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‘Diecisiete’, un ‘Quijote’ en versión cántabra

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Cartel oficial de la película 'Diecisiete' con el listado de cines en los que está disponible la película / Fuente: Twitter oficial de Daniel Sánchez Arévalo

La nueva película de Daniel Sánchez Arévalo y Netflix, Diecisiete, se basa en una trama familiar que no dejará indiferente a nadie.

Netflix ha lanzado uno de los estrenos locales más exitosos de este 2019. Héctor (Biel Montero) y Nacho Sánchez (Israel) han retratado la esencia quijotesca en un drama familiar no apto para sensibles: Diecisiete.

Héctor es un chico conflictivo y asocial abocado al destierro social. En medio de su infierno particular, la conciencia animal ilumina su existencia adiestrando al perro “Oveja”. Su separación con él le motiva a realizar un viaje en su búsqueda que al mismo tiempo, le permitirá escudriñar su devenir y su relación con Israel.

Todo enfermo del cine se siente encerrado en la trama cuando la misma representa realismo. Héctor se muestra como un individuo inmerso en fantasías con bofetadas de realismo. Por otro lado, Nacho se ciñe tan concienzudamente al guión de una mente frustrada ceñida exclusivamente al raciocinio. Ambos sujetos se reparten predicados en los que sus discrepancias provoca un cambio paulatino de sus caracteres, causando una transformación de 360º en los mismos.

De este modo, podemos definir que Sánchez Arévalo ha plasmado El Quijote en versión cinematográfica y amoldada al siglo XXI. La caravana ha sustituido a los caballos, Oveja por Dulcinea, Héctor por Quijote, Israel por Sancho y Cantabria por La Mancha.

Su realismo es una prueba de que los caracteres de los españoles no se han alterado a pesar de los diversos contextos en los que se movido. El carácter soñador y aprender a perder como impulso hacia la victoria forman parte de ese rasgo de personalidad que su productor no ha dudado en incluir como guiño autobiográfico.

Sin duda, nos encontramos ante un trabajo cinematográfico que cautiva almas y, al mismo tiempo, ofrece carreteras secundarias para escudriñar la naturaleza hasta que encuentras tu destino. Efectivamente, es una metáfora de la vida misma.

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