Literatura Opinión

Cuando leer es un acto de rebeldía

Estoy escribiendo este artículo a las dos de la madrugada del Día del Libro. A las ocho de la tarde de hoy estaré representando a Crispín, el pícaro al que Jacinto Benavente dio forma en Los intereses creados. Todo muy poético, sí, pero me pregunto cuántas de las personas que leeréis esto sabréis siquiera quién es este hombre o de qué trata la obra. Cuán alegre estaría si superáis los dedos de una mano.

No os sintáis insultados. Yo, todo un graduado en Filosofía, un hombre llamado a sí mismo de letras, no sabía de qué iba la obra antes de la convocatoria para conformar el grupo que le daría vida. No sabía de su existencia. Recordaba vagamente el nombre de Benavente porque lo había estudiado para examinarme de ese crucigrama que llamaban PAEG hace siete años. Y si lo recordaba era porque lo que me estudié de él fue, según mi esquema: J.Benavente (s.XIX-XX) – Obra: La Malquerida – Premio Nobel de Literatura. Una cáscara vacía. Lo que sabía sobre este notable escritor es prácticamente lo mismo que sé sobre la princesa del pueblo a causa de la mierda machacona de los mass-media: B. Esteban (s.XX-XXI) – Obra: Ambiciones y Reflexiones – Ganadora de Gran Hermano VIP. Luego no os sintáis insultados. Podemos tranquilizarnos con pensar que la culpa es del sistema, ¿verdad? Ah, qué no daríamos a cambio de que esos lugares imaginarios llamados bibliotecas fueran reales…

La distopía de Huxley asoma la la cabeza tras las tertulias de media tarde y los vídeos de un gamer idiota que llora en el programa de un payaso que se las da de duro juez del gusto. Las artes liberales, es decir, las artes que hacen a los seres humanos libres, languidecen bajo la opresión de un Ministerio de Educación que acelera su ya bien desarrollado plan de idiotizar cada vez más a un país liderado por un palurdo. El último golpe ha sido asestado a la asignatura de Literatura Universal, eliminada como optativa del segundo de Bachillerato. Adiós a Horacio, Dante, Shakespeare, Whitman y Woolf.

Existe, pese a todo, una pequeña esperanza. Unos cuantos rebeldes aguantan el acoso de Darth Méndez de Vigo. Un pequeño municipio en la sierra de Guadarrama resiste todavía y siempre al invasor iletrado. El llamado Grupo H de Cercedilla reivindica su derecho a saber y sus miembros se reúnen cual Club de los Poetas Muertos para recitar poemas y dialogar sobre literatura, cine o música.

Verba volant, scripta manet. Los escritos permanecen, señor ministro, pese a que la biblioteca de Alejandría ardió, pese a que la Inquisición persiguió, pese a que el franquismo censuró y pese a que su gobierno elimine las Humanidades de las aulas. La voz de los muertos resuena en los libros y, como el fantasma del padre de Hamlet, clama venganza por su legado envilecido. Puedo escuchar a Cicerón, superando un lapso de tiempo, susurrándome al oído: “Quo usque tandem abutere, Íñigo, patientia nostra?

Son las cuatro de la madrugada y el sueño apremia desde hace un buen rato, pero ha merecido la pena lidiar con Morfeo para escribir cuando leer es un acto de rebeldía.

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