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Cultura

Pilar Tena: «Busco personajes en los que la gente se sienta reflejada»

Pilar Tena, directora del Instituto Cervantes de Utrech, escritora de novelas y apasionante lectora. Ha sido subdirectora del Real Instituto Elcano durante diez años, coordinadora del programa UNESCO de la Fundación Abertis, directora general de SECOT Seniors para la Cooperación Técnica, y directora de la oficina de coordinación del centenario de Federico García Lorca y de la Spain 92 Foundation.

Tena ha vivido en numerosos países europeos y ha viajado a un sinfín de lugares que aún a muchos nos quedan por descubrir. Ha escrito varios libros entre los que se encuentran: Contratiempos, La Embajadora, Luciana, y su última obra, Fin de semana; un libro sobre el adulterio más sofisticado, la fidelidad a la pareja a pesar del dolor de uno mismo, la mentira utilizada como verdad para no dañar a los demás, y la complejidad de las relaciones entre los seres de una misma familia, que se teje creando una serie de dificultades y contratiempos que mantendrán al voraz lector enganchado desde la primera hoja hasta la última.

Tena no solo nos atrapa, sino que una vez más, en su segundo libro publicado junto a la editorial Tres Hermanas, nos ha invitado a discurrir y hablar sobre la profundidad de los muchos temas que se encuentran dentro de esta novela acogedora, intensa y emotiva para nosotros, los lectores de piel sensible, a través de una muy interesante y seductora entrevista. No dejen de verla, no dejen de leerla, pero sobre todo, no dejen de sumergirse con nosotros en esta fantástica historia. 

PREGUNTA. En esta última novela publicada podemos encontrar una serie de paisajes fascinantes que nos embriagan desde las primeras páginas. Algunos de estos sitios son: el grisáceo Londres, el acogedor Ampurdán o la clásica Barcelona. ¿Por qué has elegido estos espacios para desarrollar esta historia de vidas que se entrelazan y entremezclan dentro de este fantástico libro?

RESPUESTA. Siempre le he dado mucha importancia a los escenarios. No puedo concebir situar una novela, o un cuento, en un lugar que no conozco, aunque no digo “de este agua no beberé”. Creo que los lugares determinan la acción, las reacciones de los personajes. En Fin de semana buscaba ciudades, ambientes, que reflejaran la vida privilegiada de sus protagonistas. En Londres he vivido muchos años, en dos etapas de mi vida, es una ciudad que conozco y adoro. En Barcelona tuve que pasar tiempo por mi trabajo justo cuando estaba escribiendo la novela, y me cautiva su refinamiento, el modernismo, su fuerte personalidad. Al Ampurdán fui invitada un par de veces y esas bellísimas masías existen. Tal cual. Me impactaron y me pareció que representaban muy bien la vida de una elite catalana antigua y exquisita.

P. Dentro de estos paisajes, Luisa —nuestra protagonista— está muy ligada a ellos a través de sensaciones y sentimientos que le evocan épocas de su vida. Sabemos de Luisa, que desde pequeña juega en el jardín de su casa, y ya de mayor se enamora de las rosas del jardín. Asimismo, el clima de finales de verano que acompaña los capítulos resulta esencial en una novela como esta. ¿Qué nos puedes contar sobre estos aspectos de la novela? ¿Tienen algo de autobiográficos?

R. Claro, sí. Ya sabes que casi todo es autobiografía- o autoficción, como se llama ahora-, que escribimos para entender nuestra vida. Aunque al terminar nuestras historias sigamos igual de desconcertados, al menos ha quedado ahí, negro sobre blanco. Pienso además que hay algo que se nota enseguida cuando se lee a un autor, y he ido entendiendo que es a lo que se deben referir cuando se habla de la honestidad de un escritor: durante mucho tiempo no supe de qué hablaban. Pero creo que por fin lo he pillado: al escribir no puedes tergiversar los sentimientos, hacer que un personaje reaccione de una manera incongruente. Por supuesto que hay sorpresas y giros inesperados, como en la vida misma, pero lo impostado se nota, y choca, y el lector lo rechaza, no se siete cómodo. Esa niña que busca la mirada de su madre en el jardín de su casa de Bilbao es un poco yo: esa mujer que cuida sus rosales también, claro, por supuesto. Pero también es mi hermana, mi hija, es alguna de mis amigas: es una amalgama de tantas mujeres -eso sí, mujeres reales- a las que he conocido.

