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‘The World of Hans Zimmer’ también conquista Barcelona

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Hans Zimmer es probablemente uno de los mejores compositores de la actualidad, responsable de un sinfín de reconocibles y memorables bandas sonoras. Ayer Barcelona fue testigo del poderío de su obra en una velada llena de emoción y alguna sorpresa.

The world of Hans Zimmer es un espectáculo que, desde abril de 2018, lleva recorriendo los escenarios de toda Europa. Alrededor de dos horas de interpretación de la obra del compositor por parte de una orquesta sinfónica al completo. Ayer, 5 de abril, la cita fue en el Palau Sant Jordi de Barcelona, donde ya antes de empezar se respiraba el entusiasmo en el ambiente, mientras las pantallas situadas tras los instrumentos nos recordaban las próximas fechas de la gira.

Tras la entrada de los intérpretes y el director, los tambores empezaron a retumbar: la música de The Dark Knight supuso un comienzo prometedor, que anunciaba aventura y sentimiento a flor de piel, una constante en toda la velada. La pieza se vio coronada por la imagen en pantalla: una máscara del famoso murciélago dejaba entrever el título del espectáculo, The world of Hans Zimmer.

A continuación escuchábamos la música de King Arthur, acompañada de imágenes en pantalla. Tras esta pieza, el propio Hans Zimmer en persona apareció en pantalla, en su estudio, dándonos la bienvenida a su mundo.

El tono cambió al flamenqueo (por la guitarra y las palmas) de Misión Imposible 2, que se prolongó hasta la entrada de la voz solista.

Llegaba el turno de una de las piezas más reconocibles: con su evolución de delicadeza a poder, Pearl Harbor nos introdujo de nuevo en la atmósfera del film, y nos dejó pidiendo más.

Hans Zimmer volvió a aparecer en pantalla, esta vez acompañado del director Ron Howard, para presentarnos la siguiente pieza: la enérgica Rush, que cargó de adrenalina el ambiente, para lo cual colaboraron las imágenes de carrera automovilísitca.

Zimmer y Howard volvían a aparecer en pantalla, en esta ocasión avanzaban los siguientes dos temas, pertenecientes a la banda sonora de The Da Vinci Code. Personalmente, fue quizá la parte del concierto que menos me entusiasmó. En mi fuero interno pensaba qué pasaría si, por ejemplo, en lugar de aquella música de reminiscencias eclesiásticas estuviera sonando la banda sonora de Interstellar. Creo que hubiera sido una mejoría, pero, insisto, es una opinión personal. Tanto la música como la interpretación fueron excelentes.

Tras un interludio de 20 minutos, la orquesta volvió, y lo hizo dejando claro que lo mejor estaba por llegar: era el momento de las bandas sonoras de películas animadas. Con el animado Best friends de Madagascar incluyeron luces móviles en el propio escenario, a las cuales el publico en grada replicó encendiendo las linternas de sus móviles, con lo que el Palau Sant Jordi se convirtió en una suerte de noche estrellada.

Del carácter cómico de Madagascar volvimos a la épica con los primeros acordes de Spirit. Mientras la potencia de la pieza iba en aumento, en pantalla seguimos a una manada de caballos salvajes hasta llegar al protagonista en plena carrera, en una simbiosis perfecta entre música e imagen.

A continuación viajábamos a Oriente: concretamente, al universo de Kung Fu Panda, con Oogway Ascends y sus expresivos vientos.

Hans Zimmer volvía a visitarnos desde la pantalla, acompañado de Nancy Meyers. La directora y él hablaron sobre el característico piano de The Holiday, pieza que sonaría a continuación, con todos sus matices y evolución. Tras ello, llegaría el turno de Hannibal, que, desde luego, cautivó nuestras almas con To Every Captive Soul.

Uno de los grandes clímax de la noche estaba por llegar. En pantalla aparecía Hans Zimmer con Lebo M., cantante de The lion King. Cuando comenzaron los primeros vientos de King of Pride Rock, con la imagen de un león hecho de estrellas en pantalla, noté que me estremecía; cuando esta se fusionó con Stampede, la intensidad se volvió indescriptible. Y cuando esta se transformó, ya sí, en el momento cumbre de King of Pride Rock, la emoción se desbordó por todo el Palau Sant Jordi.

Aquel momento único no era, sin embargo, el último que llegaría. Porque era el turno de Gladiator. Literalmente, ardió Roma en el escenario.

Sonaron The Wheat / The Battle, Elysium y, cómo no, la conocida Now we are free. La solista, Lisa Gerrard, se convirtió en el centro del universo. Pero aquello aún no era todo. Llegaba el tema Time, de Inception, y no llegaba sola.

Como si aún fuera poca epicidad (y, lo aseguro, no lo era), una guitarra comenzó a sonar. De un lateral del escenario apareció él, Hans Zimmer. En persona, tocando su guitarra, y sirva como detalle curioso, luciendo una camiseta de Ennio Morricone.

Tras el aluvión de aplausos, Zimmer agradeció a todos los asistentes, pero también a los miembros de la orquesta; incluso dedicó unas emotivas palabras al director de esta, Gavin Greenaway; y también, a raíz de la procedencia venezolana de uno de los músicos, hizo un llamamiento para reivindicar la paz y estabilidad en dicho país.

Como una superestrella (que, en cierto modo, lo es), Zimmer animó a su público y preguntó si quería algún tema más. ¡Vaya que si queríamos! Para el fin aposeótico que merecía una noche semejante, solo podía sonar Pirates Of The Caribbean.

I Don’t Think Now Is The Best Time / At Wit’s EndDrink Up Me Hearties Yo Ho fueron la guinda de un pastel que nadie quería acabarse. Sospecho, que ni siquiera los propios músicos, a los que se veía vivos y felices en el escenario durante toda la noche.

Solo puedo decir que es uno de los mejores espectáculos a los que he asistido. No solo es la gran puesta en escena, con las pantallas móviles o la excelente iluminación. Ni siquiera el innegable talento de los músicos; fue las emociones que se respiraban en todo el Palau Sant Jordi, los mismos que estaban dentro de mí y que, lo notaba, compartían espectadores e intérpretes. Es la magia de la música, ese lenguaje universal.

Gracias, Hans. Y felicidades, porque el mundo es tuyo.

The world of Hans Zimmer continúa su gira. Estará este 7 de abril en el WiZink Center de Madrid, y aunque a continuación se dirigirá a países como Alemania, Austria o República Checa, volverá a nuestro país en diciembre de este año: en concreto, los días 3 (Madrid) y 5 (Barcelona).

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