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El feminismo será de todas o no será

To commemorate the 50th anniversary of Women's Suffrage in the United States, record numbers of women march along 5th Avenue, past a banner that reads ''Women of the World Unite!', New York, New York, August 26, 1970. (Photo by Fred W. McDarrah/Getty Images)

Una lucha interseccional

Si algo protagonizó el auge de la ya llamada cuarta ola del feminismo fue la palabra sororidad. Tanto fue así que el término fue incorporado a la Real Academia de la Lengua como “solidaridad entre mujeres, especialmente en la lucha por el empoderamiento”.

Kate Millet, referente en los años 70 en la segunda ola del feminismo y autora de Política sexual abanderó el término sisterhood que después ha dado lugar a su equivalente en castellano. Fue precisamente de la mano de la académica, antropóloga e investigadora mexicana, Marcela Lagarde. La sororidad adquiere así una connotación política, de unión entre las mujeres frente a la perspectiva de la otra mujer como competencia, tal y como ha transmitido tradicionalmente el patriarcado.

Sin embargo, tres años después, este término parece correr peligro ante la evolución de la teoría feminista de la que cada vez forman parte más y más corrientes. En especial, las conocidas como TERF o Radfem que no quieren aceptar a las mujeres transgénero como parte del colectivo oprimido de las mujeres. Aunque no es solo eso, el 2020 fue el año de la irrupción de los apellidos del feminismo, anticapitalista, antiracista, antiespecista, antidesahucios, liberal, abolicionista, legacionista, de la diferencia, postocolonial o ecofeminista. No obstante, esto no puede llevarnos a cometer el error de perder el enfoque, que es el objetivo común de empoderar a la mujer, liberándola de las cadenas impuestas por el patriarcado. Y precisamente, porque el grupo de las mujeres engloba muchas realidades diferentes es necesario que el feminismo avance siendo de corte inclusivo, sin que ninguna quede atrás.  

Feminismo con conciencia de clase

Ante tal diversidad de posturas y enfoques del feminismo se corre el riesgo de que todo quede en un debate universitario que no suponga un cambio en la vida de muchas mujeres que no tienen oportunidad o formación para acceder a estos espacios. En este apartado, inevitablemente debemos hacer mención al feminismo de clase, que entiende que el patriarcado va totalmente ligado al capitalismo, y que el primero no tendría sustento sin el segundo. Para ellas, la situación de discriminación se agrava en el caso de las mujeres pertenecientes a la clase trabajadora. La precariedad o las malas condiciones de trabajo se constituyen así como una losa que aumentan el peso del patriarcado. Las mujeres con menos recursos se ven obligadas a hacerse cargo por completo del cuidado de los hijos, de tenerlos, después de cumplir con una jornada laboral de un trabajo poco satisfactorio a nivel personal y poco valorado en sociedad.

El año pasado, la CNT reflejaba esta preocupación en uno de sus dossieres sobre la lucha de clases: “No negaremos que tenemos este elemento de presión ahí: que el discurso y la práctica feministas no queden en lo superficial, comercial o descafeinada, arrastrado a las instituciones y a conceptos como el techo de cristal, que nos interesan más bien poco. De hecho sigue siendo un debate dentro de los feminismos tanto el clasismo como el racismo que hay en el seno de las grandes plataformas feministas. En gran parte en nuestras manos está ponernos en valor.”

Feminismo interseccional sororidad
Imagen Jeanne Menjoulet

¿Comete el error el feminismo de ser clasista? Puede que cuando la mayoría de esfuerzos se destinan al debate teórico, el movimiento peque de clasista sí. ¿Afecta el patriarcado en diferente medida en función de la clase a la que pertenezca la mujer? Puede que también. En este sentido, la analista de ficción audiovisual y crítica de cine, Pilar Aguilar  apunta a que una mujer que se las “ve y se las desea” para llegar a fin de mes tiene muchas más papeletas para ser revolucionaria que una mujer que se encuentra en una posición cómoda y satisfecha con su vida profesional. Sin embargo, eso no quita que sufran las mismas discriminaciones por el hecho de ser mujeres, que sin importar el trabajo hayan experimentado situaciones de desigualdad, que en más de alguna ocasión hayan experimentado acoso callejero o que se les haya tratado de asignar de manera muy clara o concisa los roles y comportamientos que se esperan de ellas como mujeres.

Feminismo intercultural

Como en tantos otros aspectos, existe el peligro de elaborar un discurso desde la perspectiva hegemónica occidental. En este caso cambiamos el hombre, blanco, rico, heterosexual o por la mujer que reune las mismas características. Históricamente, sin embargo, se ha cometido este error, hasta tal punto que parecía haber solo un feminismo cuando solo se estaba escuchando una voz dentro del colectivo de las mujeres. El feminismo hegemónico o blanco. A la hora de buscar referentes se acude a las sufragistas, a las trabajadoras de la fábrica textil de Nueva York que convocaron la primera huelga el 8 de marzo de 1857 y las víctimas del incendio de la manufacturera Triangle Shirtwaist. No obstante, el feminismo negro ya toma partido en el siglo XIX en la lucha por el derecho a voto y la abolición de la esclavitud, con figuras como Harriet Tubman que junto a sus compañeras luchó contra la violencia sexual, la venta de hijos y los linchamientos a sus compañeros negros. La poeta y activista, Audre Lorde, escribía en los años 70: “Las luchas unidimensionales no existen, porque no vivimos vidas unidimensionales”. En 1977 las mujeres lesbianas del colectivo Río Comabahee protestaban “»Si las mujeres negras fueran libres, eso significaría que todos los demás tendrían que ser libres, ya que nuestra libertad exigiría la destrucción de todos los sistemas de opresión».

