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Cine

‘Adú’, el drama migratorio en la gran pantalla

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El viernes 31 de enero llega a los cines la nueva película de Salvador Calvo, Adú. El filme, protagonizado por Anna Castillo, Luis Tosar, Álvaro Cervantes, Miquel Fernández y el joven Moustapha Oumarou, trata el drama de la inmigración contado a través de tres historias diferentes pero entrelazadas que nos aportan distintas miradas de un mismo problema.

Adú narra la historia de un niño (Moustapha Oumarou) que trata de huir de la miseria en busca de un futuro mejor en España y todas las dificultades a las que ha de enfrentarse por el camino. De forma paralela encontramos otras dos historias que complementan la trama principal: por un lado, la perspectiva de los guardias civiles que se encuentran en la valla de Melilla, y por otro, los problemas “típicos” occidentales que afrontan un padre (Luis Tosar) y su hija (Anna Castillo) en su viaje a África.

“Lo que pretende es que la gente se pregunte cosas, que cuando salgas de ver la película te quedes reflexionando”

La historia de Adú no es nueva, se trata de un suceso que vemos continuamente en telediarios y medios de comunicación, pero no le prestamos la atención que se merece –quizá por verlo en un noticiario entre un sinfín de otros acontecimientos, o quizá por estar anestesiados ante el bombardeo de sucesos trágicos que acostumbramos a recibir por parte de los medios y las redes sociales, donde cada vez es más difícil distinguir entre realidad y ficción-. Por eso, es necesario de vez en cuando detenernos a pensar y humanizar este tipo de problemas. Adú no intenta dar lecciones morales ni imponer un pensamiento concreto y unívoco, sino que según el director “lo que pretende es que la gente se pregunte cosas, que cuando salgas de ver la película te quedes reflexionando, pienses y digas: ‘¿Cómo puedo ayudar?’”.

Tosar, que interpreta a un trabajador de una ONG protectora de elefantes y a su vez a un padre que no sabe cómo lidiar con su hija afirma que “el acierto de la película es ese, no es maniquea, sino que defiende con dignidad a cada personaje con sus postulados”. El protagonista de Celda 211 ya había trabajado con Calvo en su primera película, 1898: los últimos de Filipinas. Fue durante ese rodaje cuando se fraguó el germen que daría lugar años después a Adú. Calvo se encontraba en Canarias, cerca de una sede de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) donde llegaban continuamente pateras con diferentes historias que contar. “Me conmovió una historia en especial, la de un niño de seis años que llegó supuestamente con sus dos hermanas y con su madre, pero que con el tiempo nos dimos cuenta de que esa señora no era su madre”, explica Calvo, “comenzaron a investigar y resulta que traían al niño para el tráfico de órganos, le pensaban desguazar y vender”.

Para dar con el niño que protagonizaría esta película realizaron castings durante meses en Benín, hasta que dieron con el pequeño Moustapha Oumarou. “Trabajar con Moustapha ha sido más fácil de lo que yo pensaba, me daba vértigo embarcarme en una película en la que gran parte del peso lo llevaba él, era todo un reto”, afirma Calvo, “yo creo que lo ha sacado con la gorra, tiene algo especial que hace que la cámara le quiera, es una bestia”.

“La película expone las tres realidades diferentes y deja que el público saque conclusiones por él mismo”

Miquel Fernández interpreta a uno de los guardias civiles que se encuentran en la valla de Melilla. “Es la parte menos empática de las tres historias, la más conservadora”, afirma. Para él, “la película expone las tres realidades diferentes y deja que el público saque conclusiones por él mismo”.

“Es una historia con mucha dureza, pero también muy bella”, cuenta Anna Castillo, “a veces viendo este tipo de problemas sociales desde la ficción empatizas más”. Tosar señala que “es importante mostrar esta realidad más allá de los medios, verlo en ficción te coloca de manera más real en el lugar en el que deberíamos estar más a menudo. Las noticias nos insensibilizan, tenemos que ser conscientes de que detrás de esas cifras hay humanos e historias reales. Como padre es duro ver por lo que tienen que pasar niños tan pequeños”.

A pesar de la dureza de la realidad, el director ha querido mostrar también la parte optimista de estas historias: “El pueblo africano es muy alegre, está lleno de vitalidad y energía que se puede respirar en las calles”, cuenta Calvo, “hay una escena en la película en la que, después de un momento crítico, el niño se pone a bailar y cantar celebrando la vida”.

El filme está producido por Telecinco Cinema, desde donde han anunciado que para ayudar a mejorar esta situación se donará parte de la recaudación de la taquilla a la ONG Proyect Ditunga, cuyo proyecto actual consiste en la construcción de un nuevo hospital en el sur de la República Democrática del Congo. Concretamente, se donará un euro de cada entrada vendida online a través de Yelmo Cines, donde estará disponible a partir de este viernes 31 de enero.

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