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El precio del esmoquin

El peso de los partidos europeos han mermado a un equipo que en dos semanas ha pasado de la ilusión al desconcierto. El buen arranque en Champions contrastan con tres derrotas ligeras consecutivas. ¿Está el Sevilla en crisis?

Hace apenas dos semanas el Sevilla viajaba a Granada con 7 puntos de 9 posibles, con el hocico metido en las primeras posiciones ligueras pese a tener dos jornadas menos que el resto, tras un empate que supo a poco en el Camp Nou, y con la ilusión y la confianza por las nubes. Hoy, el clima es bien distinto. Sí, el Sevilla F.C de Lopetegui está en crisis.

Una mini-crisis si quieren llamarlo, pero un bache tan inesperado como inoportuno, y que hace que se empiecen a tambalear los cimientos de un ambicioso proyecto. Como dijo el capitán de este barco, el querido Monchi: «Una derrota es una crisis». Es sinónimo de la amplitud de este club, y de la exigencia. Y sí, la temporada está empezando prácticamente a echar a andar, pero en el fútbol nadie pide permiso, nadie espera, y los objetivos de este club no admiten muchos baches. Y en este curso llega muy pronto…

Recapitulemos. La temporada empezó sin descanso, sin pretemporada, con partidos amistosos que eran entrenamientos, y a las primeras de cambios te juegas un título europeo contra el mejor de Europa. Pierdes el título, pero pones en jaque a un equipo que tiene pinta de marcar una época futbolística, y con la mano de Neuer a En-Nesyri aun rondando nuestras cabezas.

Sin tiempo para lamentaciones, el Sevilla inicia la liga con dos de dos en victoria, ambas en los minutos finales, ante rivales inferiores (Cádiz y Levante), pero los puntos son los mismos. La imagen cambia en el Camp-Nou, con un Sevilla mirándole a la cara al Barça, dominándoles, y sacando un punto que bien pudieron ser tres. Y el parón. Hasta ahí todo sobre ruedas.

Los efectos del parón de selecciones

Vuelta tras dos semanas de selecciones, Kounde baja por COVID, jugadores tocados, pero no hay excusas. Jordan se autoexpulsa en Granada y los sevillistas se van de vacío a la capital andaluza, con la primera derrota tras 18 partidos ligueros sin hacerlo. Un desliz, ese día que el Sevilla perdía tenía que llegar, el parón de por medio, jugadores tocados, la circunstancias del partido, etc. Se puede pasar. Hora de ponerse guapos, vestirse de esmoquin y debutar en Champions League contra el Chelsea de los 300 millones. Partidazo del equipo en Stanford Brigde y punto que sabe a gloria.

Lo de Granada es pasado, un pequeño lapsus, una excepción. Vuelta al barro, partido feo, visita del Eibar… Y resulta que no, que el mono de trabajo que se lo pongan otros. Primer tiempo regalado, segundo a contracorriente, con mucha ansiedad, cero precisión, y los tres puntos para el norte. Nueva derrota, contra el Eibar, en tu propio campo. ¿Y ahora qué?

Sin tiempo para mucho análisis, pues vienen las luces, las noches bonitas, la mejor competición del mundo vuelve a tu casa. Otro día de traje, partido redondo ante el Rennes en casa, con un repaso de fútbol que no acabó en goleada porque Dios, ni los delanteros sevillistas, quisieron. Pero tres puntos, el grupo bien encaminado.

La competición de las estrellas hace visible el gran nivel futbolístico que puede alcanzar el equipo de Lopetegui

Y San Mamés, menos de 72 horas de descanso, a las cuatro de la tarde, con los de Garitano necesitados, pero tu también, porque tienes 7 puntos. Hay que bajar al barro, pero la misma película. Arreones de calidad, porque no hay que olvidar que este equipo tiene mucha calidad, pero 20 minutos dónde los leones te enseñan los dientes, y le basta para remontarte como a un pelele. Y te vuelves a Sevilla con los mismos puntos con los que venías.

Y en esta situación estamos. El esmoquin de la Champions es caro, pero carísimo. Es precioso, un partido a las nueve de la noche, rivales de enjundia, Europa viendo tus movimientos, y eso gusta. No es ese el camino, el uniforme también hay que vestirlo, y hacerlo con, como mínimo, el mismo orgullo y las mismas ganas que te pones el chaqué. Es lo mínimo, no hay confundirse con las luces, de comer te da el mono de trabajo. Sin lo primero no hay lo segundo. Es muy bonita la Copa de Europa, pero es muy traicionera, porque te van a echar tarde o temprano, es la realidad, y cuando te das cuenta te encuentras en la nada. Y vienen los problemas.

Igual todo esto es muy fatalista y exagerado. Posiblemente. Pero la dinámica es muy mala, los puntos no vuelven, y los rivales no miran atrás. A los tres de arriba hay que dejarlos, fijarse en ellos es un error, y también lo era hace dos semanas cuando la gente suspiraba por unos objetivos totalmente inalcanzables. Real Sociedad, Villarreal, Granada, Getafe y Betis. Ahí está el sitio. El Sevilla es superior a ellos, pero tiene que demostrarlo. Si apuramos podemos meter una criba entre el Villarreal y el Granada, porque no quedar por delante de los tres últimos de esa lista sería un absoluto despropósito. Pero ojo, que la Real Sociedad ya te está metiendo diez puntos (sí, dos partidos menos). Y no se va a parar a preguntarte.

No caer en una dinámica derrotista, objetivo a corto plazo

El Sevilla de Lopetegui necesita volver a ser ese equipo que bajaba al barro mejor que ninguno. Que remontarle un partido era cosa de chinos, que para hincarle el diente tenías que sudar sangre. Lopetegui tiene que volver a ser ese entrenador que gana partidos desde el banquillo, no que los pierde. Ocampos tiene que sumar, goles y peligro. El triángulo defensivo que maravilla a media Europa y está en boca de todos, fajarse también cuando no le apuntan los focos. Jordan ser un fijo en el XI, porque cuando está sobre el verde el Sevilla es mucho mejor equipo que cuándo no lo está. Hace falta un poco más de todo, de algunos mucho más (Suso, Rakitic…).

No hay tiempo que perder. El miércoles vuelta al esmoquin, con el Krasnodar. Y el sábado el partido más importante de la semana, si me apuras de todo lo que llevamos de temporada. Es impensable pensar en otra cosa que no sea ganar a Osasuna. No es excusa el cansancio, que casualmente siempre aparece cuando se pierde. Es cuestión de dinámicas, y de fajarse, y de darle importancia a lo importante. Hay que creer en este grupo, y en su entrenador, han dado motivos suficientes para ellos. Y el balón no para…

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