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Alí Babá y las cuarenta comisiones

Que el rey emérito tenía trapos sucios era un secreto a voces desde hace bastantes años, aunque poco se podía hacer sin pruebas. Pero que estas salgan a la luz y que nadie haga nada añade una vergüenza más a la larga lista con la que este país cuenta.

Sí amigos, hoy hablaré del hombre del momento, de quien fuera rey de España durante una época clave en la historia del país, y que ahora se postula como el próximo gran fugitivo, siguiendo el ejemplo del mismísimo Puigdemont.

Antes de nada, adelantaré que me mueve un profundo sentimiento republicano, al no encontrarle sentido alguno a la figura monárquica en los tiempos que corren. Tuvo su función y la cumplió, lo hizo bien y nadie lo niega, pero hasta ahí. De la misma manera que cuando algo deja de aportarnos valor personal nos deshacemos de ello, hay que darle una vuelta al tema monarquía.

Este sentimiento se ha visto avivado por una serie de hechos. El primero, sin duda, fue cuando de pequeño me hablaron de la existencia de las “amigas íntimas” del rey emérito. “Amigas íntimas”, así se han referido a ellas en los medios de comunicación a lo largo de los años. Bien, digamos que estoy seguro de que mi pareja agradece que no entienda la “amistad íntima” con el sexo opuesto de la misma manera que lo hace Juan Carlos.

Muchos me dirán, Gonzalo, es su vida privada, no se le puede judgar por esto. No puedo estar de acuerdo, dado que a un monarca hay que exigirle una actitud intachable en todos los aspectos. Y sí, irse a cazar elefantes con dictadores africanos acompañado de tu amante, también se queda fuera de lo que yo entiendo como “actitud intachable”. Por mucho que salga días después diciendo “lo siento mucho, no volverá a pasar”, cual infante de primero de primaria.

Estamos de acuerdo que estos dos hechos en sí mismos, si bien estando feos, no revisten de especial gravedad. Lo grave viene cuando uno de los pocos argumentos que quedaban en su defensa, la adjudicación del AVE a la Meca, se mancha de la manera que se ha hecho.

Parece que vivir a cuerpo de rey (literalmente) no era suficiente, había que llegar al siguiente nivel. ¿Qué cómo llega al siguiente nivel un rey? Pues de la misma manera que lo hace un político, si no preguntadle a Bárcenas, Chaves o Griñan, que seguro que saben más del tema que yo.

El caso es que el bueno de Juan Carlos no solo era rey de España, también parece ser que era beneficiario único de una fundación panameña que contaba con más de 100 millones de euros en su haber. Fundación creada, por cierto, por un príncipe árabe de cuyo no quiero acordarme pero que sí  recuerdo que participó en las negociaciones para el famoso AVE. Esperad, que no acaba aquí, porque más que una fundación, era una ONG, ya que donó de manera totalmente desinteresada 65 millones de euros a Corinna Larsen, ¿Os acordáis del tema de las amigas íntimas? Pues eso.

Lo peor de todo esto es que apuntan a que no se le puede juzgar, ya que estos delitos -fraude fiscal y blanqueamiento de capitales- fueron cometidos cuando aún era rey, por lo que su figura es inviolable. Ya me perdonareis la expresión, pero esto es de coña.

Como Alí-babá dijo «Ábrete, sésamo» y, mira tú por dónde, funcionó. Lo que pasa es que, en vez de denunciar a los cuarenta ladrones, decidió liderarlos. Amparado por una inviolabilidad que le daba banda ancha para hacer y deshacer a su antojo. Siempre junto a la ya mencionada Corinna, que le acompañaba en sus reuniones con los árabes en calidad de… amiga, claro. De verdad, qué bonito, para que luego digan que no existe la amistad entre hombres y mujeres.

Siendo sinceros, a día de hoy, la monarquía sirve para grabar un mensajito en navidades y poco más. En temas de representación internacional, existen embajadores, cónsules… y no nos vamos a engañar, todo este tema no da precisamente una buena imagen de España al resto del mundo. No da una buena imagen, pero si representa bastante fielmente el país de pandereta en el que vivimos, punto a favor para Juan Carlos.

Nuestro monarca actual, Felipe VI, y su familia cobran un total de 8 millones de euros limpios, pero el coste de la casa real se duplica o incluso triplica si sumamos todos los gastos que conlleva mantener esta institución. Si alguien tiene motivos reales para mantener todo este gasto, y más teniendo en cuenta la crisis que vamos a afrontar, por favor, le invito a dejarlos en los comentarios. Aunque sea para no sentirme estúpido cuando veo a que se destinan los impuestos que pagamos.

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