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Bohemian Rhapsody: un homenaje al más grande

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Fuente: IMDb.

La cinta protagonizada por Rami Malek encarnando a Freddie Mercury, llegará a los cines españoles este viernes, ocho días después de su Premiere en Londres

La película, que contó con la colaboración de dos de los miembros originales de Queen, no ha estado exenta de polémica: el director original (Bryan Singer) abandonó su puesto poco antes de terminar el rodaje por supuestas discrepancias con el actor protagonista. Le sustituyó Dexter Fletcher, que ni siquiera figura en los títulos de crédito.

Antes de empezar con la crítica, es importante aclarar algo. “Bohemian Rhapsody” no es una película especialmente buena. Hay momentos en los que la situación es forzada y se muestra rebosante de clichés, el guion va a trompicones y no entra todo lo que debería en la vida de excesos del protagonista. Pero no creo que haga falta incidir mucho más en sus puntos negativos. Y no hace falta porque “Bohemian Rhapsody” no debe verse como una película, no debe valorarse diciendo si es buena o mala en función de tener un guion más o menos sólido o una dirección correcta y con personalidad. Debe valorarse como una experiencia, como un viaje desde el principio hasta (casi) el final de uno de los grupos más importantes de la historia de la música. Debe verse como una manera de conocer un poco mejor al mejor cantante y mejor “showman” que ha habido jamás. Y en ese aspecto, “Bohemian Rhapsody” alcanza la excelencia. Y lo hace porque consigue emocionar, consigue involucrar al público gracias a un acertadísimo casting y una trabajada caracterización.

Destaca porque incluye (como no podía ser de otra manera) absolutamente todas las canciones imprescindibles de Queen, canciones que no solo los fans, sino cualquier persona que haya escuchado música en su vida conoce de sobra. Profundiza en ellas, en cómo surgieron, en cómo terminaron convirtiéndose en lo que son. La colaboración de Bryan May y Roger Taylor han sido claves para lograr esto, y es que sin ellos la cinta habría quedado algo fría, sin mostrar algo distinto a lo que podemos encontrar en Internet. Los problemas que tuvieron con la discográfica para presentar la obra maestra que da título a la película; la intención de hacer partícipe a los fans en el momento de composición de “We will rock you”; el momento de concentración de Deacon para crear durante una pelea entre Mercury y Taylor lo que terminaría siendo “Another one bites the dust”… son momentos que hacen al fan disfrutar, sentirse dentro de los instantes más importantes del grupo.

Fuente: IMDb

Otra cosa que consigue hacer es emocionar. Y lo consigue en muchos momentos. Prácticamente cada vez que se recrea una actuación en directo (especialmente el famosísimo Live Aid, del que hablaremos más adelante), o cada vez que vemos cómo les salen bien las cosas, pese a que nadie creía en ellos. Pero también nos emocionamos para mal cuando empezamos a ver a Freddie caer en aquella espiral de excesos que terminó llevándoselo demasiado pronto, aconsejado terriblemente mal por Paul Prenter.

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Sin ninguna duda, el papel más complicado para Bryan Singer (y Dexter Fletcher tras su abandono), era encontrar al actor adecuado para traer de vuelta a Freddie Mercury. Y aquí, la decisión de incorporar a Rami Malek (“Mr Robot”) no podría haber sido mejor. Malek consigue que por momentos te olvides de que estás viendo una película y parecerse a Mercury más de lo que cualquiera podría imaginar; no sólo interpretativa o físicamente, sino logrando transmitir la energía y el derroche físico que caracterizaba al vocalista de Queen. La interpretación de Malek es, además de impecable interpretativamente, muy física, y sería una gran injusticia que a final de año no entrara en la lista de los nominados al Oscar a Mejor Actor Principal. Los demás integrantes de la banda, (en cuyas historias se profundiza muchísimo menos) ejercen como complemento del vocalista. Quien sí destaca es Lucy Boynton como Mary Austin, alguien clave en la vida de Mercury, que siempre estuvo ahí para él, a pesar de, en ocasiones, tener que renunciar a su propia vida para apoyarle.

