Inicio Cultura Ahyvin Bruno, la vida de una mujer con cuerdas vocales revolucionarias

Ahyvin Bruno, la vida de una mujer con cuerdas vocales revolucionarias

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Fotografía tomada del Instagram de Ahyvin Bruno, @ahyvin

La actitud de la joven talento llega más allá de la creación de una simple armonía.

2015. Venezuela. Un día cualquiera la madre de Ahyvin, quien todavía no ha iniciado su carrera musical, compra unos billetes de avión sin vuelta, tanto a ella como a su hermana pequeña, con destino: Barcelona.

La joven artista tan solo tiene 22 años cuando abandona su hogar por cuestiones de propia seguridad. Los inagotables conflictos de su país natal se acentúan cada vez más, forzando dicha huida. Es una chica que se implica en todo lo que hace, cosa que explica que su agenda siempre esté hasta arriba de tareas.

En Venezuela estudiaba diseño por la mañana; al mediodía, trabajaba en una editorial de revistas; y, finalmente, a la tarde-noche iba a clases de contabilidad. Y, aun así, sacaba tiempo de debajo de las piedras para practicar deporte. Su clase favorita, spinning, porque es con música y muy activa.

Regresaba a su casa sobre las 22.00-22.30h. Y, si le añadimos la situación de peligro que supone andar por una calle en la que un gran número de gente posee armas que usan para robar o secuestrar, es un factor de especial relevancia por el que su madre tomó un papel protector hacia sus hijas y las evadió de esas condiciones.

Deja atrás a toda su familia, excepto a su hermana de 20 años, que viaja con ella. Emprende así una vida nueva llena de incertidumbres donde tiene miedo al cambio por aquello a lo que se va a tener que afrontar, ya que a partir de este mismo instante no van a contar con la ayuda de nadie en esta desconocida ciudad.

Es una mujer latina y se le nota. No solo físicamente, sino por la alegría que desprende. Con ella las cosas son fáciles, sencillas. Llevaba un guión de más de 150 preguntas para conocerla, pero no hizo falta ni desdoblarlo. Con ella las cosas fluyen, brotan. Es una chica lanzada, que no dice que no a nada. Excepto a las drogas. Ni bebe ni fuma, como mucho una copa de vino y no más, porque le empalaga.

Aunque sea puro nervio, le gusta tomarse la vida con calma en una ciudad donde todo el mundo tiene prisa por coger un metro que pasa cada 2 minutos, sin tener en cuenta si el invidente que está a tu lado necesita ayuda. De repente, aparece un hombre que nos interrumpe. Nos pide “20 céntimos, por favor”. No me da tiempo a hacer el movimiento de coger la cartera que ya está Ahyvin buscando monedas que entregarle.

“Y, bueno, este tipo de cosas. ¿Para qué lo usará? Yo me pregunto si para comer, comprar tabaco o de verdad tiene una hija que no… es como que no sé, pero tú has hecho tu labor bien. No sufres el karma”, comenta cuando ya se ha alejado el señor.

Ahyvin es creyente, se aferra a algo porque sino no tiene ganas de nada. Cree en el amor convencional de boda y 7 hijos, sin haberlo encontrado todavía. Cree en Dios, ya sea Jehová, Allah, una persona, una energía o una flor. Ella lo llama Margarita. Y mira, no es Dios, es Diosa, es una mujer que le ayuda a conseguir lo que se propone y tener paciencia con las injusticias de este mundo.

“Te ayuda a creer en ti y a tener un mundo mejor. De pequeña era católica, pero cada vez menos porque vas viendo lo que pasa con el cura, el Vaticano, ves que violan a niños y tú como ser individual puedes creer lo que quieras pero eso no va conmigo”.

Sustenta unos valores de respeto hacia el otro muy definidos. Además, tiene las ideas bien claras desde pequeña, sabiendo que la música tenía que estar presente en su vida porque era y, de hecho, sigue siendo, su gran sueño. La artista se ha criado en una familia donde la música es una pasión. En concreto, su padre es cantante amateur. Él le ha enseñado muchísimas cosas, pero también le puso frenos en otras. No quería que su hija se dedicara al mundo de la salsa porque es una vida nocturna envuelta de alcohol y drogas. De hecho, no le dejo estudiar música porque se convertiría en algo profesional.

Esa ilusión siempre ha vivido con ella, pero nublada por el miedo de su padre. Hace una comparación como cuando tienes una casa enorme y hay una habitación en la que nunca te has atrevido a entrar, pero cuando abres la puerta es el cuarto dorado. Una vez dentro, solo quieres vivir ahí y no salir porque el resto de la casa ya no te importa. Volviendo a la realidad, en el caso de Ahyvin, la puerta que conducía al cuarto dorado consistía en coger un vuelo, cruzar el charco y aterrizar en Barcelona.

La joven talento llegó aquí sin ningún tipo de estabilidad garantizada. Así que los primeros meses fueron bastante duros, hasta que logró asentarse. Esa misma experiencia la convirtió en una mujer fuerte, que sabía que podría con todo lo que se le presentara por delante. Dicho y hecho. Como tenía buenas notas en diseño hizo una prueba para estudiar programación web. La aprobó y consiguió la beca. Aquí fue cuando conoció a una chica que le presentó a Pablito Domínguez, percusionista del grupo catalán La Sra. Tomasa. Como su padre no estaba presente no había nada ni nadie que le pusiera límites para lanzarse a la aventura.

