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El escritor de Mauthausen

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(A la izquierda Salva Rubio, a la derecha Pedro J. Colombo)

Salva Rubio es escritor y guionista. Su afán por contar grandes historias le ha llevado a conocer Mauthausen y lo allí ocurrido durante la época nazi.

Este escritor ha publicado su primera novela gráfica “El fotógrafo de Mauthausen” junto con el ilustrador Pedro J. Colombo. El autor, a sus 40 años, ha conseguido ser nominado a los Premios Goya en 2010 con su primer corto de animación, ha publicado como novelista el libro “Zíngara: Buscando a Jim Morrison”, también ha publicado como guionista de comic “Robinson Cruassan” y siguiendo en esta línea publicó en 2017 “El fotógrafo de Mauthausen en Francia”. Ahora ha decidido probar suerte en España con la edición de esta novela en español. Por su parte, Pedro J. Colombo trabaja en un webcomic “The legend of Khaz”. Un comic de aventuras con una ambientación inspirada en 1001 y una noches. Una ambientación con la que consigue fusionar diferentes escenarios de países asiáticos y antiguas civilizaciones de Europa.

Salva proviene de una familia de clase baja, nunca vivió en los barrios medios de Madrid y muchos menos en los lujosos. Su casa se encontraba en un pequeño suburbio más allá de Móstoles. Sus padres fueron quienes le inculcaron el gusto por leer a pesar de encontrarse en aquel lugar donde la escolarización no era lo más importante, de hecho, fue el único en acabar la universidad de entre todos su grupo de amigos.

En 2004 llegó la idea de investigar sobre este fotógrafo a través del libro publicado por Benito Bermejo, el cual hablaba sobre un joven barcelonés comunista que acababa en Mauthausen y que participó en los Juicios de Nuremberg. Ese joven barcelonés tenía el nombre de Francisco Boix, y gracias a todas las fotos que hizo pudieron documentarse todos los asesinatos que se llevaron a cabo, ya que los nazis alegaban matar a esos presos por intentos de fuga, pero la realidad es que los cogían de noche y les disparaban sin ningún motivo.

En 2008 trató de transformar esta historia en una película y en 2009-2011 lo movió por distintas productoras, sin embargo todas ellas acabaron retirándose del proyecto: “con la crisis del 2008 todas las productoras coincidían en que era una película muy cara de hacer y acabaron por retirarse”, afirma. Ese fue el desencadenante para que se llevara a cabo la idea de esta novela: “no quería dejar esta historia sin contar y por ello surgió la idea de adaptar los guiones de la película a las páginas de un libro”

La editorial Le Lombard fue la que apostó por este proyecto, pero para poder llevarlo a cabo necesitaba de la ayuda de un ilustrador que hiciera posible el comic, esa ayuda fue Pedro J. Colombo. Una vez encauzado el proyecto entre 2012-2013 iniciaron un trabajo de documentación, para ello se trasladó a Austria, a conocer como era el campo de concentración: “la sensación que tienes allí es de estar en un sitio en el que no ha pasado nada, lo sabes por la historia pero los muros son de granito y siguen intactos, además, han quitado las cosas de mal gusto”, pero no solamente visitó el campo sino que además se hizo con numerosos documentos históricos así como con fotografías: “necesitábamos saber cómo iban vestidos o el aspecto que tenían para poder plasmarlo con la mayor exactitud”, indica el autor.

Por su parte, Pedro J. Colombo realizó una maqueta en 3D para saber cómo era el interior y poder representarlo con la mayor exactitud, también quería conocer cómo eran los autobuses o incluso la pistola que llevaban los guardias para representarlo de la forma más fiel posible. Además, dibujó a los presos con facciones marcadas en la cara para que pudieran ser distinguidos: “la única forma que teníamos de distinguir a los presos de los que no era con la cara, por eso a los presos les representábamos sin pelo y con los dientes marcados”

Ya en 2017 se procedió a maquetar todos los textos que iban a aparecer en el comic. Consiguió hacerse con los documentos reales de los Juicios de Nuremberg, los cuales, afirma el autor, aparecen en la parte final del libro tal cual están en los escritos: “No quería cambiar ninguna palabra, por ello únicamente los transcribí”.

Antes de su publicación, todavía quedaba pendiente la portada, en un primer momento el boceto de la portada era una ilustración de  Francisco Boix (el fotógrafo de Mauthausen) con el campo de concentración de fondo, sin embargo esta portada no pareció gustar en la editorial alegando que el fotógrafo tenía una cara poco agradable. El segundo boceto de dicha portada era el mismo, pero Francisco Boix sostenía una cámara delante de su cara. Este boceto fue el aceptado pero cuando ya estaba todo dispuesto para la imprenta, Salva no dejó que se llevara a cabo: “guardé mi as en la manga de escritor exigente y no dejé que se llevara a cabo dicha impresión, consideraba que de alguna forma tenía que verse la expresión de Francisco, era el protagonista y no podía obviarlo”, comenta entre risas. Gracias a esa acción, consiguieron que finalmente la portada se llevara a cabo de una forma intermedia; no se le veía totalmente la cara puesto que seguía tapado con la cámara de fotos pero la expresión de los ojos se dejaba entre ver encima de la cámara.

El resultado de años de trabajo

En otoño de 2017 se llevó a cabo la publicación del libro en Francia, y con ello la presentación y las firmas del libro. El escritor cuenta con emoción que a dichas firmas acudieron hijos de padres o nietos de abuelos que fueron a esos campos de concentración. Pero no solo eso, sino que desde que el libro se publicó les han estado enviando diarios de los presos o incluso dibujos que hacían ellos mismos: “esos dibujos que recibimos era la forma que tenía uno de ellos para levantar el ánimo a sus compañeros”.

Este octubre de 2018 se produjo la presentación del libro en España, más concretamente en la Casa del Libro de Madrid. Al igual que en Francia, a dicha presentación acudieron nietos e hijos de personas que habían estado en el campo de Mauthausen. El hijo y el nieto de Francisco Ortiz Torres acudieron a la presentación, y trajeron consigo una foto de Francisco en el campo de concentración junto con algunos compañeros, además, también trajeron una bandera republicana firmada con el nombre y número de identificación de cada uno de los presos. Esa bandera la firmaron al ser liberados del campo de concentración y aparece en la foto que trajeron consigo.

En ambas presentaciones han acudido familiares de deportados que se sentían identificados o representados en la historia, ya que cuentan la historia de su familia. Hoy en día siguen existiendo algunos deportados, pero muy pocos, estamos ante la última generación de supervivientes que puede contar lo ocurrido de primera mano. Creemos que esto es algo que ha quedado enterrado en el tiempo, pero lo cierto es que no está tan olvidado: “No debe volver a ocurrir, y lo cierto es que hay que recordar que no está tan lejos y que puede volver a suceder. Hay que seguir hablando de ello y mostrando lo que ocurrió para que no se vuelva a repetir”, afirma Salva con firmeza. Ya lo decía el refrán, aquel pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla.

Para Salva y para muchos familiares de presos Francisco Boix es y será un héroe, ya que gracias a él nunca se olvidará lo que ocurrió, con sus fotografías esa historia se encuentra documentada y ha podido ser contada: “Puedes ser un héroe con una cámara más que con un rifle” declara para despedirse.

 

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