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Opinión: La caída de Kevin Spacey

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Imagen promocional de "House of Cards", con Kevin Spacey como protagonista

Desde que el pasado 05 de octubre se destapara el ‘caso Weinstein’, numerosos personajes públicos del mundo del cine se han visto envueltos en polémicas por conductas inaceptables, tanto en el pasado como en la actualidad. Uno de los últimos en ‘caer’ ha sido el popular actor americano Kevin Spacey

Hace tres semanas, Kevin Spacey era uno de los actores más reconocidos y prestigiosos del mundo. Acumulaba dos Oscars, un Bafta, un Premio del Sindicato de Actores, unGlobo de Oro, un Tony y veinte nominaciones.

Sin embargo, a día de hoy, Kevin Spacey es un delincuente. Más de una decena de personas le han denunciado por abuso y acoso sexual. Además, han alegado que era imposible convivir con él en su entorno laboral, ya que el actor se comportaba de forma inapropiada con muchos de los hombres con los que coincidía en los sets de rodaje. La Academia iba a entregarle un Emmy Honorífico como compensación a su gran carrera, que ya no va a recibir; iba a salir en una película protagonizada y producida por él, que Netflix ya ha confirmado que no emitirá; es (o era) protagonista de House of Cards, emblemática serie de la misma plataforma que ya ha confirmado que no contará con el actor en la nueva temporada; y ha sido borrado literalmente de una película que ya estaba rodada, para que otro actor sustituya todas sus escenas.

Desde que el pasado 05 de octubre el productor Harvey Weinstein fuera acusado de acoso, abuso, e incluso violación por numerosas actrices a las que contrató (la cifra actual de mujeres que le han acusado asciende a 60 a lo largo de sus 40 años de carrera), una gran cantidad de personas que han sufrido casos similares se han atrevido a hacer públicas estas situaciones. Se han destapado casos de abusos en el cine español, en el cine noruego (más de 500 actrices han compartido sus testimonios) e incluso en la cadena BBC se han registrado denuncias.

En el caso de Spacey, el detonante fue el actor Anthony Rapp. Le acusó de haber intentado abusar de él en una fiesta (cuando Rapp apenas tenía 14 años y Spacey 26), en un aparente estado de embriaguez. El actor y director americano se disculpó por un incidente que afirmaba no recordar, y aprovechó para confirmar su homosexualidad (sin duda, mal momento para hacerlo, ya que se consideró como un intento de desviar la atención).

Inmediatamente después de las declaraciones del actor de Star Trek, otros muchos hombres (en gran parte anónimos) han acusado a Spacey de ser un ‘depredador sexual’, tanto en el rodaje de House of Cards como en otras muchas películas de las que el actor ha formado parte. Afirman que seguía estas conductas tan frecuentemente que ya se había convertido en algo usual, tanto para él como para sus compañeros.

Tras toda esta oleada de acusaciones (que probablemente vaya a más), Kevin Spacey ha perdido su trabajo, ha sido ‘vetado’ en una plataforma de importancia mundial (Netflix) y por la Academia, y ha sido eliminado de una película porque su director consideraba que si contaba con él no tendría posibilidades de lograr el Oscar. Todo esto, cuando el actor ni siquiera ha sido juzgado ni condenado por las acusaciones recibidas.

La prescripción de la mayoría de los delitos de los que se le acusa dificulta aún más la situación, tanto para Spacey como para todas sus víctimas. El acusado no puede defenderse ni tiene ninguna posibilidad de ser declarado inocente de estas acusaciones, por lo que su carrera está acabada. Ningún productor ni director va a querer en sus películas a alguien rodeado de tanta polémica. Y menos ahora que las redes sociales viralizan cualquier suceso y tienen tanta relevancia. Las víctimas, por un lado, van a contar con el apoyo de miles de personas que creen sus testimonios, pero nunca verán al agresor cumplir condena por lo que les hizo. Tendrán que soportar que quien dude de sus declaraciones afirme que simplemente ‘se suben al carro de las denuncias’.

La actitud que tanto la Academia como Netflix han tomado en torno a Spacey es, además de radical, no demasiado justa. Decenas de actores acusados de escándalos similares a este siguen (o siguieron) participando en películas que triunfan y que se llevan premios. Debería suponerse que una persona, por muy mala que pueda ser, sea buena en su trabajo. Kevin Spacey es un gran actor que probablemente no vuelva a salir en ninguna película de Hollywood.

Es, sin duda, una etapa negra para el mundo del cine. Es inaceptable que en una industria con tanta fama y repercusión se produzcan estas situaciones. Todos estos comportamientos deplorables que han salido a la luz ahora solo muestran el lado más oscuro de un mundo que desde fuera parecía ideal, pero que ha dejado ver que por dentro está podrido.

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