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Birmania, Bangladesh y las minorías

La situación inhumana en Myanmar y su internacionalización

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Birmania (o Myanmar), ha sido una de las palabras más escuchadas en política internacional. En los últimos meses, junto con Bangladesh, se ha convertido en uno de los principales receptores de ayuda humanitaria. Las principales víctimas de este hecho son los Rohingya.

Los Rohingya son una minoría étnica y religiosa que habita en Birmania. De hecho, la gran mayoría de los Rohingya profesa la religión musulmana. Habitan en el estado de Rakhine. Este estado limita al norte con Bangladesh. Rakhine es un estado con un 63% de mayoría budista, seguido por un 34% de musulmanes. Al norte del estado, que es donde sucede todo, existe una clara mayoría de musulmanes. El estado de Rakhine se encuentra en Birmania, país de mayoría budista. País, además, controlado políticamente por el ejército.

Birmania, atacó la zona de mayoría musulmana. Arrasó ciudades enteras, ante el silencio de la comunidad internacional. Hasta hoy, muchas ONG han estado denunciando la situación de los Rohingya. Este grupo sufre los ataques, tanto diplomáticos como militares por parte de un estado que no los quiere reconocer. Las víctimas principales son los refugiados que huyen hacia Bangladesh, país de mayoría musulmana (91%) y con una política migratoria muy cerrada. Los Rohingya se encuentran pues, con otro muro. En Bangladesh la guardia fronteriza paraliza los movimientos de refugiados y no permite la entrada de familias con problemas de nutrición e hidratación.

Desde las Naciones Unidas se ha querido denunciar esta situación. Se habla de “la minoría más perseguida” en palabras del Secretario General de las Naciones Unidas.

El problema va más allá que una confrontación contra minorías. La persecución por parte de Myanmar y Bangladesh ha sido denunciada por distintos países, incluido Estados Unidos. Sin embargo, el conflicto lleva décadas en activo. Existen los Muyahidín, grupo terrorista de ideología similar al Daesh con presencia en el sur y sureste asiático, que apoyan el movimiento musulmán anti budista. Este movimiento contra el budismo se ha usado por parte de líderes terroristas para justificar atentados y guerras en el continente asiático.

Las ONG aparecen para defender a esta minoría ante el uso político del conflicto. Denuncian la situación inhumana de las familias refugiadas del ya conocido como “genocidio birmano”.

El hecho más famoso y bastante recurrente cuando se habla de este tema, es la visita papal a Birmania y Bangladesh. A finales de noviembre del año pasado, el Papa Francisco visitó los dos países asiáticos. Durante su estancia allí, evitó decir la palabra “Rohingya” por la inestabilidad y lo candente que está la situación allí. Pese a eso, a principios de diciembre lanzo una afirmación junto a una delegación de Rohingya. “La presencia de Dios se llama hoy Rohingya”, dijo el pontífice.

La internacionalización de este conflicto parece que va para largo. Es por eso que, desde muchas ONG, se está pidiendo a países económicamente fuerte, que actúen. Realmente, el uso político de este conflicto es macabro, pero también beneficia la visualización de lo que está sucediendo.

Desde la Unión Europea ha habido una “fuerte condena a las muertes y a la persecución existentes en Birmania”. Y “urge a las autoridades de Myanmar a trabajar (…) para devolver a los habitantes de Rakhine a la normalidad” en una resolución votada en el Parlamento Europeo el 14 de diciembre de 2017.

Por lo tanto, nos encontramos con lo siguiente. Birmania, país budista que rechaza la existencia de minorías musulmanas u otras etnias. Bangladesh, con unas fronteras que impiden la entrada de los refugiados. Tenemos un mundo que lo usa políticamente por su beneficio propio, con el ejemplo del terrorismo de estado por parte de Birmánia o el de los Muyahidín. Y una comunidad internacional que “condena” pero que no actúa.

Fuente Imagen: Laicismo.org

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