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Chema Caballero: “¿Quién coño es Dios?”

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Chema Caballero en el Centro de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. (Chema Caballero)

Quizá su alma no lo sabía, pero la demasía de luz que entre carne y hueso desprendía era inconmensurable. Lo aprecié: la justicia sabía a poleo menta y hablaba en krio. El día en el que Chema Caballero pisó Sierra Leona, se dio cuenta de que había que cambiar muchas cosas. Lo haría aunque aquello significara enfrentarse a los de arriba. Su constante lucha sería los niños soldados, la concienciación de la realidad africana y los diamantes de sangre. Había que parar esta hemorragia.  Kele kele ketch monkey, o en otras palabras, se necesita tiempo para cazar a un mono, era como reflejaba Chema Caballero la situación sierraleonesa. Se necesita mucho tiempo para sanar un corazón roto. Aún más el corazón roto de un país. No importa, en tierra protegida también crecen flores.

Pregunta. ¿En qué momento de su vida decide dedicarse a esto y qué le empuja a hacerlo?

Respuesta. Realmente no existe un momento exacto, va surgiendo poco a poco. Cuando estaba en COU, empecé a trabajar con personas inmigrantes en Madrid. Ya en la Universidad, mientras estudiaba Derecho, me metí de lleno en temas sobre inmigración. Siempre me ha preocupado mucho saber de dónde venía toda esta gente y por qué lo hacían, de ahí surge la idea de África y la oportunidad de irme a Sierra Leona en 1992.

P. Y aceptó.

R. Y acepté. Entré con un proyecto de Derechos Humanos y… la guerra recién empezada.

P. Entonces no eligió Sierra Leona, sino que Sierra Leona le eligió a usted.

R. Exacto. Es verdad que yo prefería un país de habla inglesa. El problema de África es que no tiene un idioma oficial, cada uno habla el idioma de su etnia. En Sierra Leona tienen el krio, que también se habla en Ghana, Nigeria, parte de Camerún… el problema empecé a tenerlo cuando trabajaba sobre todo con mujeres y jóvenes, muy pocos hablaban el inglés, solo sabían lo básico. Así que dediqué un año a aprender este idioma.

P. ¿Cómo es el golpe de realidad que se lleva con todo esto?

R. Yo lo llamaría golpe de humildad. Al principio, pensaba que iba muy bien preparado, que iba a hacer muchas cosas y que iba a cambiar muchas otras. Después me di cuenta de que no conocía ni el idioma, ni la cultura, ni las formas sociales… nada. Me sentía inútil. No servía de nada todo el conocimiento que había adquirido a lo largo de mi vida. Tenía que bajar y hacer yo el proceso de aprendizaje primero. Todo lo que sabía, en ese momento, me servía de poco. No era capaz de comunicarlo ni de transmitirlo. A lo largo de los años me daba cuenta de que yo, blanco, iba a ayudar. Y no. Yo, blanco, estoy con los africanos, en el país que sea y juntos podemos hacer algo. No soy yo. Yo en África no soy nada, no tengo poder en absolutamente nada. Solo los africanos pueden cambiar África. Yo solo soy “algo” en ese proceso.

P. ¿Cree que el resto del mundo es consciente de lo que realmente pasa allí dentro?

R. Fíjate, no hemos tenido tanta información a nuestro alcance como hoy en día. Tenemos redes sociales, internet, etc. Si quiero enterarme de algo, lo voy a hacer. El problema es cuando ese interés no existe.

P. Aun así es un tema muy infravalorado en los medios de comunicación…

R. Claro. Si tú quieres información, vas a encontrarla. Vas a ir directamente a las cuentas de los países y vas a buscar información. Cualquier cosa que pase en el mundo va a estar cubierto por Twitter, Facebook, Instagram, etc. pero al mismo tiempo, a los medios generalistas de África no les interesan debido a sus propios intereses, pero a la ciudadanía sí les interesa. Hace siete años empezamos un proyecto en El País que se llama África no es un país, y es muy leído. África sí interesa cuando cuentas su música, su literatura, su cultura, sus problemas, sus conflictos, etc. Los medios de comunicación no dejan de ser empresas privadas que persiguen sus propios beneficios e intereses, son a ellos a quienes no les interesa que el ciudadano sepa demasiado de lo que realmente ocurre en esas partes del mundo. Mucho de lo que está pasando en África es culpa nuestra, por ejemplo, la explotación de África. Es muy difícil encontrar cosas sobre el tráfico de armas en los medios de comunicación. Los grandes Bancos españoles están detrás de la venta de armas, los mismos que hacen los créditos a los periódicos o a las televisiones privadas. No es que África no interese, es que no interesa lo que está pasando en África.

