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I. Uribe: «En ‘Piola’ no todos los conflictos se resuelven, es parte de la vida»

Piola

Entrevistamos a la actriz Ignacia Uribe por la película chilena Piola, que se proyectó en el 23 Festival de Málaga dentro de la Sección Oficial.

TimeJust: ¿Cómo se ha creado Piola?

Ignacia Uribe: Fueron como dos años y medio desde que grabamos. Esta es una película que se hizo sin el Fondo Audiovisual, que es la manera como se hacen las películas en Chile, porque si no cuentas con él casi es imposible realizar una película, porque acá hay muy poca gente con fondos privados interesados en realizar películas. Era una película hecha a puro pulso, los realizadores, el director y su productora estuvieron golpeando puertas durante cinco años para poder conseguir los fondos. Es un trabajo superlargo con pura gente primeriza: el director de fotografía era su primer largo con este cargo, para Lucho (Luis Alejandro Pérez) era su primera vez como dirección y también es mi primer protagónico compartido en un largo. Éramos pura gente primeriza haciendo esta película que nunca pensamos que iba a tener tan buena recepción como lo tuvo en realidad.

TJ: Es una pena que hayáis tenido que publicarla en esta situación de pandemia.

IU: Sí, es una pena, porque yo iba a ir al estreno en Guadalajara, que era en marzo, y mi compañero Max Salgado iba a ir a Málaga también en marzo. Nunca he viajado a promocionar algo afuera, también era la primera vez que iba a estar en un festival presentando una película.

TJ: ¿Qué se siente al tener tu primer papel protagonista?

IU: Creo que hay mucha dificultad en realizar un protagónico, porque cuando uno tiene personajes más pequeños siento que tiene la misión mucho más clara de lo que tiene que ir a contar o de lo que su personaje aporta a toda la película. Me había tocado estar en muchos largos, con personajes de cuatro o seis escenas, tenía muy claro a lo que iba mi personaje y la información que tenía que contar. Aquí a veces me medio perdía. Además me tocó que estuve grabando Piola al mismo tiempo que estuve grabando una película con Andrés Wood (Araña, 2019), un director muy famoso acá, y yo estaba muy nerviosa de trabajar con él, con mucha ansiedad. Encima me tijereteó todo el pelo, me rapó un lado de la cabeza, me tiñó de rubio. Cuando yo llegué le dije a Lucho que me iban a hacer un corte terrible, no sé qué íbamos a hacer… Él me dijo «no sé, compremos una pintura que se vaya con el lavado y no se notará tanto». Pero yo tenía el pelo decolorado. Cuando grabamos Piola, las chicas de arte, imagínate con un presupuesto que no era nada, tenían que comprar espráis para teñir las canas y me lo tiraban todo para que me quedara el pelo oscuro.

Hubo tanto estrés también en la formación del personaje, que no me coincidieran las citaciones con la otra película, que siento que estuve sobre todo concentrada en el presente de las escenas, como viviendo la realidad y el sentimiento de Sol más que armarla como yo había armado personajes anteriormente. Sin duda fue una experiencia genial, porque el director era su ópera prima y me dio tanta libertad en acciones, en textos… Yo le decía «Lucho, quiero cambiar esto, quiero hacer esto», era todo con mucha libertad. Eso me permitió estar tranquila dentro de todo el caos que había alrededor.

TJ: ¿Te sientes identificada con Sol?

IU: Creo que con Sol volví a una parte de mi adolescencia en la que uno busca la soledad, cuando uno empieza a encontrar el goce. A mí me pasó que yo también soy de una zona periférica de la capital, yo me demoré siempre una hora y media en llegar al colegio. Esos trayectos largos en metro y bus al final terminaban siendo como una meditación, era la parte del día en la que yo podía preguntarme qué quiero ser, qué quiero hacer. Como una constante meditación de preguntarse para dónde voy, quiero estudiar esto, sin saber muy bien qué elegir, también sintiendo ese conflicto de sentirse como grande y pequeña al mismo tiempo: soy grande porque puedo tomar decisiones como no ir al colegio, me voy con un chico, me voy a ir a tomar. Ese sentimiento de empezar a sentirse grande y tomar decisiones, pero después pasaba algo y quiero llamar a mi mamá, decirle que venga a buscarme. Esa dualidad de sentirse grande y pequeño todo el tiempo. Creo que es algo de mi biografía que comparto con Sol.

TJ: ¿Cómo era el barrio en el que creciste?

