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España conmemora el octogésimo aniversario del final de la Guerra Civil Española

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A lo largo de todo el año 2019 se celebrarán numerosos homenajes a las diferentes etapas de esta guerra y a las figuras intelectuales en el exilio.

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”. De esta manera, tal y como dicta el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, se dio por finalizada la contienda española, que se había estado produciendo entre el Bando republicano y el Bando sublevado, durante los tres largos años que se había estirado en el tiempo la trágica Guerra Civil. 

Actualmente se conmemoran ochenta años del final de este episodio de carácter nacional, que provocó grandes desperfectos y una terrible crisis económica en toda España. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los acontecimientos históricos más importantes de nuestro país.

Por eso, para conmemorar la memoria de las víctimas de la contienda y el exilio al que se vieron forzados millones de español, se realizarán a lo largo de todo el año 2019 numerosos homenajes a las diferentes etapas y figuras intelectuales que constituyeron la parte más elemental de esta época.

La memoria de Antonio Machado en el exilio

Cuando en 1936 el Gobierno de la II República no pudo garantizar la seguridad suficiente de sus ciudadanos ni la de ninguno de los intelectuales más aclamados de nuestro país, muchos de ellos procedieron a un exilio inmediato. Este es el caso del poeta Antonio Machado.

La memoria de las interminables colas que se produjeron en las fronteras de nuestro país, es todo lo que nos queda de una generación que huía despavorida de la muerte, habida cuenta del miedo atroz que traía consigo la nueva etapa política que duraría todavía tres años: la Guerra Civil.

Antonio Machado, acompañado del filósofo Joaquín Xirau, el filólogo Tomás Navarro Tomás y el novelista Corpus Barga, fue el primero en verse abocado hacia un exilio eterno que le llevaría más allá de la playa de Collioure. Falleció en el albergue Hotel Bougnol-Quitana.

Y fue al parecer el ABC de Sevilla, el primer diario español en anunciar, el 22 de febrero de 1939, la muerte del poeta. “Estos días azules y este sol de la infancia” fueron los últimos versos que se encontraron en uno de los bolsillos de su viejo y raído gabán.

La memoria de Miguel de Unamuno en Salamanca

La Guerra Civil tuvo un desarrollo desigual en las diferentes provincias de España. En la provincia de Salamanca, que contaba con dos regimientos, los sublevados declararon el estado de guerra el 19 de julio de 1936 y se hicieron de una manera rápida y fácil con el control de la ciudad y la provincia en unos cuantos días, sin más oposición que una débil resistencia en Béjar y la cuasi fronteriza Ciudad Rodrigo.

Más tarde, estos mismo militares, junto a voluntarios de las fuerzas falangistas de Valladolid, tratarían de tomar la capital de España: Madrid. 

El 12 octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, se celebraba, como cada año, la Fiesta de la Raza. En ella se encontraban, en representación de Franco: Carmen Polo, Millán Astray y Miguel de Unamuno. 

Unamuno, desencantado durante los últimos tiempos de todo ideal político en nuestro país, no pudo más que pronunciarse en un breve pero intenso discurso sobre la tragedia, la muerte y el dolor a la que La Guerra Civil que estaba llevando a muchos de sus compañeros a un exilio inminente, al que él mismo no dudaba en unirse frente a la trágica situación nacional.

«Por haber dicho que vencer no es convencer, ni conquistar es convertir, el fascismo español ha hecho que el gobierno de Burgos […] me haya destituido de mi cátedra en la Universidad». Así el intelectual vasco quedó enclaustrado en su casa, por causas injustas y no menos banales, hasta el final de sus días. Finalmente, Unamuno falleció en Salamanca el 31 de diciembre de 1936.

La conmemoración de los intelectuales y su obra

Aún hoy debemos recordar el legado creador de estos sabios pensadores. Por un lado, Antonio Machado, que fue un escritor de prosa, poesía y teatro, y destacó con obras como: “Soledades, galerías, otros poemas” (1907), Campos de Castilla (1912), La Lola se va a los puertos (que escribió junto a Manuel Machado en 1929) y Juan de Mairena (1936). 

Por otro lado, Miguel de Unamuno, fue un escritor y filósofo que destacó como pedagogo durante sus muchos años como rector de la Universidad de Salamanca. Entre sus obras se encuentran múltiples géneros como el ensayo en “Del Sentimiento trágico de la vida” (1922), la poesía en “Romancero del destierro” (1928), o la novela en “Niebla” (1914), que inicia lo que él mismo denominó nivolas.

Estos y otros muchos otros intelectuales permanecen a día de hoy casi en el olvido. Por eso es nuestra obligación política y social reclamarlos a ellos y a su extensa obra intelectual. 

Y más después de tantos años.

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