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Luis Landero: “No hay edad más plena que la de la niñez, cuando somos pura vida”

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Luis Landero
Luis Landero

El escritor extremeño nos habla de su nueva novela “Lluvia fina” en esta interesante entrevista.

Luis Landero
El escritor Luis Landero. (Tusquet Editores)

Lluvia Fina: una novela excepcional

Luis Landero, el escritor extremeño nacido en 1948 y ganador de numerosos premios literarios, acaba de publicar su más intima y radical novela, Lluvia fina. Una novela que nace de una historia real; el día que Landero encuentra una impactante noticia perteneciente al diario El País, en la que se habla de una controversia familiar que termina con varios muertos. El inspirador comienzo de esta fantástica novela.

En esta entrevista Luis Landero nos cuenta más sobre esta nueva obra de carácter profesional y nos da su perspectiva como uno de los escritores más cualificados de nuestro país.

Una entrevista junto al escritor Luis Landero

TimeJust: Es difícil que un autor consiga tres novelas; “El balcón en invierno” (2014) “La vida negociable” (2017) y “Lluvia fina” (2019), tan redondas y de forma consecutiva. En este caso se trata de una novela donde todas las piezas encajan a la perfección unas con otras, como en un puzle. ¿Cómo consigue que la narrativa sea tan interesante y llevadera al mismo tiempo?

Luis Landero: Más que una pregunta, lo tuyo es un halago. ¿Qué puedo decirte? Pues que hago las cosas lo mejor que sé. En “Lluvia fina”, la historia que se cuenta, y el modo en que se cuenta, entreverando continuamente los puntos de vista de los personajes, exigía una estructura muy precisa, casi como si fuese una novela policíaca. Pero eso tampoco es tan difícil. Lo difícil de verdad es escribir, encontrar el tono y el ritmo adecuados, y luego toda esa imaginación menuda que hay en cada frase, en cada párrafo, en cada escena…, y que es imprevisible. Ahí es donde está la inspiración. Lo de la estructura es cuestión de paciencia y de oficio. 

TJ: El problema de base en toda la novela parece ser una falta de comunicación entre los personajes producida por una suma de rencores, odios e inquinas familiares. Puede ser que este problema venga enquistado en el genoma español. ¿Qué relación directa tiene la familia (tal y como la recuerda en su juventud) y la familia de “Lluvia fina”?

LL: Yo no he buscado alegorías ni simbolismos. Lo que ocurre es que, como en España siempre hemos sido una tribu mal avenida, pues la comparación es casi inevitable. En cuanto a la familia, yo creo que antes, en los tiempos de mi infancia, estaba más cohesionada que ahora. No porque se quisieran más sino quizá porque hacía más frío y era más difícil calentar las casas y había que reunirse en torno al fuego o a la estufa, porque no se viajaba, porque las mujeres raramente trabajaban fuera de casa y ellas eran precisamente las que cohesionaban el grupo, porque había una mayor estabilidad laboral. Pero los rencores e inquinas existían los mismo antes que ahora. 

TJ: El personaje de Andrea vive en el pasado y alimenta el rencor de su presente a través de los sueños frustrados de su juventud. “En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen, la gran mayoría de los sueños se roncan”.— Jardiel Poncela. ¿Vamos  entonces todos de farol por la vida?

LL: En la juventud, casi todos. Es la edad de las ilusiones, nos creemos poco menos que inmortales, pensamos que el futuro nos reserva grandes cosas, y que nuestra vida va a ser plena, lejos la mediocridad, de la rutina, de las miserias de la edad adulta. Luego vamos negociando con la vida, adaptándonos al medio, rebajando nuestros ideales sin renunciar del todo a ellos, y de ese modo podemos llegar a tener una vida buena, razonablemente feliz. El problema aparece cuando prolongamos los desafueros de la juventud y le pedimos a la vida más de lo que la vida puede dar. Ahí sí puede surgir el fracaso, el rencor, la frustración y, en definitiva, la infelicidad. Ahora bien, dichosos los que consiguen ir de farol hasta el fin de sus días. De ellos es el reino de los cielos. 