P. A lo largo de las hojas del libro, como buenamente explican unos versos de Walter Scott al principio del mismo, se tejen una serie de telas de engaños que se lían y se lían desde el primer momento. Los secretos y las mentiras serán el “Leitmotiv” de esta historia. Hablemos de ello. ¿Implica la infidelidad deslealtad en la pareja y a uno mismo? ¿Se debe mentir para no arruinar una vida pacífica pero artificial en la pareja?

R.Es un tema muy complejo, y lo es sencillamente porque cada pareja es un mundo. No es posible generalizar. Pero sí creo, aunque escandalice a algunos, que en un momento dado de una pareja una aventura puede venir bien. Y no tiene por qué destruir lo que hay entre dos personas, si eso es de verdad sólido. Lo que pasa es que no tiene nada que ver la importancia que dan unos u otros al sexo: la misma acción, vivir una relación sexual externa, puede ser traición en toda regla para unos y totalmente intrascendente para otros. No hay mandamientos absolutos, máximas sin matices, que puedan regir las relaciones amorosas. Lo malo es que a veces los momentos no encajan, los estados de ánimo no coinciden bien. En cualquier caso, yo no soy psicoterapeuta de parejas, ni nada por el estilo: no pretendo pontificar sobre ese tema ni sobre nada: yo escribo y cada personaje se va por su lado, se desarrolla y hace lo que le apetece. Yo soy una especie de médium, a través de la cual pasan los mensajes. No tengo necesariamente que identificarme con uno u otro, ni siquiera tengo grandes intenciones de demostrar una u otra cosa antes de empezar a escribir.

P. Sin duda es un libro que recuerda mucho al anterior, Luciana tal vez por los personajes entrecruzados con dilemas personales muy fuertes o por las referencias a paisajes o lugares del mismo estilo. Asimismo, se habla de la madre, el padre y una serie de hermanos, que aunque no vuelven a aparecer en el libro, parecen sugerir brochazos de autobiografía. ¿Es así?¿Qué papel ocupa en esta novela la riqueza de la familia y los tejemanejes de la misma y qué nos puedes contar al respecto?

R. ¡Qué interesante que me preguntes por esto! La familia es un tema literario por excelencia, como lo es el amor. Se podría decir que hay poco más que la familia, pues incluso cuando salimos de ella sigue agarrándonos por una pata: siempre reaccionamos atrapados por lo que hemos sido en una familia. Actuamos de una u otra manera como  reacción a cómo era nuestro padre,  imitamos a un hermano que era mejor que nosotros, intentamos alejarnos con nuestras reacciones de la hermana que no nos gustaba. Ahora estoy escribiendo relatos unidos por el nexo de la familia, es muy obsesionante. En Luciana la familia es el núcleo en el que se desarrolla la acción, y esa familia que pasa una temporada en Dublín era muy claramente la mía: te sorprendería saber cuánto de mis padres y hermanos, en esa época en la que yo era muy pequeña, hay en los personajes. En Fin de semana está más diluida la familia, porque es una familia pequeña, un núcleo familiar reducido y por eso mismo también muy obsesionante.

R. Los años del “blitz” y el “mainstream” de 1980, supusieron una fuerte revolución juvenil en Londres. Se llega a decir en el libro que este resultaba ser el sueño de su generación. De forma personal, ¿qué recuerdas de aquellos años? Y por lo que respecta al libro ¿Es Flora en cierto modo la rebelión frente a la seguridad y la tranquilidad de Luisa, como si fuera el reflejo de todo aquello que Luisa ha tratado de ocultar o cerrar en su vida? ¿Se esconde Luisa en sí misma, como se esconde una relación de engaños y desamor detrás de las paredes de la masía?

R. Durante mis años universitarios, Londres era mítico, era raro el español de mi edad que no hubiera dado un brazo por vivir en Londres.  Yo pude hacerlo, un año como estudiante, y luego cinco recién casada, de hecho mi hija pequeña nació allí, en el corazón de Londres, en Westminster Hospital. Londres era una fiesta. Yo vivía al lado de King’s Road, y era un espectáculo, las crestas de los punks, el ambiente de libertad, siempre dentro del orden de la flema británica. Yo tenía una vida más convencional. Mi transgresión había sido política, la reacción ante la dictadura recién superada. No me metí en ese ambiente,  claro, pero eso estaba ahí y daba a la ciudad un carácter apasionante. 

