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La memoria del fútbol

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La grada liderada por Bukaneros mostró su apoyo a toda la plantilla del Rayo Vallecano recordando que aún queda memoria en el fútbol

El árbitro pitó el final, miré el móvil y vi ese mensaje de mi madre. Lamentaba que el Rayo Vallecano no me hubiese regalado la victoria por mi cumpleaños, sin embargo, me dio algo mucho mejor. Me demostró los valores de este barrio una vez más. Desde Epi y Blas, las jornadas contra el racismo hasta el apoyo incondicional a un hombre que ha dedicado su vida a la franja. He visto equipos que fuera del descenso pedían y cortaban la cabeza del capitán del barco; aquí todo es distinto. En el minuto en el que todo el estadio se preparaba para el mítico “Presa, vete ya” resonó el “Míchel quédate”.

Dieron igual los dos tantos del Getafe o que solo se jugarán 44 minutos reales. Ellos tenían preparado el apoyo para toda la plantilla; pero en especial para dos personas. Una de ella, un canterano, una persona que llegaba desde abajo. Que tuvo un debut en Primera que dos fallos nublaron, uno de ellos un gran gol en propia. No solo recibió aplausos una vez tocó el balón tras el gol, sino que los Bukaneros y aquellos rayistas que aún no habían abandonado el campo, le dedicarón unas palabras de cariño. Aplausos y obación para animar a un joven Akieme que el público desea ver a menudo.

La otra obación fue para alguien que como los Bukaneros dijeron: “salió el último, sin hacer ruido”. Lo hizo con la cabeza agacahado como lo estaba todo el equipo. Entonces comenzó el discurso, ese en el recordaban todos los meritos del capitán. Oh mi capitán, que nos sacaste de segunda que nos subiste a la cumbre. Y como si de un navío se tratase, recordaron que si se hundía el barco, se hundirían junto a él. Recalcaron que un mundo donde reina el fútbol moderno, el de las apuestas, Vallecas tiene memoria. Que ellos no olvidan y que mejor bajar con Míchel a Segunda que cualquier otro. “Nos sacó de Segunda, del Rayo hasta la tumba, Míchel contigo siempre”, cantó el fondo una y otra vez. Las lágrimas del capitán se dejaron ver para contestar a la afición.

Míchel cogió el microfono dio las gracias y dejó claro que cada día todos los jugadores se lo dejan todo en cada entrenamiento y partido. Prometió que juntos saldríamos del pozo y yo le creo porque solo había que mirarles a los ojos para saber que estaban igual de dolídos que la grada. Qué un navió no solo lo mueve el capitán sino toda la tripulación y este barco tiene la mejor. No te abandonaremos, remaremos y nos salvaremos.

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