IU: Yo vivía en Maipú, que es otra zona periférica de Santiago de Chile donde también hay muchas fábricas y casas por sectores. Te demoras un mundo en llegar al centro de la ciudad, donde está todo. En la periferia se empiezan a ocupar códigos diferentes a los que se ocupan en el centro de la ciudad, porque la periferia puede ser un lugar peligroso para la gente que no es de ahí, pero para los que somos de ahí es nuestro barrio. Cada uno camina por las calles de su barrio y ya conoces a las personas que sabes que pueden ser peligrosas o a la calle donde no tienes que ir a meterte. Circulas en un lugar que es tuyo, pero comienzas con un sentimiento de desarraigo, porque es tu lugar pero a veces no quieres que lo sea, porque no te gusta o te gustaría estar en una zona con más áreas verdes. Es como la contradicción que uno siente cuando empieza a ser consciente, sobre todo en este periodo de adolescencia, de las contradicciones que tiene, como que quieres esto y después no, quiero vivir aquí y ya no, quiero estar con mi mamá y después no.

TJ: Eso se refleja sobre todo en la escena de Sol y su madre en el coche.

IU: Sí, fue un momento bien heavy, porque mi maestra es Paula Zúñiga, que hace de la madre de Sol, y ella estaba en un momento muy duro porque se estaba muriendo su padre. De hecho, se murió dos semanas después de que termináramos de grabar la película. Ella quería estar allá y acá, medio desconcentrada, y además estábamos teniendo esta relación madre e hija en la que chocaban todo el tiempo. Yo traté de apoyarla, conversábamos, nos conocíamos más. Ella es una de las profesoras de actuación más reconocidas de acá, para mí trabajar con ella era una oportunidad muy rica, quería aprovecharla al máximo y sentí todo el rato que tuve que contenerla mucho emocionalmente. Después de eso nos hicimos muy amigas hasta el día de hoy, pero esa escena en particular no costó tanto, creo que la grabamos unas cuatro veces, porque además es una escena que no tiene corte. La grabamos unas cuatro veces y yo sentí que cada vez era más alto el nivel de intensidad al que estábamos llegando. A la cuarta vez Lucho dijo «ya está, chicas, ya estamos bien». Me parece que la escena que eligieron finalmente no era la más intensa.

TJ: Esta pelea viene por Canela, ¿qué pasa con ella?

IU: La pobre Canela nunca fue encontrada. Lo hablaba con mis amigos que vieron la película, al final la historia no termina feliz para nadie: Sol no encuentra a su perra, Charly no ve a su hijo, Martín no logra cambiar de casa ni arreglarse con su familia. Siento que esta película viene a instalar conflictos pequeños que surgen en la vida cotidiana, uno discute con su familia o se pierde tu perro o alguno de tus amigos se manda algún cagazo… Al final nos damos cuenta de que no todo se resuelve en un día, no todo puede resolverse en la película. Hay cosas que pasan y necesitan tiempo. Tal vez mucha gente que perdió a sus animales se van a sentir identificados porque nunca los encuentran; solo cabe pensar en que alguien más lo haya encontrado y adoptado. Al final nos viene a decir que no todos los conflictos se resuelven, es parte de la vida y es parte de crecer también.

TJ: Sí, refleja lo que pasa sobre todo en estos barrios, no todo tiene que acabar bien.

IU: Ahora que sacaste el tema del barrio, me parece importante reflejar con esta película también que, a pesar de que uno pueda vivir en un barrio «malo o peligroso», un barrio periférico con un alto índice de vulnerabilidad y pobreza, tienen problemas comunes y corrientes. No todas las personas del barrio tienen problemas de drogas, prostitución o violencia intrafamiliar, también tienen problemas de pelearte con tu mamá o tu hermano, son problemas que los tenemos todos. Pienso que la película al final logra hacer que mucha gente se identifique con ella porque cualquiera de los personajes que aparecen ahí podría ser tu vecino. Sol podría ser mi vecina, pero también podría ser la tuya. Podría estar en cualquier parte en realidad.

TJ: Los protagonistas utilizan la música para evadirse del mundo, ¿cuál es tu relación con ella?

IU: A mí siempre me ha gustado cantar mucho, la música, tocar el ukelele y también toco otros instrumentos. La música es como una vía de escape, por eso creo que también el hip-hop y el rap infieren tanto en la vida de las personas más vulnerables, porque hay una salida. Lo hemos visto en todos los barrios de todo el mundo. Desde los barrios más vulnerables por lo general es de donde sale el rap con más contenido y pasión, porque es como una vía de escape. Es lindo volver a esos momentos en los que, creo que a todos nos pasó, íbamos a la escuela y de repente te pones los audífonos y escuchas una música que te empieza a teletransportar a otro universo y a viajar, imaginar el futuro y el pasado. La música tiene eso que nos transporta.

A mí también me gusta mucho el rap, que fue una de las razones por las que fui al casting de la película, porque vi que era una película de hip-hop y tenía que ir a hacerlo. Resultó que mi personaje era justamente el que no estaba involucrado en el tema del hip-hop, pero creo que también la película revela un lugar de la música, del rap en este caso, que no tiene que ver con lo marginal, es un prejuicio que el rap venga de la marginalidad. Lo que pasa es que el rap siempre tiende a ser contestatario, pero puede serlo con las emociones, los sentimientos o los sueños. En el fondo creo que termina siendo un medio por el cual queremos expresarnos y tirar un mensaje al mundo que es como “esta es mi forma de hacerlo”, cada uno tiene su forma.

