medio del campo, ‘pegadito’ a la banda izquierda, a pesar de ser diestro, en tierra de nadie. Aparentemente solo, casi rodeado, cercado por cuatro jugadores próximos. Con todas las vías de pases –posibles- obstruidas y reacio a traicionar a tu mejor amigo, el balón.

No hay otra salida, y menos cuando un rival se aproxima rápidamente a tu –obstaculizada- posición. La toma de decisiones se resume a décimas de segundos en las que a medida que avanza vas perdiendo posibilidades de salir de ahí.  

Entonces respiras hondo, tus piernas están entumecidas, agarrotadas por los nervios, el corazón comienza a latir mucho más rápido. El frenesí de la situación opaca tus pensamientos, el público te está viendo. Obviamente no quieres defraudar a aquellos que te alientan tan vigorosamente.

Por supuesto, tampoco quieres permitir a tus contrincantes la cesión de la pelota, tu vieja amiga. Pero, en ese preciso momento recuerdas la grandeza que oculta la sencillez, que el fútbol se parece más de lo que creemos en el tango. 

Y en ese mismo instante, con el tiempo congelado se te viene a la cabeza una cita del bueno de Al Pacino, interpretando a Frank Slade en ‘Esencia de mujer’: “En el tango no hay errores, no es como en la vida. Es sencillo eso es lo que hace que el tango sea genial, si cometes un error si te metes en un lío sigues bailando”. ¡Qué película aquella! Una sublime actuación de Al Pacino para la consecución de un Óscar en 1993.  

El tiempo recobra su transcurso habitual, rápido y accidental, en tu cabeza suenan una ‘musiquilla’ que incita a tus pies a bailar. Un sutil toque de exterior que besa en la mejilla a la pelota. El balón pasa entre las piernas del adversario que obstruía la salida al continente profundo del medio del campo. Los olés en la grada. El camino despejado y con mucho tiempo para tomar la decisión correcta. 

El tango es mucho más visual y bonito cuanto más naturales sean los movimientos, algo parecido ocurre con el fútbol. La búsqueda incesante de ‘tirar un caño’ jamás alcanza el resultado esperado. Para ello, se debe estar tranquilo, en armonía. Forjar un movimiento puede dificultar en exceso su consecución. Cuanto más natural, mejor. La espontaneidad y el factor sorpresa son dos alicientes a tener en cuenta. Por más que lo busques no llega, el caño viene solo. 

Al final no deja de ser un recurso más, un movimiento realizado con el fin de poder superar una marca, a un adversario. La idea de que este gesto tan natural y estilístico sea ofensivo es un disparate de grandes dimensiones. Abandonen esa mentalidad arcaica. Siéntense y disfruten, la música ya suena y el tango está a punto de comenzar.  

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