Inicio Cultura Cine “Con el viento”: un poema visual y sonoro

“Con el viento”: un poema visual y sonoro

1
Mónica García y Concha Canal en "Con el viento" / Fuente: Festival de Málaga

Durante este 21º Festival de Málaga estamos disfrutando de muchas películas, unas mejores que otras, pero esta merece mención especial: Con el viento. Dirigida por Meritxell Colell, compite en la Sección Oficial de Zonazine

Ha sido una de esas veces en las que el arte, en este caso en forma de su séptima musa, te arranca el corazón, imprime en él su sello y te lo devuelve tejiendo suaves pespuntes en tu pecho abierto. Es increíble lo que ha conseguido en su debut la directora Meritxell Colell, algo solo comparable a lo que también consiguió hace cerca de un año otra joven directora, Carla Simón, con su Verano 1993.

Colell demuestra con su ópera prima lo que se puede hacer con talento, paciencia y un presupuesto mínimo. En una película de escaso diálogo en la que cuando los personajes hablan es para decir la palabra justa, la narración en imágenes se torna fundamental y ello suele necesitar de muchas cámaras-escribas al servicio de su director. Pues bien, las siete magníficas con las que únicamente contaba Colell le dan una lección de humildad a El renacido (The Revenant) y a cualquier otra pretenciosa producción por el estilo. Los planos de la película se adecúan perfectamente a la mirada de la autora en un lirismo tal que haría que Safo llorase como una niña como yo lo hice en el pase de prensa. Con qué mimo observa la joven directora cómo teje la matriarca un jersey nuevo para su hija, con qué severidad estoica aguanta su objetivo el devenir de un día en un plano largo y sutilmente acelerado del pueblo, con qué hedonismo muestra y se deleita en las labores del campo.

Póster de “Con el viento” / Fuente: Festival de Málaga

Calma, eso es lo que parece pedir la autora a su público cuando, tras un inicio de imágenes escorzadas, hace que su protagonista experimente la quietud del áspero y aparentemente incómodo hogar donde se encuentran sus raíces. “Volved la mirada un momento, espectadores, a la tierra, a los sonidos orgánicos de una naturaleza que habéis olvidado y que yo os traigo aquí, a la ciudad, para mostrar que el desarraigo no es solo cosa de la protagonista, sino de varias generaciones. Os traigo el azote del viento, el sabor de una manzana, el frío de una sierra nevada, la textura de la madera y su gemido al partirla…” Todo eso parecía susurrarme Colell al oído mientras su película despertaba en mí un sentimiento de zozobra y reencuentro a partes iguales.

Y qué decir de las interpretaciones. Soberbias. En un reparto compuesto por mujeres, la pareja madre-hija formada por la coreógrafa Mónica García y la desconocida hasta ahora Concha Canal -¡una debutante señora de Burgos que contiene en sus ojos más verdad que algunas de las supuestas estrellas que cruzan la alfombra roja!- sostiene titánicamente sobre sus hombros el peso dramático de una película que lo dice todo sin apenas decir nada.

Es probable que esto, más que una crítica se haya convertido en un elogio, ya que Con el viento es, sin duda, una de las películas más hermosas que he tenido el placer de visionar, un auténtico poema visual y sonoro. Es la narración de Telémaco convertido en una bailarina que, en su madurez, vuelve a una Ítaca perdida en los campos de Castilla, a destiempo para enterrar a un Odiseo labrador que en ningún momento asoma su semblante. Es la enseñanza de una Penélope castellana que nos recuerda que el paso del tiempo no solo es inevitable sino necesario. Es una reivindicación feminista y de clase que en ningún momento habla de ideologías. Es un baile sin música, un baile con el viento.

1 Comentario

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.