P. ¿Cree que los mismos ciudadanos africanos son conscientes de lo que ocurre?

Chema Caballero discutiendo con una comunidad en Tonko limba, en el norte de Sierra Leona, para la apertura de un colegio. (Chema Caballero)

R. Fíjate, en plena guerra, muchas veces nos enterábamos de lo que pasaba en Sierra Leona a través del BBC, porque a nivel interno no había ni periódicos, ni radios. Había una radio del Gobierno que, por supuesto, no informaba de lo que realmente estaba pasando. Hoy en día la radio y la televisión llegan a muchas partes de África, por lo cual, sí hay más información. Además, las redes sociales juegan un papel muy importante. Siempre que hay una manifestación, una revuelta, un conflicto en un país, etc. lo primero que hace el gobierno es cortar internet. Muchas manifestaciones están organizadas a través de redes sociales. Hay un caso, el de Burkina Faso en 2014, en el que cientos de jóvenes se manifestaron a través de las redes sociales para oponerse. Fue tal la revuelta popular, que desembocó en la dimisión de Blaise Compaoré.

P. Casi de la misma manera que nosotros utilizamos las redes sociales…

R. Nosotros utilizamos Instagram para subir fotos de comida y selfies con nuestros amigos. En África tiene un poder de pasar información auténtica, de visibilizar lo que está ocurriendo en el lugar más remoto. No te lo imaginarías, pero en la parte más perdida de África, ahí hay internet.

P. ¿Cómo es la situación de los periodistas en África?

R. A ver, África son cincuenta y cinco países, de los cuales catorce son los que están en guerra. Hay democracias muy buenas en muchos países, también hay otros tantos que están en continuo conflicto y guerra. Es cierto que los periodistas locales están muy perseguidos y muchos son encarcelados. No dejan informar. No se puede hablar de Sudán o de Libia, por ejemplo. Hay países en los que no dejan entrar a extranjeros y resulta difícil salir de la capital en la que hay cierta seguridad. Es cierto que cada vez hay más protesta internacional y los gobiernos miran dos veces antes de silenciar a un periodista.

P. Me pregunto muchas veces cómo es para los misioneros tener tan intacta la fe, quiero decir, hay que ser muy fuerte para seguir creyendo que, a pesar de las guerras y de todas las injusticias que estas cometen, siga existiendo un Dios que vela por toda la humanidad. Al fin y al cabo, una persona que no vive esta experiencia no es consciente realmente de las atrocidades que se cometen en gran parte del mundo, pero un misionero vive en sus propias carnes todo esto. Asimismo, ¿cómo es la religión en África?

R. Hay de todo, musulmanes, cristianos, religiones tradicionales africanas, etc. En sierra Leona había de todo. Ahora están entrando muy fuerte por toda África las iglesias neopentecostales, que son evangélicas. La persona africana es muy religiosa de por sí, en todos los países hay mucha referencia en la vida diaria a Dios de una forma u otra, vas a una reunión y empiezan con una oración, ya sea una oración musulmana, otra oración cristiana… es algo muy presente. Como en muchas partes, la religión también puede ser opresión, va muy unida a ciertos grupos terroristas. Sinceramente, a nivel personal, hizo replantearme muchas cosas. Me preguntaba quién era Dios, es decir, ¿qué Dios es este que permite que ocurran estas cosas?

P. Es irónico.

R. Pensaba: “Dios es padre, es bueno y ama a todo el mundo”, pero después me iba a escuchar barbaridades como a niñas que habían sido violadas o veía a niños guerreros matando a tan temprana edad. Se me creó una crisis muy fuerte. ¿Quién coño es Dios? Pensaba. ¿Quién eres tú para permitir este tipo de cosas? Le decía. Descubrí que Dios no es tan todopoderoso como lo queremos pintar. Yo haría lo que Dios me ayudaría a hacer, ahí me encontré a un Dios más pequeño, más de día a día, ese Dios desnudo que muere en la cruz.

