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Cómic y novela gráfica

‘Bolívar’: ¡hay un dinosaurio en Nueva York!

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Un exquisito cuento sobre la vida en la ciudad y una niña descubriendo el mundo que la rodea.

El cómic infantil suele pasar desapercibido entre la prescripción cultural. Al estar dirigido a un público tan concreto, que además posee una capacidad de elección limitada, normalmente su presencia se pasa por alto si no hay niños lectores a los que ofrecérselo. Por este motivo, muchos aficionados corren el riesgo de perderse verdaderas joyas, como es el caso de Bolívar, de Sean Rubin, que forma parte de la línea Kodomo de ECC Ediciones, precisamente dedicada al público infantil.

Pero Bolívar es, en realidad, una obra para todos los públicos, en el sentido más esencial de la expresión. Es muy difícil no disfrutarlo, independientemente de la edad del lector, y a diferencia de otras obras audiovisuales que utilizan esta etiqueta para enmascarar una “obra infantil con la que los padres no tienen por qué aburrirse demasiado”, en este caso es bastante acertado.

Bolívar cuenta la historia de Sybil, una niña que vive en Nueva York y ha descubierto que su vecino es… ¡un dinosaurio! Y es que la gente en Nueva York está tan preocupada siguiendo el ritmo de sus ajetreadas vidas que nadie se ha percatado de la presencia de Bolívar, un dinosaurio que disfruta comiendo sándwiches de carne en conserva, leyendo el New Yorker y buceando en tiendas de libros y discos antiguos. Sybil es la única que se ha percatado de su secreto, y hará todo lo posible por desenmascararlo…

A medio camino entre el cuento ilustrado y el cómic, Bolívar presenta un planteamiento ideal para leer con niños: algunas pequeñas frases acompañan las ilustraciones a una o dos páginas, que se intercalan con otras con las viñetas y bocadillos habituales.

El apartado artístico resulta absolutamente delicioso. Sean Rubin plantea las páginas de forma que funcionen tanto en una lectura íntima como en una compartida, ofreciendo todo un mundo a padres y niños para jugar y contar sus propias historias. Muchas escenas, a doble página, están cuajadas de elementos y detalles que invitan a perderse en ellas. En cierto modo, bebe también de un clásico como ¿Dónde está Wally?, puesto que en muchos de estos casos Bolívar aparece camuflado, escondido, o desapareciendo del plano de manera que apenas se ve la punta de su cola al final del pasillo o tras la puerta entreabierta.

Pero Martin Handford no es la única reminiscencia presente en Bolívar, es imposible leer la obra sin que a uno le venga a la memoria la delicadeza narrativa y estética de Maurice Sendak y su Donde viven los monstruos, pilar fundamental de la literatura infantil del siglo XX.

Bolívar transmite magia. La magia de la curiosidad infantil, capaz de enfrentarse a cualquier reto, pero también la magia de la vida en una gran ciudad, donde absolutamente todo es posible. Hasta tener como vecino a un dinosaurio.

Doctora en Historia del Arte. Divulgadora cultural. Miembro de la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic. Autora del libro "Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón".

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