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Opinión

El coronavirus podría desalojar a Donald Trump de la Casa Blanca

La reelección de Donald Trump se complica debido a que la crisis del coronavirus puede lastrar la economía del país.

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La reelección del presidente americano se tropieza con un grave problema: el coronavirus. Su superación como crisis sanitaria podría devastar económicamente el país, y con ello dificultar la reelección de Trump en Washington.

El ser humano juega en periodos de abundancia a ser Dios. Tenemos la certeza de estar en virtud de una inteligencia sobrehumana, en el sentido estricto de su palabra. Creemos que podemos saber cuántos muertos va a provocar una pandemia, y de hecho, nos enfadamos con nuestros líderes si éstos no son capaces de hacer un cálculo exacto. ¿Para qué queremos líderes que no puedan mitigar la ansiedad que nos causa la incertidumbre?

La imposibilidad de conocimiento absoluto, de ser consciente de cómo hay variables desconocidas, no es un pensamiento mío; ni mucho menos me otorgo su autoría. La proponen filósofos del calibre de Feyerabend, para el que guste de lecturas de su índole.

Pero me parece muy oportuno, traer dichos planteamientos a colación del “imprevisto” mundial: el coronavirus. Mas, pongo “imprevisto” forzosamente entrecomillas, porque de imprevistos está constituida la economía. ¿Cómo de natural es todo esto, y cómo de predecible es la actividad política humana? Todas las actividades del ser humano no dejan de ser prolongaciones de ese artificio natural-cultural que es él mismo. Entonces, si algo es creado bajo las premisas de seres no puramente naturales, sería absurdo medirlo bajo parámetros de este tipo. En virtud de ello, la economía es el resultado de un compendio de actividades espontáneas y no planificadas (aunque posiblemente estructuradas). ¿Imprevistos? “Es la economía, estúpido” como diría Clinton.

Queda patente, pues que el politólogo, no es un biólogo, sino algo diferente en esencia. No sabemos que es capaz de hacer el ser humano, ni cuáles serán sus respuestas exactas; apenas nos acercamos a entender instintos y auguramos (muchas veces de forma estulticia) ciertas tendencias.

Contrarios a esta última reflexión, los cientifistas sabelotodo que se dedican a la economía llaman a estos imprevistos cisnes negros”. Dejan con ello en evidencia su incompetencia como dioses, que es su materialización como seres contingentes en el mundo y muestran académicamente a sus congéneres su fuerte ansiedad vital. Aunque no sepan detectarlo como tal.

Este es el punto de vista de los planificadores de la campaña de Donald Trump. El coronavirus acecha de forma siniestra Estados Unidos, cobrándose hasta ahora 2.500 fallecidos por casi 150.000 infectados. Mas es el principio, pues la implantación del virus sólo lleva en torno a una semana en dicho país. Su sistema de sanidad privada, así como las políticas destinadas al desmantelamiento de las leves políticas de sanidad pública, han creado el caldo de cultivo para una potencial crisis en el país. Las desigualdades existentes y el fácil acceso a las armas son datos que propician cierta preocupación al respecto de las consecuencias que pueden originarse en el estado.

Pero los Trump parecen haber tomado cartas en el asunto. Quieren perpetuarse en el poder y para ello han movilizado más de 2.2 billones de dólares. Éstos serán dirigidos por el yerno del propio Trump, Jared Kushner, quien pretende destinarlo a ayudar a paliar los estragos de esta crisis. La vuelta del keynesianismo, que niega el propio presidente aludiendo a lo “circunstancial” del problema.

Pero los eventos “imprevistos” y las “circunstancialidades” son los motores de las victorias electorales, y eso lo tiene muy en mente Trump. Las elecciones presidenciales son el 3 de noviembre de este año. Por ello quizás su urgencia y su plan de emergencia. Trump, lejos de ser un bobo malhechor, cómo se nos pinta en los medios europeos, es un genio de la comunicación, afanado en disponer de sus habilidades para perpetuarse en el poder. Muestra de ello, la movilización más efectista que efectiva del barco sanitario “Confort” hacia Nueva York. Precisamente, una de las ciudades más desfavorables electoralmente para Trump, y con mayor cantidad de infectados. Trump quiere salir aún más fuerte de la crisis, cómo aquel dicho: “los momentos duros hacen hombres fuertes”.

Dando por descontado que Trump logrará salir de esta emergencia sanitaria, el ritmo económico en los meses posteriores generarán el relato que se venderá en las elecciones. No tendrá tiempo de resarcirse de él. Haciendo énfasis en los aspectos económicos de su gobierno con el cambio de lema hacia el “Keep America Great” (mantén genial América), la reelección del gabinete Trump quedará muy marcado por el grado de damnificación y el ritmo de recuperación de la economía americana.

No obstante, con un 3,5% de desempleo, la incuestionable Administración Trump se enfrenta a unos datos nada halagüeños. En los últimos días, casi tres millones de personas han pedido ayudas para afrontar el desempleo, lo cual corrobora la versión de Goldman Sachs que predice una rebaja en el crecimiento del PIB de en torno al 0,8%, en el mejor de los casos. La recesión ha comenzado en el país según algunos expertos. Y es que, a pesar de que económicamente el país cuente con unas infraestructuras envidiables, sus casi inexistentes políticas sociales, cercanas a la beneficencia y la caridad, arrojan uno de los peores escenarios posibles.

La reelección de Trump será únicamente posible si logra vencer en el relato. Sólo conseguirá su reelección si logra crear la imagen del mejor administrador posible ante una crisis inevitable. Sólo si el electorado piensa que Trump no ha tenido culpa en la velocidad de propagación del virus, y consiguientemente ha inducido al país a sobrepasar dicha emergencia sanitaria. El relato deberá girar en torno a un supuesto agradecimiento a su figura: con otro podría haber sido peor.

En ello vienen trabajando en su gabinete, y se están forjando ya las guías para afrontarlo. Su última aparición pública arrojaba datos sonrojantes: menos de 200.000 muertos será un éxito”. Una cifra bastante alejada de lo que hasta ahora parece que puede provocar el coronavirus en dicho país, y que convertirá una cifra de algunas decenas de millares de muertos, en un éxito rotundo.

Pero, no sólo su labor y el azaroso despliegue del virus ponen en cuestión su reelección. Bernie Sanders compite de cerca con Joe Biden en las primarias demócratas. Sanders ha defendido vehemente la implantación de un sistema sanitario parecido al europeo, con sanidad pública universal. En el caso de que Sanders lograra su elección como director demócrata, su presentación contra Trump podría poner en debate persistencia de la sanidad privatizada. La ciudadanía podría abrazar los postulados de un Sanders, quizás mucho más fuerte y legitimado en su discurso. Pero, todo está en manos del azar.

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