P. Le expulsaron de la vida religiosa…

R. Bueno, fue un divorcio. Tuve problemas por mi forma de ser, por mi vocación justiciera y de derechos humanos, y me enfrenté a mi jefe superior. Me prohibieron volver a Sierra Leona.

P. ¿Qué hizo después?

R. No he vuelto a Sierra Leona, aquel divorcio me dolió. Empecé a trabajar por otros países de África hasta que surgió la crisis del ébola. Me estoy replanteando volver para 2020. Ahora me muevo por dos líneas, luchar contra las injusticias cometidas en África y concienciar a los españoles sobre la realidad africana.

P. ¿Se ha sentido amenazado alguna vez?

R. Más de una vez. Cuando vas a una guerra es normal. La guerra duró hasta el 2002, yo trabajaba con niños soldados y más de una vez, cuando iba a un puesto de control, los rebeldes me apuntaban con pistolas. Una vez, al pasar por el centro, se enfrentó el jefe de la guerrilla de los rebeldes con los niños y yo tuve que enfrentarme a él. Tenía que estar siempre preparado con el coche dado la vuelta por si había que salir corriendo. El riesgo es parte de este trabajo.

P. Respecto al tema de la inmigración, ¿es cierto esa concepción general de que los inmigrantes vienen huyendo únicamente de la guerra?

R. No. Es gente que viene buscando un futuro mejor, simplemente. Igual que tú en un futuro puedes irte a Alemania o a Londres a trabajar porque aquí no encuentras trabajo, ellos igual. La gran mayoría están en África, en campos de refugiados, gente que quiere poner su vida a salvo y se van al país de al lado, esperando a poder volver a su país. El resto buscan algo más, no solo poner su vida a salvo, también un futuro mejor, estudios, etc.

P. ¿Podríamos decir, otra vez más, que los medios de comunicación no informan lo necesario?

R. Los medios de comunicación hablan siempre de invasión, de los saltos de valla, etc. pero esto no es más que otra forma de vender. Detrás de todo este tema sobre la inmigración, se han creado unas empresas muy potentes, las de control de fronteras, es decir, aquellas empresas que producen las vallas, las cámaras, los drones, etc. son empresas que están ganando mucho con la inmigración y con los vuelos de deportación. Les interesa vender la imagen de que nos están invadiendo porque así nosotros tendremos miedo y pediremos que el gobierno invierta más en protegernos. Muchas de estas empresas tienen acciones a los medios.

P. Es una forma de tener al ciudadano desinformado.

R. Demasiado informados para unas cosas y tan desinformados para otras tantas.

P. Los diamantes de sangre…

R. No solo son los diamantes, sino que son los minerales de sangre. El coltán, el oro, las esmeraldas… lo que hacen es financiar los conflictos. Los propios grupos armados controlan estos minerales conseguidos por mano esclava de niños y jóvenes, y lo venden a un precio muy barato de lo que costaría si se hiciera de forma legal. Todo esto termina en nuestras manos, las compañías lo compran para hacer joyería, aparatos electrónicos… y nosotros, como consumidores, no somos conscientes de que al comprarnos un móvil, estamos financiando a esos grupos armados. Vuelvo a lo mismo, no somos conscientes porque no estamos informados, no tenemos información de lo que realmente está sucediendo. En el año veintiuno, la comisión europea expondrá una norma que limitará estos minerales de sangre, pero no va a ser suficiente.

P. Como Inditex en Bangladesh…

R. A las empresas les interesan los beneficios. Cuanto más barato, más beneficio conseguirán.

P. Para finalizar, ¿algo que crea importante visibilizar?

R. Por una parte y como ya he comentado anteriormente, África no es solo la África de guerra y de enfermad, lugar negro. África es innovación social, cultura, música y alegría. Por otra parte, los medios de comunicación son cómplices de muchas injusticias sociales y el ciudadano se encuentra totalmente desinformado.

P. Muchas gracias.

R. Gracias a ti.

 

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