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Cine

‘La llamada’ o el buenismo como pecado

Cada vez que me aproximo a cualquier manifestación artística, intento hacer caso a Hume y liberarme de cualquier prejuicio previo que pueda tener hacia ella. A veces no lo consigo y quizás es lo que me ha pasado con La llamada, película guionizada y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo. Al ver el tráiler supuse que iba a ser una película excesivamente naíf cuya mayor lacra sería un buenismo exasperante. Efectivamente, no me he podido liberar de esas sensaciones durante su visionado completo.

Bien es cierto que, tras el prólogo, me han dado ganas de darle una oportunidad. Si he de ser sincero, la premisa me gustaba: dos chicas reggeatoneras, María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo), se escapan de un campamento de monjas por la noche para darlo todo en un concierto de Henry Méndez y, a su vuelta, son castigadas, a lo que se suma que  María se le aparece Dios en varias ocasiones, lo que le hace replantearse su estilo de vida. Me atraía la idea del choque frontal, desarrollado en el marco de una comedia musical, entre el puritanismo mojigato de unas monjas, interpretadas por Belén Cuesta y Gracia Olayo, y la hipersexualización de dos jóvenes a las que les va el magreo de discoteca.

El problema es que apenas hay conflicto. La buena intencionalidad que los Javis tienen durante toda la película bloquea el necesario choque de incompatibilidades. Hay una evasión constante a la confrontación más allá de sentimentalismos vacuos y se obvia el tratamiento de los temas límite entre los tropos de los personajes. Querer plasmar en cada escena que estos caracteres, aparentemente opuestos, no son tan diferentes impide el desarrollo natural de sus acciones y se violentan los momentos de clímax en pos de conseguir el objetivo de cambio y entendimiento. Además, el tufo rancio a redención de la parte chic de la religión es algo de lo que no te puedes librar en toda la película.

Por otro lado, compensan de alguna manera las actuaciones del cuarteto protagonista que consiguen arrancar verdad a unos personajes, como ya digo, poco desarrollados en el guión. Destaca Belén Cuesta, que vuelve a demostrar que no hay registro que se le resista ni proyecto en el que no se embarque. La música puede llegar a funcionar con ese mix intergeneracional en el que tienen cabida desde canciones de Whitney Huston hasta de Leiva pasando por Presuntos Implicados, aunque tal vez pueda chirriar a quien espere más espectacularidad en la puesta en escena que demanda clásicamente el género. Las situaciones cómicas se suceden con altibajos, alcanzando sus cotas más altas de humor con chistes de índole millennial y las más bajas con la trama prescindible de los personajes secundarios a la que ni un veterano como Secun de la Rosa consigue insuflar un mínimo de gracia.

En definitiva, La llamada se convierte en una de las películas que menos he disfrutado en el cine y rompe con mi récord personal de visionado consecutivo de buenas películas españolas, el cual comenzó hace tres años con La Isla Mínima y ha terminado con Verano 1993.

Empresario de lo inútil . Me gradué en Filosofía y ahora escribo para diferentes medios sobre cine y literatura, labor que compagino con mi faceta de profesor así como con la de actor, guionista y director de teatro.

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