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Opinión: Una mediocridad que aflora en la recta decisiva

Como si fuera un enfermo, el Sevilla ha ido incubando la mediocridad de una plantilla confeccionada en julio y agosto, pero que con parches y una gran dirección técnica no ha florecido hasta el 2019.

En el Sevilla se hicieron las cosas mal desde el principio de esta temporada. El problemas es que hemos estado engañados por un gran inicio tanto de entrenador como de los futbolista, dando un nivel excelso, posiblemente por encima de sus capacidades. Pero las cosas que se hacen mal tienden a la mediocridad.

Empezamos con el rastreo del mercado de directores deportivos, y tras dos rechazos se designa a Caparrós, sin ninguna experiencia. ¿Que es un hombre debe de estar en el organigrama del club? Sí. ¿Que le queda grande el puesto? También. ¿Que es culpa suya? No, al contrario, una disponibilidad, un sacrificio y una valentía propia del que ama al club.

En el mercado de fichajes se fichan a buenos futbolistas, pero con un presupuesto para ir a por más,para ser más ambicioso, y sin mirar mucho el sistema del entrenador. Sergi Gómez es un buen central pero con una nula salida de balón; Amadou y Aleix son jugadores muy mediocres; Promes un extremo puro en un equipo sin extremos; André Silva un muy buen delantero que hizo un primer tercio de temporada por encima de sus posibilidades, y por último Gonalons, un jugador que ha estado lastrado por las lesiones durante toda su carrera y que para sorpresa, también se lesiona con frecuencia aquí.

Peticiones expresas de Machín que no fueron concedidas

Pablo Machín pidió a Portu, a Maxi y a un central con buen trato de balón, no se le trajo a ninguno. Le quedó una plantilla descompensada, con centrales fuertes, altos pero con poco pie para iniciar buenas jugadas desde atrás. Este hecho, sumado a que tampoco se dispone de un pivote con buen manejo de balón, hizo que se tuviera que inventar un trivote inédito, con Banega de pivote único (sin serlo), y el Mudo y Sarabia de interiores (sin serlos tampoco).

Un invento que funcionó en los primeros partidos unos resultados excelentes, con un Franco Vázquez y Sarabia inconmensurables, unidos a dos delanteros (WBY y Silva) que se combinaban a la perfección. Primer parche que el entrenador supo poner a una planificación mal configurada.

Pero claro, los equipos te estudian y una vez que se dieron cuenta de que asfixiando a Banega y dándole la responsabilidad a los centrales, el equipo dejó de crear, dejó de encontrar a los interiores (que no lo son) que tanto daño hacían en tres cuartos, y la producción ofensiva se basaba en genialidades de Ben Yedder y André Silva. El segundo fichaje más caro de la historia del club, Quincy Promes, llegó como extremo a un sistema sin extremos y se tuvo que adaptar, a ratos a un gran nivel, a ser carrilero izquierdo por encima de Escudero, que no da a talla desde hace muchos meses.

Pasan los partidos y un claro guión, en casa se suma por inercia y empuje, aunque con apuros (Espanyol, Valladolid, Huesca), y fuera de casa sólo da para, a rafagazos de calidad, rascar algún punto (Leganés, Valencia, Alavés).

Victorias en su feudo e imágenes pobres a domicilio, un guión no novedoso en Nervión

El primer parche del trivote con jugadores fuera de su sitio natural sirvió, pero a partir de ahí los demás parches eran insuficientes (como poner a un Roque Mesa muy previsible con el balón para aliviar a Banega), o ni siquiera los había (como el no tener banquillo alguno del que tirar para revolucionar un partido).

Llega el mercado de invierno con las arcas llenas, y una oportunidad única para hacer una temporada histórica. El equipo estaba tercero, con un colchón amplio, y avanzando en Copa y en UEFA. Machín pide un futbolista para refrescar una delantera que lo había jugado absolutamente todo, le traen a Munir, a coste cero y que no jugaba un partido completo desde su temporada en Alavés.

El equipo pedía refuerzos de rendimiento inmediato en este mercado, pero la realidad fue bien distinta. Ese central con buen trato que llevaba pidiendo desde julio resultó ser Wober, un experimento para el futuro. Y por último, el pivote que pedía el mediocampo del Sevilla no es Campaña, ni Jordan, ambos rodados y con un gran conocimiento del campeonato. El mediocentro es Rog, cedido sin opción de compra y que por características se aleja mucho de ese pivote defensivo con buen toque.

Un sistema que se agotó muy pronto y al que no es capaz de reaccionar el entrenador

La genialidad del trivote de Machín que funcionó durante poco más de un mes ya no funcionaba, pero el único que parecía no enterarse era el propio Machín. El equipo superado, y a veces humillado, en escenarios como el Bernabeu, San Mamés, Vigo, en Villarreal y ahora Huesca. Esperpento tras esperpento. En casa, la propia inercia hacía ganar los partidos, y las genialidades de Sarabia y Ben Yedder eran suficientes para sacar la mayoría de los puntos y eliminar a una debilitada Lazio en Europa. Hemos omitido ese partido en el Camp Nou en Copa, ante un 6-1 no hay mucho que comentar.

El equipo se cae, la mayoría de jugadores bajan de manera brutal su rendimiento, y Machín no hace nada por cambiarlo. Un sistema que ya no funciona, una línea de tres centrales que es incapaz de darle salida al equipo y que sufre en las transiciones, un Banega que no puede contra el mundo, unos delanteros aislados que tienen que bajar veinte metros para tocar balón, y unos interiores que siguen sin serlos por más que se empeñe en que Vázquez, Sarabia o Roque lo sean.

El sistema, el bendito sistema que solo es capaz de variar en el 80 o para parar a Messi durante 45 minutos y, sorpresa, el equipo hizo un primer tiempo para enmarcar en ese duelo frente al Barça con un 4-2-3-1.

Un puesto Champions muy barato, que tenía amarrado pero que ahora ve como se aleja

Largo, muy largo se le puede hacer al Sevilla este tramo final de temporada que se avecina. Un sorteo amable en europa que podría permitir al Sevilla volver a pelear por la sexta Europa League, pero con la sensación de que el nivel para poder ganarla está muy por encima del que se encuentra ahora mismo. Y un cuarto puesto en liga tirado a la basura, el más barato de los últimos años, que tenía amarrado y del que ahora está más lejos que de salir incluso de puestos de Europa League.

La derrota en Huesca puede suponer el final de Machín, aunque parece tener algo más de rédito. Una cosa está clara, o cambia o le cambian. No tiene una plantilla acorde a su sistema, y el entrenador tiene la responsabilidad de adaptarse a sus jugadores.

Una cosa está clara, la ilusión de un equipo que andaba con soltura en los primeros meses se ha convertido en el derrotismo de ver a una plantilla caída, sin rumbo, en la que aflora una mala planificación. Eso si, de peores se ha salido y si algo demuestra este club es tener aura para remontar situaciones como esta. Pero o plantilla y técnico dejan de parchear para coger el toro por los cuernos, o una temporada con oportunidades para hacer cosas importante será tirada a la basura.

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