Flora es un personaje que ha llamado mucho la atención a los lectores, es interesante. La suya era una subtrama sobre la que tuve dudas:  me daba miedo que estuviera impostada, que resultara forzada. Yo quería hablar de esa inadecuación, eso sí: me conmovía ese drama de una niña rica que no se encuentra bien en su piel, que adora a sus padres pero se siente muy lejos de ellos. No quiere sus triunfos, ni su dinero, ni su pedigrí. No sabe por qué, pero lo rechaza. Luego en parte se explica. pero el caso es que por esa debilidad Flora es carne de cañón: carne de abuso, de acoso, y es maltratada, puesta al extremo. Al borde del suicidio.

P. En esta novela se hacen continuas referencias a la cultura, que va desde la pintura, hasta oficios como el de fotógrafo o del diplomático. ¿Tiene este que ver con tu profesión actual al frente de la dirección del Instituto Cervantes? ¿En qué aspectos se relacionan estos personajes con tu vida más profesional o personal?

R. Las referencias culturales de la novela tienen, evidentemente, tienen que ver con las mías, las de mi propia vida, y con mi formación estética y cultural. Cuando viví en Londres, en dos etapas de mi vida, en la primera era muy joven, y en la segunda me había casado recientemente. Mis hijos nacieron cuando yo tenía veintipocoso años. La cultura británica tuvo un impacto muy grande en mi formación estética. Cuando tienes entre 18 y 20 años, eres una esponja, tienes una gran capacidad de absorber conocimiento, y aprendes muchas cosas todavía.  

Empece está novela en el año 2012, o en el 2013. Es una novela que ha salido del cajón muchas veces, y en todo ese proceso he metido y sacado historias de ella, de manera que no tiene mucho que ver con la realidad de ahora mismo, aunque sí con mi formación como persona. Digamos, que no tiene tanto que ver con mi trabajo en el Cervantes, sino más bien con aquella otra etapa de mi vida.

El sueño de mi generación era vivir en Londres. Era un Londres muy apasionante. En España estábamos saliendo todavía de la época de Franco. En Londres convivían los punkis con las crestas y otros muchos jóvenes muy distintos, y nadie se escandalizaba, era muy diferente. Para mí, tiene un peso enorme como país por su historia y porque sigo conservando muchos amigos allí.

P. A Luisa la vida le cuesta horrores, quiere seguir adelante sin hacer daño a los demás, pero también quiere vivir apasionadamente y sin abandonar su vida monótona por miedo a destruir todo cuanto ha conseguido. Se encierra en la cocina y piensa. Toni es duro pero también frágil y tímido. Saber demasiado sobre el pasado le hará sufrir en el presente. Hablemos de ellos.

R. La construcción de los personajes es la primera página de un libro de alguien que trata de ser novelistas. Yo quería conseguir personajes creíbles y consecuentes con su personalidad. Por otra parte, en Luisa no hay mucho de mí, es una personalidad muy diferente a la mía, a pesar de que sí haya muchos aspectos de mi vida en esta novela y en Luisa solo algunas cosas.

Luisa es la típica niña rica, una privilegiada; se casa con el más guapo y todo le va bien pero ella no es feliz, aunque por fuera pueda parecer perfecto. Ella va de fracaso en fracaso en el ámbito profesional. Fracasa a la hora de hacerse una personalidad propia y eso le produce una frustración muy grande. Asimismo, no acierta en la relación con su hija, que lo esta pasando muy mal y a quien no consigue ayudar. En esa personalidad hay un destello de casi locura, que son sus aventuras de mujer adulta. Tiene una serie de deslices y comprende que tiene que aprovechar la ocasión porque si no la vida no le deparará nada importante. Estos actos tienen consecuencias tremendas.

Toni es tradicional, un hombre de su generación y clase social, que se va comportando como se comportaban antes muchos hombres, básicamente un infiel nato. A Toni, le ocurre algo en un momento determinado de la novela, toma una decisión que es muy curiosa para protegerse ante el qué dirán. Dejo la intriga para los lectores.

En conclusión, son personajes muy representativos de su clase social y de su tiempo. Busco personajes en los que la gente se sienta reflejada, ese conflicto interno que tienen muchas personas en un momento determinado de sus vidas y que puede hacer que mucha gente se sienta representada en ellos.

P. Flora tiene algo de su madre y de su padre, es valiente y cobarde a la vez, y tiene un alto afán por ganarse las cosas importantes de la vida por sí misma. Sus problemas con la editorial van en aumento, y al final será el detonante de una mentira familiar arrastrada durante un largo tiempo. Hablemos de ella.

