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Cine

‘Wendy’ y ‘Scare Me’, justas ganadoras del 30 FANCINE

Dos títulos han brillado con luz propia en el palmarés del FANCINE de este año: Wendy, favoritísima desde la inauguración, y esa brillante lección de interpretación ante la cámara que es Scare Me.

Dos títulos han brillado con luz propia en el palmarés del FANCINE de este año: Wendy, favoritísima desde la inauguración, y esa brillante lección de interpretación ante la cámara que es Scare Me. Ambas películas se han hecho con un total de tres galardones, repartidos en mejor película, actriz y fotografía para la primera, y mejor director, actor y banda de sonido para la segunda. El resto de las distinciones, mejores efectos especiales y mejor guion, han sido para Archive y Mandibules respectivamente.

No es de extrañar que estos dos filmes hayan arrasado en esta edición. Wendy es un ejercicio de excelencia cinematográfica, un auténtico regalo para todo amante del séptimo arte. Su reinterpretación del cuento de Peter Pan no puede ser más actual, sensitiva y acertada. Su discurso de clase, género y raza se introduce de una manera tan poco subrayada, tan natural, que es de agradecer dada la ambición de Netflix y el resto de gigantes del streaming por capitalizar groseramente las reivindicaciones en boga. Su fotografía bebe de la mejor tradición de lo real maravilloso, sucia a la par que luminosa, oscilante entre unos planos cerradísimos, muy íntimos, y unos generales que hacen que se le caiga la baba a cualquier amante de lo sublime. Resulta toda una proeza cómo introduce el CGI sin perder toda esa textura tan orgánica y ferrosa. Su versión del relato es una maravilla narrativa, genial en el juego de contrastes, en esa incisión en la dualidad niñez y vejez, vitalismo y decadencia. Absolutamente brillante.

Por otro lado, Scare Me, si bien no llega al nivel titánico de la obra de Benh Zeitlin, contiene otro tipo de heroísmo: el de cómo hacer una película decente con pocos recursos. La ópera prima de Josh Ruben, en la que también actúa compartiendo protagonismo con Aya Cash –aka la nazi de The Boys­-, es  una narración de unidades aristotélicas, agudísima en sus diálogos ácidos y su humor referencial. Realizar una historia sobre cómo contar historias, sin hacer elipsis hacia los propios intrarrelatos que narran cada uno de los personajes, y conseguir retener la atención del espectador en todo momento es algo muy complicado, lo que evidencia las carismáticas actuaciones del tándem protagonista. Ahora bien, estas virtudes son incapaces de evitar cierta sensación de hastío en algunos tramos del metraje, lo que contrasta con el acelerón en la transición a su tercer acto, el cual entra de manera algo torpe. Muy estimulante en cualquier caso.

Cabe destacar, para finalizar, la encomiable labor que hace el Festival de Cine Fantástico y de Terror que cada año organiza la Universidad de Málaga, más aún cuando vivimos sumidos en un mar de incertidumbre, restricciones y psicosis generalizada. El FANCINE ha demostrado una vez más que es capaz de resistir a todo, desde boicots chorras perpetrados por minorías de salón hasta medidas que parecen orientadas a acabar con la cultura antes que con la dichosa pandemia. Pese a todo, esta trigésima edición ha conseguido mantenerse a la altura que los fieles de este evento esperábamos, aunque hemos de admitir que ha sido extraño acabar los visionados antes de las intempestivas seis de la tarde en vez de hacerlo a altas horas de la madrugada.

Empresario de lo inútil . Me gradué en Filosofía y ahora escribo para diferentes medios sobre cine y literatura, labor que compagino con mi faceta de profesor así como con la de actor, guionista y director de teatro.

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