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Ernest Lluch: «Gritad, porque mientras gritáis no mataréis»

Ernest Lluch.

Esas palabras fueron pronunciadas por Ernest Lluch durante una tregua en 1999, en un mitin en Donostia. Meses después, sería asesinado.

La biografía de Ernest Lluch es una historia llena de compromiso y lucha política. Reconocido economista, estuvo muy vinculado también al ambiente académico y universitario. La política, la economía y la universidad fueron los tres pilares sobre los que construyó su vida.

Ernest Lluch tuvo una intensa vida académica

Ernest Lluch nació en Vilassar de Mar, un pueblo de Barcelona, en enero de 1937. Estudió Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales en la Universidad de Barcelona, y recibió en 1961 un premio extraordinario de fin de carrera.

Ese mismo año comenzó a trabajar en la Universidad de Barcelona como profesor ayudante, y ahí comenzó a mostrar su ideología política antifranquista y demócrata. Estas posturas, mostradas durante el franquismo, le llevarían a ser expedientado y procesado, e incluso sería detenido en varias ocasiones. También sería expulsado de la Universidad en 1966, tras ser puesto en libertad provisional en una de sus múltiples detenciones.

Tras su expulsión de la Universidad de Barcelona, comenzó a preparar una tesis, que presentó en 1970, en la Universidad de Valencia. Esto le permitió obtener una plaza de profesor en la misma, y, en 1974, lograría la Cátedra en Economía, en la misma Universidad.

Su vida estuvo marcada por la política

Sin embargo, tampoco duraría mucho en esta vida académica, pues inició su carrera política en 1977, cuando fue elegido diputado en las elecciones a Cortes Constituyentes, cuando iba como cabeza de lista de Socialistes per Catalunya (Coalición entre PSOE y PSC). Ya como PSC, fue reelegido en 1979, como diputado por Gerona, y en 1982, como diputado por Barcelona.

Su gran éxito político le llegó en 1982. Tras la aplastante mayoría del PSOE, que consiguió 202 diputados, Felipe González se enfrentaba a su primer Gobierno. Fue entonces cuando decidió contar con Ernest Lluch para que dirigiese el Ministerio de Sanidad y Consumo.

Su figura es fundamental para entender la Ley General de Sanidad (14/1986). Se le considera el artífice ideológico de esta norma, que perseguía la regulación de las acciones encaminadas a la protección de la salud establecida en el artículo 43 de la Constitución.

La Ley General de Sanidad fue su gran logro

Dicha Ley trajo un cambio fundamental: de una financiación conjunta entre trabajadores y empresarios, se pasó a un Sistema Nacional de Salud financiado por el Estado, a través de los PGE. Además, introdujo la sanidad pública universal para todos los españoles, y la cobertura del SNS llegó al 95’5% de la población en 1995.

Tras cuatro años, decidió dar un paso atrás y retirarse de la primera línea de la política española. Aunque sería reelegido una vez más por Barcelona, Ernest Lluch decidió volver a la vida académica. Ese mismo año entró a formar parte de la Cátedra de Historia de Doctrinas Económicas, de la Universidad de Barcelona.

Dejó su escaño en 1989, y se incorporó a Universidad Internacional Menéndez Pelayo como Rector. Aquí permaneció seis años ostentando el cargo, y sumando esto a su gran humanidad, Santander le dedicó una calle en su memoria.

Ernest Lluch fue un claro opositor de ETA

Tras dejar la UIMP, Ernest, aunque no se volvió a incorporar a la primera línea política, comenzó una campaña de activismo. Muy vinculado a San Sebastián, fue un claro opositor a ETA. Formó parte de Elkarri, un movimiento social de carácter pacifista que buscaba una solución dialogada al conflicto vasco.

Esta activa militancia anti-eta, sumado a su papel de defensor del diálogo y partidario de establecer puentes para lograr la pacificación en el País Vasco, le puso en la diana de los terroristas.

En un mitin celebrado en Donostia en 1999, durante una tregua de ETA, tuvo un discurso muy claro y contundente, llegando a decir que «No saben que han cambiado las cosas, no saben que han llegado la libertad y la democracia a este país; que no se enteran». Esto se lo decía a una manifestación abertzale, que se congregó en la misma plaza donde estaba teniendo lugar el mitin. Meses después, Lluch defendía en un artículo que la primera víctima mortal de ETA no fue ni Pardines ni Melitón Manzanas, sino Begoña, una bebé de apenas dos años, asesinada en 1960.

La condena de su asesinato fue unánime

Su trágico desenlace no tardó mucho en llegar. Ya retirado de la primera línea política, se dedicaba, de nuevo, a trabajar en la Universidad, impartiendo diversos cursos. La trágica noche del 21 de noviembre, martes, llegó al aparcamiento de su casa, alrededor de las 21:30. Recogió unos apuntes, el abrigo, y fue entonces cuando se desencadenó todo. Una figura detrás de él le disparó por la espalda, y falleció abrazado a sus apuntes de la Universidad.

La condena al atentado fue unánime. Primero, la noticia se extendió por toda Barcelona, para pasar por Cataluña, País Vasco, y después llegó a toda España. «Han matado a Ernest», era el mensaje más repetido durante aquella noche. La Cadena Ser, del que era colaborador habitual, tuvo serias dificultades para sacar adelante aquel programa nocturno, debido a la dureza de lo sucedido.

El funeral y la manifestación de repulsa fueron multitudinarios. La manifestación tuvo momentos tensos, cuando el entonces Presidente del Gobierno, Jose María Aznar, se negó a compartir cabecera con Juan José Ibarretxe, lehendakari. Gemma Nierga, portavoz y encargada del manifiesto, decidió modificar la lectura, diciendo que «Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor», añadiendo que «y en castellano para que me entiendan todos».

Es necesario respetar la dignidad de las víctimas y de sus familias

Dicha manifestación congregó a casi un millón de personas en Barcelona, que clamaban por el final del terrorismo y el nacimiento de un tiempo de paz en España y el País Vasco. 20 años después, ETA ya está disuelta y ha entregado las armas. Sus víctimas aún tratan de curar unas heridas que jamás se cerrarán, puesto que la muerte de un ser querido por motivos políticos jamás se olvida.

En el momento en que para defender tus ideas decides coger las armas y asesinar a gente, pierdes toda la legitimidad. 864 personas inocentes, que no son sólo cifras de víctimas mortales. Son personas, madres y padres, niños, niñas, con su propia historia, que vieron truncada su vida por un fanatismo irracional. Son también la historia de familias de víctimas, que vivieron un auténtico infierno, al vivir la pérdida, cruel e inhumana, de su gente más querida.

Por la memoria de las víctimas, y por todos aquellos que lucharon por el fin de ETA

Por ello, el uso de sus nombres, sus historias y sus muertes para hacer política y atacar al adversario, es no sólo erróneo, sino también inmoral e indigno. La memoria de las víctimas del terrorismo debe ser respetada y cuidada. Como dice La Oreja de Van Gogh en su canción Sirenas, «No les podemos olvidar». El recuerdo de sus historias permanecerá siempre en nosotros, y tendremos que cuidar de ellas.

Por ellos, por su dignidad y su recuerdo, y sobre todo, por el respeto al dolor de sus familiares, hay que tener una oposición frontal al terrorismo etarra. El dolor de estas familias es tan inmenso que no se merecen que sus familiares sean un arma arrojadiza en el terreno político. Por ellos, y por tanta gente que luchó por el fin de ETA, recordemos y respetemos a sus víctimas.

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