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Alejandro Simón Partal: “Aspiro a que sólo me importe el amor”

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Alejandro Simón Partal

Alejandro Simón Partal (Estepona; 1983), poeta malagueño vinculado a la investigación literaria en la Universidad de Salamanca, es uno de los autores jóvenes de mayor referencia y proyección en la actualidad. El pasado mes de enero presentó en la capital malacitana La fuerza viva, su último poemario.

TimeJust: La fuerza viva (Pre-Textos; 2017) ha sido galardonada hace unos meses con el premio Arcipreste de Hita. Imagino que tuvo que ser un momento muy satisfactorio para ti.

Alejandro Simón Partal: Sí, estos reconocimientos ayudan a publicar en determinados sitios donde sin premio sería mucho más difícil, y a que el libro llega a más personas.

TJ: ¿Cuál es la línea temática que recorre el poemario?

ASM: La esperanza. Toda esperanza, y como diría el teólogo marxista Bloch, todo tiempo humano, es tiempo de espera. El libro mismo fue concebido en un período de espera para mí. Me hallaba en el norte Francia y me encontraba en una situación privilegiada porque daba clases muy pocas horas, tenía unos alumnos muy nobles, una universidad muy acogedora… pero al mismo tiempo mi situación me desbordaba, ya que mi padre estaba muy enfermo y experimenté momentos de profunda soledad y confusión. Para combatir esta situación, me dediqué a escribir estos poemas premeditadamente y a la celebrar los pequeños milagros cotidianos como comprar unos buenos tomates o pasar las mañanas en un café-tabac. Me propuse un poemario a modo de diálogo con mi entorno, con mi incertidumbre y con mi padre.

TJ: ¿Suscribirías a Aristóteles cuando dice que la esperanza es el sueño de los despiertos?

ASP: Sin duda. La esperanza es, en cierto modo, tener fe en que el futuro será necesariamente bueno, lo cual no tiene que llevar a la inactividad, sino al compromiso ético de llevarlo a cabo y hacerlo real. Y armonizar esa esperanza con la soberana sumisión de la que hablaba Feuerbach.

TJ: Al escucharte antes, me han venido reminiscencias de Confiado (Visor, 2015), poemario del salmantino Juan Antonio González Iglesias, amigo tuyo, ya que él concibió este libro durante su estancia en la Villa Maguerite Yourcenar.

ASP: No había pensado en esto que comentas hasta ahora, pero sí, es cierto que tanto el proceso creativo de mi libro como el de Juan Antonio pueden acusar cierto paralelismo, incluso a nivel temático, aunque por supuesto el resultado difiere mucho. Confiado es un libro extraordinario.

TJ: A propósito de González Iglesias, tu ensayo A cuerpo gentil (Visor, 2017) es un estudio filológico dedicado a su poesía. ¿En qué dirías que te ha influido, fundamentalmente, este poeta?

ASP: Me ha influido principalmente en ver el ejercicio poético como un ejercicio de amistad, como un esfuerzo por el amor, y de ver, como él apunta, que el sacrificio lleva aparejado la maravilla. A mis alumnos les digo que si se tienen que tatuar una frase, como lo hacen alguno de sus ídolos, se tatúen ese verso… De Juan Antonio me conmueve algo a lo que yo aspiro: a que sólo me importe el amor. Y eso se nota en su poesía, y sólo de ahí brotan los poemas, sus poemas, que permanecerán, y los versos que no serán olvidados.

TJ: Recurres a menudo a autores clásicos en tu poesía. Da la sensación que para ti siguen siendo vanguardistas.

ASP: Lo clásico sigue siendo profundamente contemporáneo y actual. Las respuestas a ciertas cuestiones nos las siguen dando los mismos, aunque eso no va en detrimento de conocer a autores vivos y estudiarles, si llegara el caso, sin ningún complejo.  

TJ: Se puede advertir también una gran admiración por la belleza atlética en tus poemas. ¿A qué se debe?

ASP: Jugué con asiduidad al baloncesto durante mi adolescencia, en un equipo de Sevilla que me fichó, y desde entonces para mí el deporte ha sido una forma de cuidado y de acogida, de belleza, de fraternidad y de diversión, claro. Me fascina lo que unos chavales son capaces de hacer con su cuerpo en una playa, sin necesidad de mucho más; o también ir al campo y pasear, es otra forma de admirar la belleza que va más allá del cuerpo.

TJ: Hace algún tiempo colaboraste con la cantante Christina Rosenvigne en un espectáculo, Antagonista,  en el que fusionabais poesía y música. ¿Qué relación hay entre música y poesía para ti?

ASP: Entre música y poesía  existe una conexión directa. María Zambrano decía que música y poesía se hunden en un mismo sueño, en un mismo delirio. Creo que ambas disciplinas tienen lenguajes paralelos que saben reconocerse, aunque también es un ejercicio delicado que no siempre sale bien, y que muchos poetas lo usan para camuflar con una guitarra eléctrica unos versos espantosos.

TJ: En 2016 firmaste la pieza teatral Sed despojos, estrenada en el Festival de Teatro de Málaga. ¿Tienes pensado volver a cultivar este género?

ASP: Sí, desde luego. Mi experiencia con esa pequeña obra, un monólogo inspirado en el poeta y antropólogo Alberto Cardín e interpretado por Pape Labraca, fue muy positiva. El teatro es otro género que se reconoce en la poesía, y produce una emoción inabordable. Me interesa mucho el teatro y el cine, y tengo amigos a los que admiro mucho que lo hacen con una excelencia envidiable. Pienso, por ejemplo, en el cine de Oliver Laxe y veo una poética de la imagen, una capacidad de ver la belleza, que es ver el amor, y tratar lo esencial desde lo más básico. El 5 de abril estaremos juntos en la Universidad de Málaga, por cierto, dentro del MaF (Málaga de Festival).

TJ: Por último, ¿en qué estás trabajando ahora? ¿Qué nuevos proyectos tienes entre manos?

ASP: Estoy trabajando en torno a dos temas que para mí son de especial relevancia: Dios y la felicidad. El año pasado presentamos un proyecto en la Universidad de Salamanca para una beca de investigación literaria cuyo título es Las virtudes de lo ausente: fe y felicidad en la poesía española contemporánea. Y, por otro lado, también estoy realizando otro proyecto  para el Centro Superior de Investigaciones Científicas, en el que estoy tratando temas como el amor, la muerte, el conflicto de Dios o la felicidad desde la óptica de nuestra poesía última.

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