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Pactos de la Moncloa: Si en 1977 se pudo, ¿Por qué ahora no?

El 92% de los españoles creen necesario un gran pacto para la reconstrucción, mientras que el 79% de los mismos ve improbable dicho acuerdo.

A raíz de los acontecimientos políticos de la última semana se está volviendo a poner en la picota uno de los consensos que, juntamente con el de la Constitución de 1978, ha tenido más peso y más impacto en la historia democrática de nuestro país: los Pactos de la Moncloa.

La oferta de Pedro Sánchez para reeditar, 43 años después, unos Pactos de la Moncloa para enderezar la situación socioeconómica de España a raíz del impacto de la crisis del coronavirus, ha hecho que los diferentes actores políticos del arco parlamentario se vayan posicionando en pos o contrariamente a esta oferta. Según un estudio de Metroscopia, el 92% de los españoles ven necesario un gran pacto nacional para afrontar, desde la unidad de acción de todos los partidos políticos, la reconstrucción de la economía española. En cambio, un 79% de estos mismos no creen en la capacidad de los políticos actuales para llevar a cabo esta necesaria reforma. El recuerdo de los Pactos de la Moncloa aflora de nuevo, ahora que es de vital necesidad un amplio acuerdo para la reconstrucción.

La situación actual, sin embargo, es muy diferente a la de octubre de 1977. La unidad política, entendida esta como la capacidad de negociación, de cesión y de posterior consenso, es prácticamente nula en el seno de la política nacional de hoy en día. En 1977 sí que había, en su inmensa mayoría, una capacidad –y sobre todo, una voluntad- de unión política. Los fantasmas del negro pasado que aún sobrevolaban en nuestra sociedad hacían forzosamente imprescindible un acuerdo histórico que allanara el camino a la redacción de la Constitución Española. Para evitar que la desconfianza en los políticos creciera por culpa de la incontrolada inflación, la cual había llegado a rebasar el 30%, y por culpa de la estructura social maltrecha, los Pactos de la Moncloa reunieron a todas las fuerzas políticas, junto a los actores empresariales y a los sindicatos. Se antepuso el interés común al posible interés partidista, aun  y las dificultades que hubo para forjar y rubricar los pactos.

Entre los diez representantes políticos que firmaron el acuerdo estaban Miquel Roca, Josep Maria Triginer y Joan Reventós. Los tres, catalanes. A día de hoy, se hace difícil pensar en una posible firma en la que estén tres nombres catalanes. El recelo y el escepticismo con el que los partidos independentistas catalanes presentes en las Cortes ven esta reedición de los Pactos dibuja un gris futuro en esta primera toma de contacto de Pedro Sánchez con las fuerzas políticas. A diferencia del año 1977 ni nacionalistas ni oposición se fían del presidente del Gobierno. Sánchez no es Suárez.

Aquel Suárez que consiguió aglutinar un gran apoyo en sus iniciativas reformistas, delegando en el vicepresidente económico Enrique Fuentes Quintana la estructura de los Pactos de la Moncloa, dista mucho del Sánchez actual. Este Sánchez parece que anda cojo comparado con aquél Suárez. Solo Podemos y, ahora parece, Ciudadanos tienen ganas de sumarse al PSOE en busca de este acuerdo amplio. La clave será lo que haga el Partido Popular. Ni la sociedad en general (este 92%) ni un alto porcentaje de sus votantes entenderían un desplante de Casado para afrontar, con medidas amplias y de consenso, la recuperación económica y social de nuestro país.

En definitiva, los tiempos no son los mismos. La complejidad y el enrarecido ambiente político, tampoco. Pero el objetivo sí que lo es: sanear la economía y sentar las bases para el posterior crecimiento. Medidas a corto plazo y reformas a largo. Si en 1977 se pudo, ¿Por qué ahora no?

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