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Melisa Rodríguez (Ciudadanos): Un Orgullo con carga de más

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Existe una corriente de “moda” en la que parece que todos y cada uno de nosotros tenemos que entrar en un molde o una clasificación, como si fuésemos “elementos” fácilmente clasificables. En política tiende a llevarse al extremo, estableciendo unos prejuicios sobre lo que “debes” hacer y “puedes” defender en función de a quien votes.

A menudo discuto sobre esos supuestos moldes (algunos más modernos que otros) que nos dicen cómo hemos de sentir, cómo hemos de amar, cómo hemos de expresarnos… O peor aún, nos asignan un roll en función de cómo nos identificamos. Resumiendo, en lugar de hablar de igualdad real acaban (algunos) imponiéndonos un modelo de igualdad. ¿Acaso la igualdad no es libertad?

¿Desde cuándo una defensa por los derechos de un colectivo excluye? ¿No se supone que cuantos más se unan a la reivindicación mejor? ¿Se justifica algún dogma ideológico según qué actos? La respuesta a todo esto es: ¡NO!

Tristemente he podido ver y sentir en mis propias carnes cómo existen personas, con dogmas preestablecido, que intentan decirme qué puedo o no defender.

Hace justo un año tuvo lugar ese Orgullo en el que la noticia no fue la defensa de derechos, sino la expropiación de estos a mí como a muchos de mis compañeros. Hace justo un año encabezaba la manifestación con la bandera trans como símbolo de que aún quedaba mucho por hacer. Hace justo un año que los que estuvimos allí presentes defendíamos el que cada uno tuviese la libertad de amar a quien quisiese y de sentirse como quisiese.

Muchas han sido las revelaciones en este año, ya que los que nos echaban de la manifestación ondeando la bandera trans, hoy se descubren tránsfobos; los que se supone que defendían la igualdad de derechos, hoy se oponen con vehemencia a que la gestación subrogada pueda ser una opción para que parejas LGTBI puedan formar su familia; los que hablaban de la necesidad de la Ley de Igualdad LGTBI, hoy siguen siendo los que la bloquean y la dejan en un cajón.

Cuando pienso en todo lo que queda por conseguir, siempre acabo preguntándome si será posible con el exceso de etiquetas políticas que llevamos sobre nuestros hombros, ese lastre que hace que el camino sea más difícil de lo necesario. Pensar que en función de a quien votes puedes ser del colectivo o no, es lo mismo que pensar que puedes ser buena o mala feminista, buena o mala madre. Nos sobra peso innecesario y nos falta libertad.

No puedo ocultar mi sensación de repulsa sobre lo leído estos días proveniente de algunos partidos sobre el colectivo trans. ¿A caso algunos de los firmantes se han parado y ha pensado en lo que siente una persona que no se siente con el género asignado por naturaleza? ¿A caso se han parado a pensar en lo duro que debe de ser todo el proceso de reasignación? ¿A caso se han parado a pensar en cómo les puede
afectar el entorno? ¿No es suficiente el peso que llevan durante el proceso?

El Orgullo para mí es algo diferente a lo vivido el año pasado: es tolerancia, es libertad y es igualdad. Hasta que no nos veamos entre todos como lo que somos y nos queramos y respetemos por serlo, no podremos soltar ese peso de más que oscurece y dificulta el camino hacia la libertad.

Ama a quien quieras y siéntete como quieras, eso es igualdad real.

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