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Dimite Giuseppe Conte, primer ministro italiano

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Giuseppe Conte, primer ministro italiano renuncia por las discrepancias con su socio de gobierno Matteo Salvini. El “Open Arms” fue la gota que colmó el vaso.

Hay cosas que es mejor no juntar, porque desde un principio están destinadas a no conjugar bien. Este es el caso, por ejemplo, de los antibióticos y el alcohol, la ignorancia y el poder o el helado y las lentejas. Todos sabemos que no combinan bien, mas no sería insuficientes los casos en los que tendencia humana de contrariar lo establecido ha pecado de irresponsable. Esa tendencia humana, que lucha en un pulso contra el destino de lo obvio.

Ese es el caso del gobierno italiano, cuya conformación unía a la izquierda transformadora (M5S) con la derecha euroescéptica (Liga Norte). Las cenas de Navidad del gobierno prohibieron sacar a colación el tan trillado tema de la política, por supuesto. Como mediador entre dos bestias políticas como Matteo Salvini de Liga Norte y Beppe Grillo (M5S), surgió una figura meridianamente diplomática para ocupar la presidencia del gobierno: Giuseppe Conte. Cercano al Movimiento 5 Estrellas (M5S), éste último se hizo con las riendas del país. Para sopresa de todos, obtuvo el beneplácito de la Liga Norte, previo pago de otorgarle grandes carteras ministeriales a Salvini (como la vicepresidencia primera y el Ministerio de Interior).

Poco más de un año ha durado aquel híbrido destinado al fracaso, pues Conte ha presidido Italia desde el 1 de junio del año anterior, hasta hoy. Su renuncia es la cúspide de las disonancias internas entre el M5S y la Liga Norte. Un gobierno compuesto de enemigos políticos, cuyo único elemento cohesivo es el rechazo a los partidos clásicos. Intentaron darle la razón a Hayek cuando decía aquello de que ambos extremos políticos se tocaban. Dicho intento práctico de validar su teoría, fue una refutación en toda regla.

El italiano ha demostrado ser un “zoon politikon” aristotélico en su trayectoria. Durante su trascurso vital, incluso nos asombró variando ideológicamente, desde posiciones cercanas a la socialdemocracia hacia el euroescepticismo diestro. Dentro de la derecha italiana ha tenido duras pesquisas para hacerse con el liderazgo del bloque, teniendo como duros adversarios la Forza Italia de Il Cavaliere Berlusconi, o los mas extremistas Fratelli D’Italia y Casa Pound.

La deriva conflictual del gobierno ha propiciado que Salvini, como Ministro de Interior haya cobrado una vigencia y fuerza electoral sin precedentes. De hecho, las encuestas lo dan como ganador de unas posibles elecciones, admitiendo que puede llegar incluso el 40%. Ante tal escenario, Salvini ha forzado la ruptura del gobierno en numerosas ocasiones, la última de ellas con una moción de censura al Primer Ministro, Giusseppe Conte.

Sin embargo, la insistencia de Salvini a no acatar los consejos de sus socios de gobierno respecto al “Open Arms” ha colmado el vaso. Sus socios de izquierda buscaban el desembarco de los inmigrantes de forma unilateral en el país italiano. La política de inmigración restringida que defienden los de Salvini ha sido un impedimento desde el primer momento.

Sin lugar a dudas, la postura adoptada finalmente por el gobierno español para lograr un desenlace a esta crisis diplomática ha adelantado la posible caída del gobierno italiano. Salvini ha demostrado ser fiel a su partido y a las ambiciones de éste, por encima de los intereses gubernamentales italianos. Este hecho ha generado una total desconfianza en sus socios. Al parecer, la izquierda italiana ve inevitable las elecciones anticipadas y ya se estaría encargando de forjar nuevas alianzas electorales, presuntamente con el Partido Democrático y el partido Libres e Iguales (LeU).

Sin lugar a dudas, hoy los españoles nos sentimos un poco menos incomprendidos y molestos. La inestabilidad política también afecta a nuestros vecinos. Definitivamente, la política de bloques también afecta a nuestros vecinos europeos. El hecho diferencial entre nuestros países estriba en la arrolladora victoria que se le presupone a la derecha. La dimisión de Conte, el primer ministro, pone la pelota en el tejado del presidente de la República Italiana, Sergio Matarella. Sólo él puede elegir entre sustituir a Conte por un sucedáneo y prolongar el decrépito gobierno italiano en descomposición, o convocar nuevas elecciones y confirmar la victoria de Salvini.

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