Fue el primer músico que conoció en Barcelona. La llevó a un encuentro informal de improvisación musical, más conocido como jam en el terreno del canto. A micrófono abierto cantó Guantanamera. Al terminar, todos los presentes comenzaron a aplaudir como si no existiera un mañana. Este es el ruido que a la cantante más le gusta en el mundo. “Es como una especie de trofeo bien merecido”, dice mirando al techo a la vez que se emociona. Se le acercaron unas 10 personas para pedirle el número de teléfono.

Ahyvin Bruno gozándolo encima del escenario – Fotografía de Paula Carulla

La chica ya apuntaba maneras. Al mes de haber participado en la jam recibió una llamada de la banda Yurgaki donde le notificaron que necesitaban cantante y estaban interesados en ella. Aceptó, pero antes quería leerse el repertorio.

“Cuando eres intérprete tienes que controlar lo que estás diciendo porque es lo que representas. Más aún si eres la voz principal y yo no voy a cantar nada que no sean mis ideales. Por ejemplo, si hay señas machistas o juzga a gente que le gusta el mismo sexo hago que se modifique la letra, sino no lo canto.”

Es consciente que a través de la voz proyecta su imagen y personalidad al público, lo cual conlleva cierta responsabilidad. Por eso elige muy bien los temas y hace que se ajusten a sus valores que se fundamentan en el respeto hacia la diversidad, siempre y cuando no haga daño a los demás. De tal forma que cuando vino su padre a visitarla a Barcelona e iban por la calle y veían a dos hombres agarrados de la mano le enseñaba que él no era nadie para decir nada ni mostrar malas caras. Debía tolerarlo aunque le hayan criado de otra forma, ya que ellos son felices y no se debe tener prejuicios sobre las personas.

“Da igual tener 5 o 20 o 100 personas en un bolo porque por muy pequeño que sea, esas mismas 5 retransmitirán lo que tú les hiciste llegar a otra gente. Y, por eso, me encanta mi trabajo. Tú, por ejemplo, que eres periodista lo que escribirás de aquí en adelante lo va a leer la sociedad. Tú tienes la voz de mando, pues los músicos igual. Y cambiamos esto o llegamos a un punto en que la población está fatal y los niños prefieren vestir guay a leerse un libro.”

Por lo tanto, el público conoce que lo que Ahyvin canta es porque está de acuerdo con ese tema y principios. Entonces se incorporó con el grupo Yurgaki, pero sin perder su trabajo de diseñadora porque necesitaba la garantía de tener seguro un sueldo base a final de mes. A raíz de ello se inició en el mundo de conceder bolos, donde fue adquiriendo visibilidad hasta el día de hoy que forma parte de 7 bandas como voz cantante principal y solo se dedica a ello.

Ahyvin ejerce con un dominio ejemplar su función de responsabilidad social al ser una persona referente que puede influir en el resto de la gente. Su discurso gira entorno a la protesta de un sistema injusto. En las letras de sus temas exclama una clara transición hacia ciertas actitudes que oprimen la libertad de algunos individuos, ya sea en temas sociales, políticos o económicos. Entiende que es un proceso lento, pero no es una excusa. Hay que manifestarse apresuradamente porque la gente lo apoya, pero… están muy bien asentados desde la conformidad.

La artista va dejando huella en todo este panorama sin darse apenas cuenta. Una señal de ello es el grupo Karamba, compuesto por 7 mujeres hace apenas un año.  Lo formaron Paula, una de las coristas, y ella.

“Un día le dije a Paula que yo quería hacer un grupo que fueran todo chicas. Y yo lo quería hacer de salsa porque en todos hay hombres”, dice, emocionada al recordarlo. “Las mujeres siempre hemos sido menos que los hombres. Quiero decir, menos en cantidad. Estamos sometidas a una presión social de que no podemos. Te hacen sentir menos, pero nosotras decimos que no y nos estamos empoderando”, comenta.

Actualmente, forman una gran familia que se ayuda mutuamente. Crean un círculo muy sano que se aprecia cuando están todas sobre el escenario vestidas de blanco porque quieren luz, quieren cambio, quieren un brillo para llamar la atención de alguna manera y que reflejen en la gente la pureza que son.  En Karamba tienen claro que al ser todas chicas los intereses son los mismos. En sus inicios fabricaron temas que ahora ya no cantan porque sentían que no transmitían lo que pretendían. Ahyvin es la encargada de escribir todos estos mensajes. Es sensible, intensa y poco superficial; esa es su personalidad, que la caracteriza también como artista.

“Yo me inspiro a raíz de lo que me está pasando porque a las personas seguro que les pasa igual en algunos momentos. Se enamoran, se desenamoran, sufren, están tristes, se pelean, tienen bajones, subidones, etcétera, etcétera”.

En definitiva, conecta al mundo entero por situaciones. Canta desde una canción sobre tipos de besos que existen hasta una de la de la gente con mente materialista que antepone el interés propio al ajeno hasta de lo mal gestionada que está la política en Venezuela. Escribe letras con las que todo el mundo se pueda sentir representado. Circunstancias que le pueden haber pasado a un chino, a un alemán y a un americano. Siempre buscando el cambio de una construcción social que considera injusta mediante la solidaria aportación que ella puede ofrecer al ser un personaje público que difunde mensajes a través de sus canciones.

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