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Cómo es lógico, y al tratarse de la película sobre una de las bandas más talentosas de la historia, su música tenía que tener cierto protagonismo. En “Bohemian Rhapsody” no es que tenga cierto protagonismo, es que está casi más presente que el propio Freddy Mercury. Que prácticamente cada cinco minutos tengamos una canción de Queen es un aspecto negativo desde un punto de vista crítico, ya que quizá deja demasiada parte del metraje para escuchar canciones, pero desde el punto de vista de un fan, es todo un acierto. Cualquier fan de Queen va a sentirse con ganas de cantar, de tararear, de seguir el ritmo de cualquiera de las grandísimas piezas que compusieron y va a hacerle recordar momentos que han vivido acompañados de aquellas canciones míticas.

A pesar de esto, es necesario resaltar que la película tiene algunos problemas. La primera media hora va aceleradísima (Freddie conoce a la banda a los ¿5? minutos de metraje) y prácticamente en la siguiente secuencia están firmando su primer contrato discográfico. Es cierto que resumir los más de veinte años de Mercury en Queen en menos de tres horas es muy complicado, pero podría haberse hecho de tal manera que resultara menos forzado. También chirrían un poco algunas decisiones que sacan al espectador de la inmersión y hacen menos creíble la película (cierta discusión en un momento clave, acompañada de un diluvio para hacerla aún más dramática de lo que ya de por sí es), o cambiar el orden en el que ocurren ciertos acontecimientos para dotar a la cinta de mayor dramatismo. El guion no es excepcional, ni la dirección. La fotografía sí que deja algunos momentos memorables, especialmente en aquellos momentos en los que las gafas de sol de Freddie ejercen de espejo, pero no alcanza el sobresaliente.

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Puede que “Bohemian Rhapsody” sea una película ordinaria desde el punto de vista técnico o narrativo, pero es mucho más de lo que le gustaría ser a cualquier película de estas características. Y lo es por quienes son las personas a las que retrata, por quién es Freddie, y por algunas decisiones acertadas que sí que harán que la película sea memorable: el casting de Rami Malek, la caracterización, el énfasis en las interpretaciones, y especialmente, el mimo y el cuidado en recrear el más mínimo detalle de los escenarios que aparecen en la película.

Es momento ya de entrar en el momento álgido de la película, cuando un Mercury, ya diagnosticado de sida, (pese a que todas las fuentes indican que se le diagnosticó dos años después) enfila el camino del escenario de Wembley. Aquel día, con más de 72 mil personas en el estadio, y con más de mil quinientos millones de espectadores en todo el mundo, artistas de la talla de Bowie, U2, Dire Straits, los Who, Led Zeppelin, Scorpions o Paul McCartney dieron el máximo en el día en el que el rock tocó techo. Millones fueron recaudados para luchar contra el hambre en el que posiblemente sea el evento más popular de la historia.

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La película transmite a la perfección cómo vivió el mundo aquel día. El concierto se emitía en las casas, en los bares, y millones de espectadores vibraban juntos al ver tocar a los grupos más grandes en una de las épocas más prolíficas del rock. Desde el momento en el que Freddie sale al escenario hasta que la actuación de Queen termina, se recrea de forma prácticamente íntegra, los veinte minutos que duró la actuación de la banda británica. Es tan alto el nivel de detalle que no sólo Malek hace cada gesto exactamente igual que lo hizo Freddie (beso a su madre incluido mientras está al piano en ‘Bohemian Rhapsody’), y va ataviado con la ya histórica camiseta de tirantes, sino que hasta los vasos de Pepsi que reposaban sobre el piano están presentes en la película. Si no es ya por interés en la historia de Queen, merece la pena ver la película únicamente por ver en pantalla grande a la banda durante el Live Aid, durante la que ha sido bautizada por muchos como la mejor actuación de la historia del rock.

Es en este momento, mientras vemos los últimos minutos del Live Aid cuando, después de más de dos horas repasando la historia de Freddie, Brian, John y Roger, es imposible no emocionarse; es imposible no recordar que poco tiempo después Freddie dejaría de aparecer por los escenarios; que poco tiempo después la música estará de luto.

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A “Bohemian Rhapsody” se le podrán criticar muchas cosas, pero si algo hace bien, es ejercer de homenaje a la banda, a Freddie, y a todos aquellos que han disfrutado con su música. La película es un viaje de emociones para cualquier fan, y, como dijo Brian May durante la Premiere “Freddie estaría orgulloso”.

Por último, la película se reserva para los créditos finales la que creo que es la canción que mejor representa los últimos momentos de Freddie en Queen, dándolo todo con su mejor sonrisa, siendo consciente de que su final era inevitable, pero también de que el espectáculo debía continuar.

Inside my heart is breaking
My make-up may be flaking
But my smile still stays on

The show must go on

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