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Cine

“Formentera Lady” o el peso de la levedad

Estos días vamos a criticar varias películas del 21º Festival de Málaga. Otra que se añade a la lista es Formentera Lady, de Pau Durà (Alicante, 1972)

Pese a lo que diga un manido dicho, uno a veces puede dejarse guiar por la portada de un libro o, en este caso, por el cartel de una película. Formentera Lady, protagonizada por José Sacristán, apuntaba a ser una de las películas a recordar de este 21º Festival de Málaga, y el debutante Pau Durà no ha decepcionado con su primer largometraje como director.

Quizá Formentera Lady hubiera sido un largometraje más sobre la nostalgia y el paraíso perdido si Pau Durá no hubiera comenzado a desarrollar su película, como confesó en rueda de prensa, justo cuando la paternidad estalló en su vida como una feliz bomba atómica que cambió de seguro todas sus prioridades. Me gusta especular con la idea de que el personaje principal de esta ópera prima, ese abuelo hippie desentendido de sus responsabilidades familiares al que da vida José Sacristán, surgió de imaginarse Durá a sí mismo en un futuro en el que antepone, en términos de Milan Kundera, la levedad del individuo al peso de la familia, para acabar descubriendo que la losa de la soledad puede llegar a ser más pesada de lo que puede parecer tras un velo de supuesta libertad.

El eje central de la película es esta dicotomía entre la patria supuestamente elegida, la de la Formentera paradisiaca de los hippies setenteros, y la patria del corazón que es la familia donde quiera que esté, como diría Giuseppe Mazzini. Sacristán se echa a sus experimentadas espaldas el peso de reflejar la melancolía de un personaje atenazado por dicha dicotomía, la cual se acentúa cuando se tiene que responsabilizar de su nieto, interpretado por un prometedor Sandro Ballesteros. Tanto el veterano Sacristán como el aprendiz Ballesteros nos brindan una actuación sobresaliente en la que el contrapunto de la edad sirve para acentuar un potente subtexto: que todo Peter Pan es un niño perdido sin Wendy, sin esa hija y madre a la que ambos añoran encarnada por Nora Navas.

Cartel de “Formentera Lady” / Fuente: Festival de Málaga

Pero no todo es perfecto

Si hay algo que poner en crisis de este film, cuyo ritmo bello y pausado discurre en paralelo a la canción de los King Crimson a la que se recurre para el nombre y para la banda sonora, es que a su cuidada fotografía quizá le falta un punto más de retrato filtrado por las gafas redondas de su protagonista y que coincide con ese punto que quizá le sobra a Manchester frente al mar. Bueno, eso unido a que en la transición de planos entre el especialista que toca el banjo y el propio Sacristán se notan los pespuntes pese a la notable habilidad aprendida ex profeso por el actor para esta película.

En cualquier caso, Formentera Lady ha sido para mí la gran denostada por los premios de esta edición del Festival. Que la Biznaga de Oro haya caído en manos de la mediocre Las distancias, dirigida por Elena Trapé, me parece inexplicable, y más aún que Sacristán no haya sido galardonado como mejor actor cuando su interpretación es, de lejos, la mejor de todos los largometrajes en Sección Oficial. De todas formas, este medio no me paga lo suficiente como para insinuar que hay jurados que prefieren bailar al ritmo del son triste de cierta productora.

Empresario de lo inútil . Me gradué en Filosofía y ahora escribo para diferentes medios sobre cine y literatura, labor que compagino con mi faceta de profesor así como con la de actor, guionista y director de teatro.

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