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‘Master of None’: comedia para gourmets

La segunda temporada de Master of None ya está disponible en Netflix desde el mes pasado y Aziz Ansari, director y protagonista de la serie, vuelve a mostrar su cara más polifacética aglutinando todo tipo de géneros en su proyecto más personal.

No es de extrañar que el servicio de streaming apueste fuerte por esta comedia, ya que la  fórmula de Ansari para narrar las peripecias de Dev funciona estupendamente. Sus dos temporadas ascienden de forma rápida hacia su ecuador mediante un humor ágil que oscila entre el enredo dulce de los personajes, propio de las comedias clásicas, y los chistes raciales ácidos a los que acostumbra el stand up. Una vez rebasado el quinto episodio, el personaje ya ha alcanzado sus máximas cotas de felicidad y a partir de ahí, comienza el anticlímax de crisis existencial y amorosa, que resuelve en los lapsos finales del último capítulo, abriendo paso a la segunda temporada. Todo esto aderezado con capítulos de transición que funcionan a modo de retrato, con historias al margen de la del personaje principal pero en las que él participa de alguna manera.

Tanto los picos máximos de alegría como de desdicha de Dev son siempre en compañía de la mujer de la que está enamorado en ese momento. En la primera temporada fue Rachel (Noël Wells) y, en la segunda, la italiana Francesca (Alessandra Mastronardi). Ansari retrata con acierto las relaciones de pareja entre los treintañeros de su generación, a caballo entre la nostalgia de las relaciones duraderas de otros tiempos y las efímeras citas actuales concertadas mediante apps, a las que dedica un capítulo completo. Su ecléctica mirada puede abarcar desde un collage de historias entrelazadas en el que declara su amor por la ciudad de Nueva York, al más puro estilo Woody Allen, hasta el tratamiento de temas candentes de actualidad como la homosexualidad dentro de una familia afroamericana o el acoso sexual en el trabajo.

Además, en esta temporada se rinde homenaje a la cultura italiana, con especial mención de la música que impregna de nostalgia y romanticismo los momentos más decisivos de la relación entre Dev y Francesca. Por otro lado, los primeros capítulos se desarrollan en la pequeña y hermosa ciudad de Módena, donde Ansari hace especial hincapié en la gastronomía del país y de la ciudad en concreto, exhibiendo un canto hedonista al buen comer.

En definitiva, Master of None se consolida como una comedia dramática a la altura de un público cansado de risas enlatadas, personajes planos y decorados recurrentes; como una serie a la altura de la usual apuesta valiente de Netflix (con deshonrosas excepciones)  por producciones que se alejan de lo comercial y del fast food audiovisual.

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