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Una historia del Holocausto: “El testamento de Magneto”

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Fuente: Panini.

Reseñamos El testamento de Magneto, de Greg Pak, Carmine di Giandomenico y Matt Hollinsworth, del que Panini ha publicado recientemente una cuidada edición

Magneto es, indudablemente, uno de los villanos más carismáticos de los distintos universos superheroicos. Bien a través de los tebeos, bien fuera por la serie de dibujos animados, o bien gracias a Ian McKellen en las primeras películas de los X-Men (antes de que la traslación de los superhéroes al cine se convirtiera en hábito), lo cierto es que el mutante forma parte del imaginario colectivo de una forma en la que no muchos personajes han logrado calar. Uno de sus grandes atractivos es la megalomanía desmedida de la que hace gala al querer instaurar un nuevo orden en el que los mutantes se alcen como raza dominante.

Por ello, cuando en 1976 Chris Claremont se hizo cargo de la serie y quiso dotar a Magneto de un trasfondo, un origen que explicase y diese coherencia al personaje, recurrió a uno de los momentos más duros de la Historia de la humanidad. Así, Claremont situó la infancia de Magneto en los campos de concentración, convirtiendo a uno de los villanos más célebres en una víctima, como tantas otras, del mayor genocidio de la Historia.

El origen de Magneto funcionó tan bien, encajó de tal manera con la idiosincrasia del personaje, que ha permanecido inmutable durante décadas. Así como muchos otros personajes del mundo superheroico ven sus orígenes revisitados y reinterpretados con frecuencia, en ocasiones prácticamente alterados por completo, el de Magneto quedó fijado de manera (casi) inmutable. No obstante, al igual que no ha experimentado cambios, tampoco había sido visitado o narrado con detalle, y se desconocía por completo cuál había sido su historia más allá de las cuatro ideas clave: su origen judío, la infancia en la Alemania nazi, el paso por los campos de concentración y su único amor, Magda.

Así pues, para el guionista Greg Pak debió suponer todo un reto enfrentarse, en 2009, a la creación de El testamento de Magneto, una historia de la que ya se sabía todo, pero de la que todavía no se conocía casi nada. Pak situó a un joven Max Eisenhardt que apenas empezaba a descubrir sus poderes en la Alemania nazi, experimentando en su propia piel el odio creciente y la tensión social. Los lápices de Di Giandomenico y el color de Hollingsworth contribuyen a crear una atmósfera desgarradora, en la que se alterna entre las imágenes más crudas y las metáforas visuales más desgarradoras.

La excelente documentación llevada a cabo tanto por el guionista como por el dibujante y el colorista convierten a este relato en una historia de corte realista y verosímil, muy alejada de lo que se espera de un cómic superheroico. Con toda intención, por otra parte, puesto que es esa verosimilitud lo que otorga fuerza a esta historia de origen: el sufrimiento tiene que ser real, el trauma debe ser perceptible, para que el mensaje se transmita correctamente.

No queremos profundizar más en la trama o destripar la historia, pero sí hay dos aspectos más que queremos tratar acerca de esta edición. En primer lugar, el material extra, un prólogo y un epílogo con un apartado con referencias al material de documentación que, pese a tratarse de textos concisos, aportan la información necesaria para redondear la historia.

Pero si hay algo especialmente llamativo en esta edición es la inclusión de una historia corta, Historia de Dina Gottliebova Babbitt, un pequeño cómic reivindicativo de 2008 prologado por Stan Lee y realizado por Rafael Medoff, Neal Adams y Joe Kubert para dar a conocer la historia de Dina Gottliebova Babbitt y solidarizarse con su causa.

Dina Babbitt fue una superviviente del campo de concentración de Auschwitz, que salvó su vida gracias a sus aptitudes artísticas. En su confinamiento, pintó un mural en uno de los barracones infantiles, para reconfortar y aliviar el sufrimiento de los niños en sus últimos momentos de vida antes de ser enviados a las cámaras de gas. Cuando se descubrió su atrevimiento, el doctor Josef Mengele decidió aprovecharse de su talento y ponerla a pintar retratos de los gitanos a los que sometía a terribles experimentos. Mengele sostenía que existía una diferencia genética entre gitanos y arios que hacía más débiles a los primeros, y que se manifestaba a través del tono de la piel, por lo que dentro de sus experimentos necesitaba representar estos rasgos de la manera más fidedigna posible. En un momento en el que la tecnología fotográfica todavía no alcanzaba a cubrir esos fines, entró en juego Dina Babbitt, que pasó a ser la retratista del médico.

Tras la liberación, Dina rehízo su vida y se trasladó a Estados Unidos, donde se casó con Art Babbitt, animador de la Disney, y comenzó a trabajar ella misma como animadora. Años después, ya en su madurez, Dina descubrió que algunos de estos retratos de gitanos que pintó en Auschwitz habían sobrevivido y se habían integrado en el Museo Estatal Auschwitz-Birkenau. Trató de reclamarlos, obteniendo siempre respuestas negativas que se escudaban en los más dispares argumentos, lo cual generó una corriente de solidaridad por parte de artistas que se unieron a la reivindicación de que los originales de estos retratos volviesen a las manos de su autora.

Lamentablemente, un año después de la publicación original de esta historia, Dina murió de cáncer, sin haber conseguido recuperar sus cuadros. Que al menos estas seis páginas incluidas al final de El testamento de Magneto sirvan de homenaje a su memoria y den a conocer su figura a un amplio público

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