Es bacán, porque también está pegando mucho el tema de las batallas de freestyle acá en Chile y en España también he visto muchas batallas de freestyle. Es un fenómeno que está haciendo mucho ruido últimamente, porque además tiene que ver con la improvisación y me parece que es un lugar de explosión de la creatividad de la gente muy joven que tiene claro esa rapidez de la mente, de las palabras, de conjugar frases y rimas. Motiva mucho a los jóvenes a que haya una expresión verbal y artística, ojalá todos pudiéramos experimentarlo más, porque la improvisación trabaja con tus miedos y nerviosismo. Podría ser hasta terapéutico.

TJ: ¿Improvisaste al hacer de Sol en algún momento?

IU: Sí, improvisé muchas cosas y otras muchas las grabamos y no se mostraron en la película. Creo que improvisé alto, porque el rol de Sol también viene a terminar de completar este mundo de los chicos desde un lugar sensible, femenino, que por lo general busca contención, pero se reconoce también ella como individuo, como persona sola y única. Ese es el rollo de Sol en la película, al final cuenta que se siente muy sola. Tal vez en esa soledad que ella disfruta hay un espacio que desea compartir. Siempre pensé que el personaje de Sol no estaba enamorada de este chico al que ella conoce, es más ese impulso de sentirse grande, estar con un chico que no es de la escuela, irme a su apartamento, él tiene una novia y yo soy su amante… Es como ese impulso de querer sentirse grande, pero cuando necesito ayuda quiero que alguien me ayude a pegar los carteles, en el fondo es solo eso, pero en realidad él no está ni para eso. ¿Qué estoy haciendo? Creo que todas nos hemos sentido en algún momento así, por qué estoy aquí haciendo esto.

Ignacia Uribe es Sol en la película ‘Piola’ / Fuente: Festival de Málaga

TJ: ¿Cómo definirías «piola»?

IU: Era muy chistoso porque acá se usa mucho esa palabra, entonces cuando estábamos grabando y alguien decía «piola» había unas miradas cómplices y unas risas. Piola es como decir que está todo bien, pero ese todo bien puede ser que no lo esté y se oculta detrás de ello. Cuando alguien te pregunta cómo te fue y respondes «piola», es como todo bien pero en verdad no te lo quiero decir, no te quiero contar todo así que te digo «piola». Cuando decimos que «estamos muy piola», es cuando la situación está muy tranquila. «Encontré un lugar muy piola» es un sitio donde no va nadie, se escuchan los pajaritos y uno puede estar muy piola allí, tranquilo y relajado. Yo siento que piola es algo que pasa desapercibido, es tranquilo y sencillo, pero se va deformando y todos lo empiezan a ocupar de muchas maneras. Por ejemplo, «el precio de la chaqueta es piola», es normal o estándar.

TJ: En resumen, la película está piola.

IU: Sí, al final la película es de gente que es piola, que tal vez tú no pensabas que te podría interesar la vida de una persona que es tan piola. Yo soy una persona y el otro día se perdió mi perro, no creo que nadie venga a decirme que quiere hacer una película sobre la historia, porque no produce eso. Al final la película nos enseña un poco también que nos podemos llegar a conmover o interesar la vida de gente tan piola. Ahí te preguntas qué le estará pasando a tu vecino o a la señora a la que le compro el pan. Tal vez hay una vida interesante detrás de su vida piola.

TJ: ¿Qué le dirías a la gente para que vaya a ver Piola?

IU: Sobre todo que vayan con la disposición de pasarlo bien y conocer a estos personajes, que vienen desde la máxima honestidad. El guion fue lo que más me interesó del proyecto, desde el guion los personajes se muestran muy honestos, hay una sencillez en el decir y sus acciones que me parece delicioso. Sale de lo que nosotros llamamos «cine sudaca», que es como lo feo, lo sucio y marginal, que está bueno porque hay muchas películas que son increíbles, pero esta película se escapa de esto y no nos quiere mostrar el mundo de los marginales, sino el de personas que se sienten marginadas. Me parece un rollo muy interesante porque todos nos hemos sentido marginados alguna vez. Que vayan a pasarlo bien y a disfrutar, y ojalá a compartir el trabajo y comentarnos también, porque muchas veces pueden pensar que a los actores o directores nos da lata que nos escriban y no. Yo quiero, si tienen algún comentario de algo que vieron y les gustó, que por favor me escriban porque quiero saberlo todo, quiero saber todas las opiniones. A la gente que no le gustó sobre todo que me escriban, porque quiero saber por qué, qué piensan. Todas las reflexiones que uno no alcanza a ver, porque es lo rico que tiene el cine, es tan subjetivo que todas las personas van a sentir cosas diferentes cuando vean la película.

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