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Responsabilidad colectiva

Estas últimas semanas, sobretodo en mi tierra, hemos escuchado a mucha gente culpando del rebrote a un mismo grupo: los jóvenes. Parece mentira que, estando donde estamos, hayamos caído tan bajo. Hay que decir que el rebrote se esperaba, pero culpar a un grupo tan variopinto como lo es la juventud es arriesgarse mucho.

Evidentemente, existe algo llamado poder adulto. Esto es, entre otras cosas, la desautorización del comportamiento de los jóvenes por falta de experiencia o, sencillamente, por el simple hecho de tener una edad concreta.

¿Por qué tenemos que buscar culpables?

Es la pregunta que me hago cada día cuando oigo a alguien culparnos de los nuevos brotes. Recordemos que hasta hace relativamente poco, los gobernantes “adultos” y “responsables” no habían promulgado la obligatoriedad de la mascarilla. Insistir en que los rebrotes se esperaban es algo importante, pero hay que fomentar el no buscar culpables, porque sí, todos tenemos algo de culpa. Y sorpresa, no es la edad.

Muchas veces nos llaman irresponsables por ser jóvenes. Esto tiene que acabar. No podemos seguir siendo el foco de tanto prejuicio por parte de una sociedad para ser “adulta”, es muy poco madura. Han prohibido el botellón en Cataluña y en Andalucía. ¿Y de qué ha servido? Para meter miedo, con multas astronómicas que saben perfectamente que nadie podrá pagar. Ni siquiera con la reducción a la mitad del primer pago.

El actor Bruno Oro subió un vídeo en su Instagram explicando, a su manera, lo cínico e hipócrita de “prohibir algo que ya estaba prohibido”.  Básicamente, lo que decía es que la irresponsabilidad por parte de los gobiernos. En concreto al catalán.

Obviamente, este artículo pretende visibilizar algo que parece que ahora mismo es inexistente: la responsabilidad colectiva. Si nos limitamos a perseguir a la gente joven pero dejamos que la gente mayor se juegue literalmente la vida callándonos, no estamos siendo responsables. No vengo a decir que hagamos de policías, no vengo a decir que demos órdenes a nadie. Tenemos que concienciarnos de la importancia que tiene protegerse unos para así proteger a otros.

Virus intergeneracional

Hace unos días leí una crónica en un periódico catalán, que decía que el paciente más joven ingresado en Cataluña tenía 41 años. Por supuesto, eso no suele ser foco de críticas. Nadie crítica a los mayores que se reúnen en masa para celebrar reencuentros. Hablo de casos como lo que ocurrió en una discoteca de Barcelona. Tuvo lugar cena de trabajo sin medidas de seguridad, con más del aforo máximo permitido y con gente de entre 30 y 60 años.

El virus no entiende de generaciones, no entiende de edad. Muchos estamos cansados de decirlo tantas veces. ¿De verdad tanto cuesta entender que hacer de policía de balcón no ha ayudado nunca a nadie? Dejemos de buscar culpables para poder encontrar esa solidaridad colectiva. Que somos vecinos, no rivales. Esto no es una competición para ver quién grita más. Nos jugamos mucho todas las personas que salimos a la calle. Ya lo dijo la OMS: “Decidir salir con una persona u otra, puede ser decisión de vida o muerte”. Y tienen razón.

Olvidémonos de hacer caso a los bulos y empecemos a confiar en los expertos, que por algo lo son. Vuelvo a decir que la COVID-19, la podemos coger tengamos la edad que tengamos. Y si, es más probable que tenga efectos peores en edades avanzadas. Por eso apoyar a los jóvenes para concienciar a aquellos que no respetan las medidas es clave. Insultar y buscar pelea como si de niños se tratara no va a solucionar el problema. Una situación de este tipo requiere que seamos un poco mejores de lo que nos han enseñado a ser. Cabeza y seriedad, que la salud no es un juego de críos, pero tampoco de adultos. Nos jugamos mucho.

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