También encontramos referentes en las mujeres nativas americanas, que reivindican su voz frente al feminismo hegemónico. El feminismo postcolonial o indígena, aseguran, no es un pensamiento único, sino que se mezcla con las otras corrientes, cada mujer tiene un enfoque, pero sus activistas coinciden que en este caso no se pueden separar los mecanismos del patriarcado de los del colonialismo. Para la antropóloga indígena Aura Cumes Simón La prioridad de las mujeres indígenas es analizar la manera en que se conjuntan el patriarcado y el colonialismo, el machismo y el racismo, y todo eso, con el capitalismo, para entender por qué tenemos el lugar que tenemos”. Además, señalan que muchas sienten reticencias hacia el discurso imperante que en ocasiones muestra signos racistas o coloniales, insinuando desde una perspectiva paternalistas que los hombres indígenas pueden seguir más patrones machistas que los occidentales.

Feminismo interseccional Sororidad

U.S. Embassy Kyiv Ukraine vía Flickr

En el caso de Asia, cabe hacer mención a las mujeres del sari rosa o Gulabi Gang, más de 100.000 que se han asociado en India, con Sampat Pal a la cabeza para hacer frente a todo tipo de desigualdades. Estas mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años no solo se manifiestan en contra de los casos de violencia de género sino que su activismo comprende la defensa de su territorio y su sistema económico rural. La profesora india de estudios de género Chandra Mohanty, criticaba la perspectiva occidental de la mujer del “tercer mundo” como un colectivo homogénero, dependiente y oprimido. Las mujeres del islam también han experimentado esta misma concepción paternalista del feminismo imperante, centrado en la opresión que supone llevar un hijab sobre sus cabezas en lugar de concebirlas como mujeres con derecho a decidir. El feminismo islámico tiene su origen también en las luchas anticoloniales en el mundo árabe, cuyo principal objetivo es reinterpretar los textos sagrados desde una perspectiva de género. Aunque también se encuentra entre sus objetivos la lucha contra la islamofobia que en ocasiones proviene, hasta de quienes dicen ser compañeras feministas.

Precisamente, las mujeres gitanas también se han visto oprimidas por esta concepción racista dentro del feminismo blanco. El feminismo gitano o romaní parte de la necesidad de que se reconozca la historia , memoria y herencia del Pueblo Gitano, que ha sido víctima de la esclavitud, el intento de genocidio, el racismo y el machismo. Las mujeres gitanas luchan por constituirse como propulsoras de su propia comunidad, muchas de ellas apoyan valores de corte más moderno en aspectos como el laboral o la educación.

Feminismo transinclusivo

El feminismo es tan amplio que no se limita a lo cis, a las personas que fueron asignadas al nacer con el género femenino, la sororidad también incluye a las mujeres trans, luchamos juntas aunque algunas voces traten de negarlo. Dibujar a la mujer trans como parte del colectivo opresor, no tiene en definitiva, ningún sentido. El patriarcado las ataca de pleno, más aún si se encuentran en una situación precaria, como todas esas mujeres que ante la situación de no ver otra salida se ven obligadas a ejercer la prostitución. Sin embargo, el patriarcado no solo afecta a estas, en las últimas semanas hemos visto como a pesar de ser una mujer con un cargo de representación, la diputada socialista en la Asamblea de la Comunidad de Madrid, Carla Antonelli, era víctima de apelaciones en masculino por parte de un miembro de la oposición. La lucha hacia una sociedad igualitaria no tiene sentido sin ellas.

El movimiento feminista en las mujeres con discapacidad

Probablemente son las eternas olvidadas, con consignas como “machista el que no vote” en ocasiones ni se piensa en ellas. Las mujeres con discapacidad o las discas como se autodenominan muchas abanderadas de su realidad, sufren las mismas desigualdades que el resto de mujeres pero con efectos que pueden llegar a ser mucho más graves. Por ejemplo, hay una mayor probabilidad de que estas mujeres sufran violencia de género, pero no deben ser tenidas en cuenta solo al hablar de este factor. La trabajadora social con discapacidad visual Mercedes Serratoseñala precisamente que su lucha constante es ser visibles. La figura hegemónica de la discapacidad es un hombre blanco en silla de ruedas y la figura hegemónica del feminismo es una mujer heterosexual blanca que quiere la igualdad salarial y demás, que no es que las mujeres con discapacidad no la queramos, pero nuestras opresiones son otras».

feminismo sororidad
Madrid Diario

La activista denuncia, que el movimiento feminista no se ha preocupado por las mujeres con discapacidad. Uno de sus grandes objetivos y su tema de estudio como doctoranda es la esterilización forzosa de las mujeres con discapacidad, que ha sido prohibida recientemente y por la que España ha recibido varias llamadas de atención por el Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea. Entre 2010 y 2016 se decretaron una media de 100 sentencias de esterilización de personas con discapacidad que previamente habían sido declaradas como incapacitadas. Además, si vamos a los datos podemos comprobar que la discapacidad es un factor que aumenta el riesgo de sufrir algún tipo de violencia contra las mujeres, un 16,1% frente al 10% de mujeres sin discapacidad en el caso de la violencia física, casi el doble si hablamos de violencia sexual y un 4% de diferencia respecto a la violencia de control.

Las mujeres somos muchas, con vidas y realidades muy variadas, pero es mucho también lo que compartimos, no somos iguales pero luchamos juntas, y es precisamente esta lucha por los derechos de la mujer lo que vindicamos hoy día 8 de marzo, aunque este año se de en un contexto diferente, no pierde fuerza.

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