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El porqué del caos político en Sudáfrica

El encarcelamiento del expresidente sudafricano Jacob Zuma ha originado una ola de disturbios, que el Gobierno está intentando sofocar por medio del ejército.

El miércoles 22 de abril de 2009 tuvieron lugar las elecciones generales de Sudáfrica, en las que el Congreso Nacional Africano (CNA) obtuvo su cuarta mayoría absoluta consecutiva (con un 65,9% de los votos), erigiendo a Jacob Zuma como Presidente del Gobierno, por delante de Helen Zille (obtuvo el 16,66% de los votos, representando a Alianza Democrática) o Mosiuoa Lekota (con el 7,4%, representando a Congreso del Pueblo). De esta manera, comenzó un mandato que duró hasta 2018, cuando fue relevado por el actual presidente y líder del CNA, Cyril Ramaphosa

Su periplo al frente de la república sudafricana estuvo caracterizado por una fuerte lucha contra el Apartheid, en pro de conseguir una sociedad justa e igualitaria. Asimismo, los adeptos -que no son pocos- de Zuma reivindican una serie de hitos logrados en ese tiempo, como el aumento del porcentaje de hogares conectados a red eléctrica, la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo (cuyos objetivos eran erradicar la pobreza, aumentar el empleo y reducir la desigualdad), la concesión de numerosas subvenciones y becas públicas, grandes inversiones en infraestructura (suministro de electricidad, carreteras, ferrocarriles, puertos…), el desarrollo del Programa Ampliado de Obras Públicas (que ha creado numerosas oportunidades laborales), la reforma agraria y expropiaciones de tierra, el aumento de la esperanza de vida al nacer (63,86 en 2018 frente a los 54,45 de 2007), la disminución de la tasa de mortalidad (más de un 4% entre 2017 y 2007), la ampliación del acceso gratuito a la educación, la creación de dos nuevas universidades (Universidad Sol Plaatje y la Universidad de Mpumalanga)…

No obstante, sus críticos le achacan el haberse embriagado de poder una vez ganada la lucha por la liberación, y el presunto saqueo a una gran parte de la riqueza del Estado. De hecho, el periodista especializado en África, David Soler, explicaba a Newtral que “se calcula que durante su mandato desapareció un tercio del PIB de Sudáfrica por contratos a dedo, sobornos y desvíos de fondos”

De este modo, el expresidente estaría involucrado en casos de corrupción relacionados con los hermanos Gupta, quienes, presuntamente, han influido en el nombramiento de ministros, y a quienes les han sido favorecidas ciertas concesiones públicas

Asimismo, en 2005, Zuma fue acusado de corrupción por un acuerdo de armas millonario de 1999 con una empresa francesa, y aunque sus cargos fueron retirados, su entonces asesor financiero, Shabir Shaik, fue condenado a quince años de prisión. Sin embargo, en 2017, la Corte Suprema ordenó que se readmitieran los 783 cargos de los que se le acusaba, alegando que la retirada de los mismos no se hizo de forma adecuada.

Igualmente, en 2016, la Oficina de Protección Pública, órgano independiente del Gobierno, que investiga las actividades de la Administración, concluyó que algunas de las reformas que realizó en su mansión no eran necesarias por razones de seguridad (tal y como Zuma las había justificado), por lo que debió restituir parte de los 23 millones de dólares que se invirtieron, provenientes de los fondos públicos.

Finalmente, en 2018 la Fiscalía Nacional confirma que Zuma enfrentará un proceso judicial por doce cargos de fraude, uno de crimen organizado, dos de corrupción y uno de lavado de dinero, relacionados con el negocio de armas ya mencionado, y que él niega. A comienzos de julio, los jueces de la Corte Constitucional lo sentenciaron a quince meses de prisión – de los cuales sólo tendrá que cumplir cuatro antes de obtener el tercer grado – por ignorar la orden de comparecer ante la comisión que investiga las acusaciones de corrupción que enfrentó durante sus nueve años en el Gobierno, ya que él se considera víctima de una persecución político-judicial, aunque se terminó entregando minutos antes de la fecha límite, convirtiéndose en el primer presidente encarcelado en la historia de la democracia sudafricana.

No obstante, no es la primera vez que Zuma se encuentra bajo arresto, pues ya lo estuvo durante diez años (1963-1973) por luchar contra el sistema del Apartheid, para en 1975 exiliarse y convertirse en el jefe de espías del CNA.  Esto le valió para ganarse el favor de la comunidad negra sudafricana, como se puede ver en las revueltas que se han producido a lo largo del país a raíz de su encarcelamiento: los veteranos de La Lanza de la Nación MKMVA, brazo armado del CNA, han mostrado su rechazo, y el portavoz ha llamado a “resistir el encarcelamiento”.

De este modo, sus simpatizantes comenzaron a cortar carreteras como muestra de apoyo al expresidente, y las reivindicaciones se extendieron por todo el territorio, degenerando en una oleada de saqueos y vandalismo. Asimismo, al encarcelamiento de Zuma se le unió el hastío general de la población, que ve cómo su país es el más afectado del continente por el Covid-19, lo que acentuó la mala situación económica y contribuyó a la caída de la moneda nacional, el rand.

Los incidentes más importantes han tenido lugar en dos provincias: KwaZulu-Natal (de donde es originario Zuma) y Gauteng, que cuenta con grandes ciudades como Pretoria o Johannesburgo. Los manifestantes han optado por prender fuego a almacenes, centros comerciales, supermercados… destacando una planta química cercana a Umhlanga, ciudad al norte de Durban, incendio que los bomberos consiguieron controlar. 

El 12 de julio, en una conferencia televisada, el actual presidente Cyril Ramaphosa declaró que “el camino de la violencia, de los saqueos y de la anarquía sólo lleva a más violencia y devastación. Lleva a más pobreza, más desempleo y más pérdidas de vidas inocentes. Esto no es lo que somos como pueblo”. No obstante, el Ejecutivo ha intentado controlar la situación mediante el despliegue de 2.500 soldados, distribuidos en distintos comandos a través de los puntos más activos de las manifestaciones, y que se han enfrentado a los ciudadanos en múltiples ocasiones a lo largo de estos días.

Por su parte, la fundación Zuma anunció que “no habrá paz en el país hasta que el exmandatario sea liberado de la cárcel”. “La paz y estabilidad en Sudáfrica están directamente relacionadas con la liberación del presidente Zuma con efecto inmediato”, escribió el organismo en su cuenta de Twitter.

En definitiva, se ha llegado a una situación insostenible que se ha saldado con ya más de 200 muertos y más de 800 comercios saqueados. Además, el presidente advirtió que partes del país “podrían enfrentar pronto escasez de productos básicos, por las interrupciones en las cadenas de abastecimiento de alimentos, combustibles y medicinas”, y los disturbios han provocado el cierre de algunos centros de vacunación contra el coronavirus.

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