R. A mí me preocupaba mucho que la subtrama de Flora quedara un poco artificial e impostada. Por otra parte me apetecía muchísimo escribir sobre este personaje, otra pobre niña rica inadaptada que está incomoda en su piel. Ella ve a sus padres; triunfadores, que ambos son más guapos y más inteligentes que ella, y siente que no pertenece a su clase social. Flora los quiere, pero no quiere heredar las masías, ni quiere ir con ellos a las fiestas, porque siente que no es suyo. No es rebeldía, ella simplemente no encaja en ese tipo de vida.

Este es un conflicto que mucha gente tiene, que no te sientes identificado con tu papel, y que puede ir desde el conflicto por la situación social hasta la identidad sexual. Tener que aparentar algo que no eres. Por eso, me interesaba la personalidad de esa niña que no quiere estar ahí, y el desenlace explica en parte la razón que quizá explique tanta incomodidad. Desgraciadamente, esa debilidad suya la hace víctima fácil para cierto tipo de opresiones y acosos. 

Aprovecho esta subtramas también para hablar de la fragilidad y dificultad de la relación entre los padres y los hijos, de lo que sienten ellos por ella y viceversa.

P. ¿Qué nos podrías contar sobre el proceso de creación de la novela, la edición y el trato junto a Cristina Pineda, en Tres Hermanas?

R. Son muy curiosas las preguntas que me haces. Eres un lector que se ha fijado en muchas cosas. En una lectura rápida y superficial esta es una novela sobre el adulterio, sobre la infidelidad, sobre la lealtad o la amistad. Tú has sacado otros temas que me gustan mucho y se meten profundamente en otra mirada, más allá de lo obvio.

En cuanto al proceso de creación, empecé a escribir a raíz de mi despido del Real Instituto el Cano. Tras aquella experiencia, me vi con mucho tiempo, un panorama de empleo desolador y dos años de paro. Tenía más tiempo que antes. Empecé a escribir un libro técnico, un libro de pequeños cuentos, La Embajadora, y luego, Luciana, la novela con la que conocí a la editorial Tres Hermanas. Me gustó la estética y el tono que, como editorial, buscaba en sus novelas y escritores. Ella tenía una debilidad anglofona que me cautivaba y su cultura era muy parecida a la mía. Pensé que aquella novela mía podía encajar en aquella visión editorial. Cristina Pineda, quien dirigía Tres Hermanas, llamó al poco tiempo, y comenzó una buena relación entre nosotras. Actualmente, están creando nuevas colecciones y nuevos proyectos, y yo estoy muy orgullosa de pertenecer a ellos.

Le comenté que había resucitado esta novela, se la envíe, no con la garantía de que la fuera a publicar, pero sí con una buena predisposición. Y cuando la leyó decidió publicarla. Hicimos algunos cambios, y todo siempre en un proceso muy agradable. Poder contar con una editorial que te quiere y tiene confianza en ti es una suerte enorme.

No sé cuántos libros más voy a publicar, pero en este momento estoy feliz. Es una suerte y un privilegio enorme. He pasado por el calvario de tener algunos manuscritos que no he podido publicar en mi vida, y al menos ahora tengo la confianza de que se los van a leer.

P. ¿Qué lee actualmente la directora del Instituto Cervantes de Utrecht?

R. Últimamente he leído un par de libros que no me han gustado y esos no los voy a mencionar.  Sin embargo, el otro día, me encontré con un librito que fue el primero que publicó Ian McEwan en 1975; es un libro de short stories llamado First Love, Last Rites: Stories, y es un libro fantástico. Es un autor consagrado. McEwan se armó de valentía cuando lo publicó, porque son historias tremendamente pervertidas, macabras y sorprendentes. Tiene el gancho de un escritor sensacional.

La poesía es familiar y a la cojo a ratos. Un autor que he leído últimamente es Martin López Vega, en una recopilación de sus poemas en los últimos veinte años. El libro se llama El uso del radar en mar abierto (La Bella Varsovia, 2019). 

Otros libros que he leído recientemente son Gente que busca su bandera, de Braulio Ortiz Poole o Tus pasos en la escalera de Antonio Muñoz Molina.

Para terminar, aunque a ratos, debo reconocer que también estoy leyendo La caída de Camus, que es un libro corto pero complicado. A veces también hay que adentrarse en lecturas que son un reto.

Un fragmento del nuevo libro de Pilar Tena narrado por ella misma, con la colaboración musical de Cristian Mozo:

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