TJ: El único momento en el que todos los personajes parecen haber encontrado un remanso de paz es en la infancia (lo cual recuerda cierto aroma machadiano). ¿Sólo somos realmente felices en aquella inocencia?

LL: En general, yo creo que sí. De niños no tenemos pasado ni futuro. Vivimos el puro presente. No sabemos aún lo que es la muerte. No tenemos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Todo nos asombra, como a los poetas en estado de inspiración, y todo en el mundo está por descubrir. Nos quieren, nos protegen. No nos cansamos nunca. ¿Qué más podríamos pedir? Claro que conocemos también la angustia, “la mágica angustia de la infancia”, que nos dice Machado. Pero no hay edad más plena que la de la niñez, cuando somos pura vida, y nuestra patria es la naturaleza.

Luis Landero
El escritor Luis Landero en el parque del Retiro de Madrid. (Tusquet Editores)

TJ: La madre es un personaje enrevesado y en parte cruel que ha tratado de dar forma a su gusto a la vida de sus hijos. ¿De dónde nace este personaje?

LL: En mis tiempos de niño, muchas mujeres llevaban el pelo recogido en un moño apretado, duro, y casi todas iban de luto. Mi abuela Frasca, por ejemplo. Un día descubrí a mi abuela deshaciéndose el moño ante un espejo. Me quedé deslumbrado, atónito. Como por obra de magia, aquel moño se convirtió en una espléndida cabellera gris que le llegaba hasta la cintura. Fue uno de esos momentos que iluminan la realidad, como un relámpago en la noche.     

TJ: Parece la vida una tragedia donde los hilos de las diferentes vidas personales se entremezclan unos con otros, al igual que en “Lluvia fina”. ¿Tiene más la vida de novela o la novela de vida?

LL: Espero que lo segundo. La novela refleja la vida, o más bien algo del misterio de la vida. Pero vida y ficción se confunden, tal como el sueño y la vigilia, que, siendo distintos, son caras de la misma moneda.

TJ: El proceso de escritura tiene algo de metódico y parte de artístico. ¿Qué es para usted escribir y cómo contempla este proceso?

LL: Escribir es ante todo algo intuitivo, pero que necesita de la inteligencia, y también de la técnica, para expresarse. La razón busca y el corazón encuentra. Pero, a ser posible, hay que escribir lo que te dicte la sangre, no el intelecto (Joyce).  

TJ: Se trata de una novela de recuerdo vivaz y de visión retrospectiva. El narrador pasa de primera a tercera persona con facilidad. ¿Cómo consigue no perderse frente a tal complejidad, y sin embargo, mantener una narración perfecta?

LL: Gracias por lo de perfecta. Esta novela tiene una estructura muy medida. Pero a mí no me parece que estructurar sea algo especialmente complicado. Lo difícil es escribir, el soplo verbal que da vida al relato. Lo otros es cuestión de paciencia y oficio. 

TJ: Es una novela llamativa y muy dinámica, ya que representa momentos muy crudos de nuestra vida cotidiana con la que cualquiera pudiese sentirse identificado. Esto incluye a los jóvenes. ¿Siguen leyendo los jóvenes?, ¿cuál es su consejo para ellos en un futuro?

LL: Espero que sí, espero que lean. Quiero decir, que lea una minoría, como ha sido siempre. Pero todo o casi todo en nuestra sociedad invita al entretenimiento fácil y vacuo. Quizá en algún momento haya una reacción contra esta conjura para convertirnos en clientes dóciles y finalmente necios.

TJ: Conocemos a Luis Landero como escritor pero muy poco como lector. Para entenderle: ¿Qué no podemos dejar de leer?, ¿qué nos recomienda?

LL: Es igual, lo importante es leer, Es decir, ese ejercicio de soledad y de recogimiento, y el aprendizaje de la lentitud.

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