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‘Litus’ o el casi merecimiento de la vida

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Quim Gutiérrez como "Toni" / Fuente: Festival de Málaga

El director Dani de la Orden y su equipo han presentado en el 22 Festival de Málaga su película Litus que, tras un pase de prensa que ha irrumpido en aplausos a su conclusión, se postula como una clara candidata a las biznagas de este año.

Photocall de “Litus” / Fuente: Festival de Málaga

Dentro de un grupo de amigos treintañeros, uno de ellos decide suicidarse reventando una furgoneta contra un muro. El fenómeno trágico por excelencia, la muerte, inaugura el film Litus en lugar de terminarlo en una exhibición clara de intenciones. Lo que les interesaba tanto a la guionista Marta Buchaca como al director Dani de la Orden es tratar el drama posterior, la onda expansiva que afecta a los seres queridos de quien baja la guadaña para sí mismo, de forma tal que se elogia y se vilipendia al ausente a partes iguales en una historia en la que comedia y drama mantienen una cópula sin dominancia ni sumisión.

El guion de Buchaca, originalmente ideado para la escena teatral, profundiza en la psicología de sus personajes de una manera magistral enlazando diálogos ágiles y monólogos intensos en una demostración envidiable de euritmia. Las reglas de la poética aristotélica se revelan una vez más, como pasara en Perfectos Desconocidos o en 7 años, como un seguro a la hora de plantear una trama de amistades fracturadas. El problema se plantea y se resuelve en el piso de uno de los personajes y en una sola tarde. Un marco sencillo para un retrato lleno de matices.

Fuente: Festival de Málaga

En rueda de prensa, un exultante De la Orden aseguraba que Litus ha sido su trabajo más personal hasta la fecha. Acabáramos. Pasar de una comedia comercial como El mejor verano de mi vida a un guion de estas características es un salto abismal en el que el trayecto te devuelve la mirada y amenaza con tragarse tu pértiga emocional no solo por las implicaciones morales y sentimentales de la obra, sino por su enorme dificultad a la hora de trasladarlas con la verdad que merece ese texto a la gran pantalla. Sin embargo, el realizador catalán ha culminado con éxito su incursión en esta dramedia gracias a una buena gestión del ritmo dramático y a la incorporación del personaje interpretado por Marta Nieto que no aparecía en la obra original pero que anexiona grácilmente.

Y es que llegamos a la otra gran virtud, aparte del texto, de esta película: un ejercicio actoral que derrocha talento y compromiso por los cuatro costados. Belén Cuesta, Quim Gutiérrez, Adrián Lastra, Álex García y Miquel Fernández, junto a la ya mencionada Nieto, desbordan el medidor de verdad de cualquier acólito férreo de Stalisnavsky. Resulta imposible no empatizar con cada uno de ellos, de tal forma que la catarsis a la que llegan se traslada también a los espectadores de manera inevitable. Destacan las actuaciones del tándem Lastra-Gutiérrez, contrapuntos de máxima hilaridad y máxima desdicha que en ocasiones intercambian sus roles dentro del juego de malabares de De la Orden.

Fuente: Festival de Málaga

A borde del spoiler, me gustaría fijar la mirada en última instancia en el sobrecogedor monólogo final del personaje del actor barcelonés, fluctuando entre la rabia y el cariño hacia el hermano suicida. Con esa mirada acristalada por las lágrimas que te traspasa, Gutiérrez impregna de víscera una reivindicación que, a mi juicio, es necesaria, que incluso debería llegar aún más allá y que, en cierto modo, queda un tanto diluida por la canción de Iván Ferreiro a modo de bajada de telón. Esto es que, lejos de idealizar a quien se quita la vida, de romantizarlo, hay que blasfemar contra él. Nietzsche escribió, con la crueldad propia, y repito, necesaria de un vitalista, que los suicidas casi se merecen vivir. Pues eso. Casi.

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