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Pablo Lavado: “He querido regalarle otra vida a mi madre con esta película”

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Manu Collado entrevistando al director Pablo Lavado / Fuente: Ana Palacios

Durante el 22º Festival de Málaga. Cine en Español, tuvimos la oportunidad de hablar con Pablo Lavado con motivo del estreno de su ópera prima, Al óleo, un relato de juventud que explora temas como el feminismo, la homosexualidad y las relaciones paternofiliales.

TimeJust: ¿Cómo surge la idea de hacer esta película?

Pablo Lavado: Yo tenía la necesidad de contar algo. Cuando empezamos, no sabía muy bien qué era, pero tenía la necesidad de escupirlo. Por tanto, a base de pinceladas, he ido pintando un cuadro con los temas que me preocupaban en esta historia.

TJ: ¿Podemos decir entonces que se trata de un relato biográfico?

PL: Obviamente tiene algo de mí, pero para el personaje principal al que da vida Sarah Benavente me he inspirado en mi madre, en cómo hubiera sido su vida si hubiera nacido en este tiempo y hubiera estudiado Bellas Artes, que es lo que le habría gustado. Quería regalarle otra vida, otra posibilidad, otra visión. Ella vio la película el día del estreno y me dio las gracias por hacerla volver a sentir joven.

TJ: Al estreno en el Cine Albéniz asistió un público entregado que aplaudió a cada uno de los créditos finales.

PL: Cuando eso ocurrió, estábamos detrás y le dije a mi productor que tenía que haber entrado Queen porque yo no le había enseñado la película a nadie previamente, salvo a los actores. Para mí fue un shock entonces y sigo un poco así.

MC: En tu presentación hiciste una pequeña apología del millennial y de lo que nuestra generación puede aportar a esta industria.

PL: Yo creo que soy un inculto del cine. No he crecido con grandes clásicos, sino con Pokémon, con Harry Potter, Los Juegos del Hambre… Ha sido a posteriori cuando me he interesado por grandes cineastas como Hitchcock y otros referentes. También tengo muchas influencias del cine francés, como La vida de Adèle. Todo esto se ve en Al óleo, por lo que creo que sí, que es una película hecha por un millennial y dirigida a un público afín pero que también puede alcanzar a cualquier espectador.

TJ: Las influencias del cine francés de las que hablas se ven también incluso en el cartel.

PL: Sí, es que soy muy fan de la rama naturalista. Por ejemplo, cuando los personajes en la película comen, lo hacen de verdad y se llenan la boca, escupen y se manchan. En cuanto al cartel, no iba a ser ese. Durante el rodaje los actores se pusieron así de manera espontánea y paré para exclamar que lo teníamos. Tenía pensado hacer uno más comercial, pero ese representaba a la perfección lo que quería transmitir y nos quedamos con él.

TJ: ¿Cómo se consigue con tan solo veintitrés años conseguir financiación para rodar un largometraje?

PL: Fue un poco mágico. Entré a trabajar en una compañía de teatro y allí conocí a Chico García, actor de El secreto de Puente Viejo. Le dije que tenía una idea para una peli y que si quería producirla y me contestó que sí. Tal cual.

TJ: Empezaste a formarte como actor en la ESAD de Málaga, pero parece que has decidido encaminarte más a la dirección. ¿A qué se debe este cambio?

PL: Es que me di cuenta de que no me gusta ser actor. Bueno, no me gusta… Digamos más bien que no me llena. Ahora estoy estudiando un Máster de Creación Audiovisual y Artes Escénicas.

TJ: La trama se desarrolla en un paraje muy concreto, en una finca. ¿Por qué la elegiste como el lugar apropiado para el rodaje?

PL: Porque mi madre se crío en Casarabonela, un pueblecito de Málaga rodeado de olivos y era significativo para mí rodar ahí. Además nos pusieron muchas facilidades y estábamos muy tranquilos a la hora de trabajar.

TJ: En la película abogas por una defensa del feminismo y de la libertad sexual.

PL: Totalmente. Para mí el feminismo es algo muy complejo y lo abordé siempre asesorado por una amiga, Mimi T. Misas, que está estudiando un Máster de Igualdad y Género, para saber si estaba yendo por un buen camino a la hora de tratar este tema. En cuanto a la libertad sexual, me he basado en mi propia experiencia, en cómo he ido reflexionando sobre cómo mi homosexualidad no encajaba dentro de ciertos cánones y me he ido comprendiendo poco a poco.

TJ: Abordas la crítica de género de una manera suave, sin demasiada crudeza. ¿Crees que las reivindicaciones expuestas pueden quedar diluidas por ello?

PL: Bueno, no creo que sea tan suave. En los diálogos y discusiones de los personajes se afronta de una manera muy directa y explícita.

TJ: El ambiente rural también es clave dentro de la película. Se muestra con una clara dicotomía entre tranquilidad y asfixia para los personajes.

PL: Esa era la intención. Fuimos muy cuidadosos con la simbología, de influencia lorquiana. Por ejemplo, tenemos muy presentes las rejas de la casa cuando el personaje de María mira por la ventana, como si representase su pequeña cárcel mental. Pero luego esos símbolos van mutando conforme van transformándose también los personajes a lo largo de la peli.

TJ: Me pareció interesante el tratamiento de la luz a la hora de intentar dar la máxima sensación de verano.

PL: Estoy muy contento con la labor de Mireya Muñoz, la directora de fotografía. Nunca habíamos trabajado juntos pero enseguida conectamos y supo trasladar a la perfección esa atmósfera de verano, esas ganas de tirarte a la piscina, las noches calurosas e íntimas…

TJ: ¿Tenías en mente a los actores que formarían el reparto?

PL: Parte sí y parte no. Tenía muy claro que quería contar con Sarah Benavente, José Pastor y Juan Antonio Hidalgo, porque ya habíamos trabajado juntos. Pero el resto se adscribió después y estoy encantado con el resultado.

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