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Desencanto: Bienvenido de nuevo, Matt Groening

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Imagen extraída de Netflix

En la mitad del verano llegaba Desencanto a Netflix, la nueva serie animada de Matt Groening, emblemático creador de la familia más famosa de América (Los Simpson) y la tripulación espacial más adorada de la televisión (Futurama)

Bienvenidos al mundo medieval. Bienvenidos a Utopía (Dreamland). Un nuevo mundo de fantasía donde seguiremos de cerca las desventuras de la joven princesa Bean. Fuera de los cánones de lo que se entiende por princesa, Bean es una joven fiestera, alcohólica y ruda. La vida transcurría con normalidad para ella, hasta que su boda real se acercaba. Pero la princesa tiene otros planes. Junto a su enérgico y siempre positivo compañero Elfo y su demonio personal Luci, conoceremos todos los seres que habitan por Utopía.

Matt Groening mete de nuevo la zarpa en el terreno paródico, en este caso de la fantasía medieval. Jugando con los tropos del género y su clásico diseño de personajes, entramos en la primera parte de la serie. Presenta una trama seriada que tarda en arrancar hasta sus últimos episodios, la primera parte de Desencanto es un prólogo, alargado en exceso, que explora todos los rincones de su universo a la vez que sus personajes principales.

El peso del factor Netflix

La libertad creativa de Netflix a veces puede jugar en contra de los productos que ofrece. Al igual que el permitir desarrollar una trama seriada. O tener una duración por episodio más larga de lo habitual. Estos dos factores son los que más perjudican a la última creación de Groening. Desencanto tarda demasiado en arrancar su trama principal, debido a capítulos demasiado largos sin necesidad de ello.

Lo primero que llama la atención al arrancar su visionado son los 40 minutos de capítulo piloto. El resto de episodios, que rondan los 30 minutos, hacen que Desencanto tengo un ritmo extraño, demasiado pausado y con cierta falta de consistencia. Tampoco ayuda que la trama sea seriada, y no tire de episodios autoconclusivos. Aquí el famoso término binge-watching no funciona bien. Los finales de episodio, salvo en los tres últimos, no incitan al espectador a querer seguir viendo con ansia. A necesitar instalarse en modo maratón seriefilo.

Es cierto que las comedias siempre tardan cierto tiempo en afianzar su equilibrio. En encontrar su esencia y configurar sus dinámicas. Ejemplos como Seinfeld o Parks & Recreation es de lo primero que asoma en mi mente. Desencanto tiene el potencial para hacer de ella un buen producto, pero esta primera mitad de la serie no sorprende en absoluto. Cualquier espectador ve venir todo lo que sucede de lejos. El relato lineal hace la serie más pesada de lo que sería con capítulos cerrados al estilo Futurama. Permitirían igualmente conocer el universo de Utopía y a sus personajes, pero con más gracia y consistencia.

Imagen extraída de Hipertextual

El reconocido estilo Groening

Si alguien ve los cinco primeros minutos de Desencanto sabe que es una serie de Matt Groening. Su estilo está por todos lados. Los diseños de personajes podrían considerarse repetitivos en su mitología, y tampoco son nada destacable, excepto el demonio Luci. Sin embargo, Desencanto se crece en los diseños de sus entornos y localizaciones. Groening dota a su universo de mucha vida que nos gustaría explorar ¿Existen otros reinos aparte de Utopía? ¿Cuántas razas cohabitan el universo de la serie?

Otro de los factores que denota por quien esta creada la serie es su humor. Old school, con ciertos dejes ácidos y soeces, pero con cierta critica social y referencias actuales. Tampoco dejará títere con cabeza de muchas series de fantasía medieval actual, como Juego de tronos o Vikings. Sin embargo, el humor parece ser menos desafiante que en otras de sus series. No siempre mete la pezuña hasta el fondo, si no que bordea la charca y solo salpica un poco.

Imagen extraída de Elle

Rompiendo estereotipos

Uno de los aspectos a mentar de Desencanto debe ser el de la evolución de sus personajes. No solo los tres principales, si no también alguno de los recurrentes. Profundizamos un poco en su forma de ser, pule su personalidad poco a poco y se van auto descubriendo. Es verdad que las bromas están a la orden del día y los gags no paran, pero Groening parece querer plantar un centro emocional en alguno de sus personajes para no convertir la serie en una mera sucesión de episodios sin huella.

Para esto el creador viene a romper estereotipos con Bean. La princesa de cuento de hadas desaparece para convertirse en una guerrera borracha y con ganas de juerga constante. Completa el trió un demonio que no es tan malo como parece, y un elfo inocente que viene de un mundo donde la falsa felicidad es permanente. El trío busca permanentemente su sitio e identidad, a través de las aventuras e interacciones con los maravillosos secundarios empiezan a darse cuenta de lo que verdaderamente son.

La primera parte de Desencanto no es ni de lejos la nueva gran creación que muchos esperaban. Sin embargo, es un prólogo que sienta las bases para una historia que puede explotar. Al menos, los tres últimos episodios y el cliffhanger final dan bastantes esperanzas para ello ¿qué será de Bean, Elfo y Luci en la segunda entrega? Pronto lo veremos.

Otra review de la serie a cargo de mi compañero Sergio Casamayor.

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