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Atlético de Madrid

Un Atlético desdibujado que no encuentra pincel

Los jugadores del Atlético celebran la victoria ante el Getafe. Clubatleticodemadrid.com

El Atlético suma ocho partidos esta temporada, en los que ha ganado cuatro, empatado tres y perdido uno. Las sensaciones que transmite el equipo de Simeone no son las idóneas, esa identidad de presión e intensidad se han perdido y el esquema se ha vuelto un completo jeroglífico en el que cuesta discernir las posiciones de cada jugador. Además, se ha abonado a ganar en la última media hora.

El Atlético de Madrid arrancó la Liga con una victoria agónica en Balaídos en un partido bronco para posteriormente ganar por la mínima al Elche, gracias al fallo de Kiko Casilla y el acierto de Correa. Empató en el último minuto por un error defensivo contra el Villarreal. Ganó en el minuto 99 al Espanyol y empató en el Metropolitano ante Oporto y Athletic. Para acabar sumando su primera derrota este fin de semana ante el Alavés, colista de la Liga.

Constante cambio de dibujo

La pasada campaña el aficionado colchonero se sabía de memoria la alineación. Sí que es cierto que el equipo comenzó con un 4-4-2 para acabar pasando al actual 3-5-2 o 5-3-2 depende como se quiera ver, si es en ataque o en defensa.

Esta temporada el Atleti suele comenzar con el 3-5-2, pero a diferencia del año pasado ese empuje u ofensiva constante con la que arrancó la pasada campaña se ha perdido esta temporada.

Además, el equipo suele iniciar con el planteamiento clásico, para mutar por momentos a un 4-4-2 o incluso acabar jugando con un 4-2-4 lo que hace que en muchos casos los jugadores se atropellen sobre el campo o incluso se produzcan ciertos déficits en ciertas zonas del campo.

Y sobre todo, que los propios jugadores acaban perdidos sobre el terreno de juego y es muy habitual ver a varios jugadores acudir a la banda para pedir explicaciones y aclaraciones. Lo que no beneficia en nada al equipo.

Delantera en pruebas

Vaya por delante que Simeone ha sabido hacer fuego de las cenizas en el Atleti, pero hay casos que son incomprensibles.

La delantera que acabó ganando la Liga fueron Correa y Suárez, este año el uruguayo no ha tenido pretemporada ya que se estaba recuperando de unas molestias en la rodilla y está acusando esa falta de ritmo en los primeros partidos. No quita que dentro del área sea un auténtico killer como demostró ante el Getafe.

Luis Suárez celebra un gol ante el Getafe/clubatléticodemadrid.com

Pero es más llamativo el caso de Correa, tres goles en tres partidos disputados, el jugador diferencial de la plantilla, el que aporta desborde, profundidad y peligro en el área y con el final del mercado y la controvertida llegada de Griezmann se ha visto relegado a un banquillo del que le costó años salir.

Griezmann llegó en el último minuto, en una operación que tuvo que revisar el VAR y lo que supuso la marcha de Saúl. Pero es que desde la llegada del francés no ha demostrado nada, ni rastro de lo que fue en el Atleti y ni rastro de lo que fue en el Barça, que mal que bien tenía un papel importante aunque no brilló como lo hizo en el Calderón y en el Metropolitano.

Parecida es la situación de Joao Félix, dos jugadas de ensueño en su primera temporada y dos meses, hasta su lesión, en la segunda es lo máximo que hemos llegado a ver de un jugador llamado a ser una de las estrellas del futuro, por el que los colchoneros pagaron 127 millones de euros.

Correa controla un balón ante el marcaje de Jonathan Silva/clubatleticodemadrid.com

Para colmo, cuando se ha recuperado de su lesión de tobillo, que todo el mundo le está esperando para que brille, vuelve a deambular por el campo y en una acción fortuita suelta un manotazo a Vencedor, del Athletic y llama loco a Gil Manzano. Lo que le costó la expulsión y una sanción de dos partidos. Tiene mucho que aprender y demostrar antes que creerse una estrella.

Y por último está el caso de Cunha, un delantero joven que realizó un gran campeonato en los Juegos Olímpicos, pero que no es ni de lejos un goleador, pero eso sí no se le pueden negar ni las ganas, ni la ilusión.

Mediocampo rotatorio

Tras los malos resultados del Atleti ha quedado clara una cosa, Koke es fundamental en el equipo. Su jerarquía, su visión e implicación en el juego son el motor de este Atleti. En los partidos que no ha estado el equipo ha parecido un barco sin timón.

