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‘Dios es mujer y se llama Petrunya’: ese absurdo patriarcado

Dios es mujer y se llama Petrunya es lo nuevo de la cineasta y activista feminista Teona Strugar Mitevska. Se basa en un hecho real para denunciar el machismo en la sociedad y religión de Macedonia.

En Stip, un pueblo de Macedonia, cada año se cumple una tradición religiosa: el sacerdote arroja una cruz sagrada al río, y se dice que quien la recupere tendrá un año de buena suerte. Todos se llevan las manos a la cabeza cuando es Petrunya quien consigue hacerse con la cruz; y es que el rito se supone reservado solo para los hombres. Toda la sociedad parece estar en contra de esta mujer, pero ella se niega a devolver la cruz, que considera suya.

Ficha técnica

  • Dirección: Teona Strugar Mitevska
  • Guion: Elma Tataragic, Teona Strugar Mitevska
  • Producción: Labina Mitevska (Sisters and Brother Mitevski)
  • Música: Olivier Samouillan
  • Reparto: Zorica Nusheva, Labina Mitevska, Stefan Vujisic, Suad Begovski,Simeon Moni Damevski, Violeta Sapkovska, Petar Mircevski, Andrijana Kolevska,Nikola Kumev, Bajrush Mjaku, Xhevdet Jashari
  • Reconocimientos: Premio Lux de Cine (Parlamento Europeo); Premio del Jurado Ecuménico (Festival de Berlín); Women in Focus (AAMMA) y Mejor actriz protagonista (Festival de Sevilla)
  • Estreno en España: 24 de enero de 2020

La película

Dios es mujer y se llama Petrunya resulta un desafío a la sociedad heteropatriarcal tan desafiante como la propia protagonista. No es amable pero tampoco se excede en el drama, rebajado con toques de humor que parten del propio ridículo de ciertas situaciones, que no obstante son verosímiles.

El personaje y la interpretación de la protagonista son increíbles. Durante el metraje seguimos a Petrunya, la gran protagonista, en un mundo de hombres que no es difícil identificar como realista. Nos la presentan como una mujer sin perspectivas, en paro y con un título en Historia que nadie tiene en cuenta, ya que la rechazan en todas sus entrevistas de trabajo. Es soltera y vive con sus padres, situación de la que está harta a causa de su madre. A esta frustración se van sumando los desencuentros en un mal día.

Este proceso de construcción del personaje y de sus conflictos nos lleva a entender que, en un arrebato y harta de soportar el machismo de la sociedad, decide saltar a por la cruz del río, y su actitud desafiante hacia aquellos que insisten en juzgarla e incluso amenazarla e insultarla.

La crítica se extiende a la influencia de la religión sobre los poderes civiles, pero la principal víctima de la sátira son las actitudes machistas que están tan arraigadas que muchas veces ni siquiera son cuestionadas. Sobre este aspecto, tiene mucho cuidado de no demonizar a todos los hombres, con un par de personajes masculinos que apoyan a Petrunya sin reparos y tampoco entienden del todo qué hay de malo en coger una simple cruz.

Se trata de una película casi redonda, ya que de cara al final empieza a cojear, sobre todo en comparación con el resto del film. Se echa en falta un desenlace convincente que no parezca apresurado y casi improvisado, y que desmerece el conjunto de la obra.

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