Koke pasa en el partido ante el Oporto/clubatleticodemadrid.com

Lemar y sus malditas lesiones, parece que francés se ha asentado y junto a Correa y Carrasco son de los jugadores más diferenciales del equipo. Sin embargo, y como es habitual en él, las lesiones le frenan en seco. Eso sí, cuando está sobre el verde la calidad habla por sí sola: regates, pases imposibles y gol. Si le respetasen más las lesiones, sería indiscutible no solo en el Atleti, que ya lo es, sino en Francia.

Lemar controla ante la presión de un jugador del Oporto/clubatleticodemadrid.com

De Paul y Kondogbia están sorprendiendo para bien. El argentino fue el fichaje estrella de este verano, costó 35 millones y se le ven las maneras, domina el juego, sabe bascular al equipo de un lado al otro, oxigena, pero aún le queda un poco para asentarse, eso sí, si Koke no está, él debe ser el timón.

El centrocampista francés llegó la pasada campaña tras la espantada de Thomas y tuvo partidos en los que demostró ser un jugador muy útil en la labor destructiva. No es el Kondogbia del Sevilla, pero se ha hecho con un puesto titular más que merecido.

Carrasco y Llorente los damnificados del 5-3-2

Carrasco y Llorente son dos guepardos que necesitan estar cerca del área para generar peligro. Sin embargo, Simeone se empecina en colocarles en los carriles para asentar el 4-2-4, en el caso del español y de partida en el caso del belga.

Desde que volvió, Carrasco ha demostrado que es un jugador habilidoso, polivalente, con gol y asociativo, algo que se le reprochó en su primera etapa, ser demasiado individualista y no adaptarse a las consignas del Cholo. Pero al igual que Saúl, que cada uno tendrá su opinión sobre su salida, se está perdiendo un gran activo en el ataque colocándolo tan retrasado. Lo que hace que tenga que recorrer largas distancias y llegue a los metros finales fundido. Y con un recorte hacia dentro que la mayoría de defensas ya conocen.

Carrasco controla un balón/clubatléticodemadrid.com

Llorente es algo menos técnico, pero tiene una potencia y un físico que pocos jugadores de la liga tienen, pero su sociedad con Trippier no parece ser suficiente este año y recurrentemente está acabando los partidos como carrilero cuando no debiera ser así, como se demostró la temporada pasada.

Ambos necesitan el área, son surtidores de gasolina de Suárez, que con sus llegadas a posiciones muy adelantadas, incluso la línea de fondo en el caso de Llorente, hacen que el uruguayo no tenga que jugar tan lejos del área y no acuse tanto su edad y achaques físicos.

La defensa sigue acusando los balones laterales

En la primera temporada Lodi y Trippier parecían dos cazas, potencias aéreas capaces de destruir cualquier defensa y poner centros de peligro. Esta temporada parece que solo el caza de la RAF queda en pie y Lodi se queda en el banquillo hasta los minutos finales.

Trippier encontró un socio perfecto en la banda derecha con Llorente, pero lo cierto es que por sí solo, su capacidad ofensiva escasea y los centros ya no son tan medidos como en sus primeras temporadas. Sin embargo, es un lateral de garantías que sabe defender y subir el balón. Lo que le vale para ser titular por delante de Vrsaljko que tiene el rol de residual.

Lodi perdió el sitio con el cambio de sistema, Saúl le pasó por la derecha aunque no rindió al mejor nivel como carrilero izquierdo y ahora es Carrasco quien lo ocupa. Lo que sí que es cierto es que cada vez que sale, su incidencia, con más o menos acierto es enorme. Parece lejana la posibilidad de volver de manera definitiva al 4-4-2, por lo que tendrá que seguir esperando su momento.

El centro de la zaga es un continuo baile. Giménez, Savic y Hermoso son los titulares indiscutibles. Sin embargo, lesiones, sanciones o la vuelta de compromisos internacionales no les han permitido disputar muchos partidos juntos. Eso sí, con ellos sobre el césped el Atlético está más seguro y Oblak menos exigido.

Hermoso controla ante un jugador del Oporto/clubatleticodemadrid.com

La asignatura a corregir, y ya es una asignatura de cuarta matrícula, son los centros laterales que tanto daño hacen a la zaga colchonera.

El caso paradigmático es el de Felipe, llegó y fue como besar un santo, se afianzó en el centro de la zaga y junto a Diego Carlos del Sevilla eran los centrales más seguros de la liga. A la altura de Ramos y Piqué. Pero, desde que probó la miel del banquillo en ventaja para Hermoso, no ha vuelto a ser el mismo. Faltas y desconexiones inexplicables, cortes que casi siempre acaban en tarjeta y un juego aéreo mermado. No es el mismo y no parece que vaya a cambiar.

Mucho tiene que cambiar el Atleti, pero sobre todo el Cholo tiene que encontrar el equilibrio, un sistema de juego que le de fiabilidad y con el trabajo hecho, esperar que los resultados lleguen.

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