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En Sevilla marcó una ‘Cruz’

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Fuente: Ana García

Manuel Carrasco visitaba Sevilla en la que fue una noche mágica, donde más de 50.000 espectadores arroparon al artista.

Sevilla siempre es especial. Y Manuel Carrasco es consciente de ello. Lo fue hace tres años, cuando llenó el Estadio Olímpico, y lo fue ayer, cuando ni un alma entraba en el Benito Villamarín. Los sentimientos relucen cuando Manuel le canta a Sevilla y por eso hasta el inicio del concierto fue diferente.

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Sevilla voy contigo…♥️

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Con un telón cerrado en el escenario, el onubense comenzaba a recitarle a Sevilla. Para ello utilizó unos versos en los que le explicaba a su hija su amor por la capital hispalense. A la caída del telón, Me dijeron de pequeño comenzó a resonar con fuerza. Y que suerte la nuestra de todo lo que le dijeron, que ahora nos permiten disfrutarlo de esta manera. El espectáculo levantó el ánimo a todos los presentes, que lloraron, rieron y se emocionaros al ritmo de sus letras.

Las marcas estaban altas después del concierto en La Cartuja, pero no hay duda de que Carrasco no deja de superarse. Consiguió un lleno histórico en el Benito Villamarín. “Sevilla, estás empeñada en estar en los momentos más importantes de mi vida. Vamos a darnos el corazón, que es lo que mejor sabemos hacer”, decía radiante antes de continuar con el espectáculo.

Dejó claro que su lugar está encima de un escenario. Aguantó sin parar casi tres horas de concierto, con un derroche de talento y alegría a la altura de muy pocos.

Los vellos estuvieron de punta durante el concierto al completo. Se vivieron momentos muy especiales. Que nadie y Vete fueron un grito a todo lo que hay que echar fuera: “Que nadie calle nuestra verdad y a todo el que lo haga vamos a decirle vete”, gritaba. Dedicó Siempre Fuertes a los pequeños que ocupan la planta de oncología del Hospital Virgen del Rocío y dio el grito de aliento a muchas mujeres que lo necesitan a través de Mujer de las mil batallas.

Fuente: Universal Music

Lo demás fue rodado. Emocionó a Sevilla y se emocionó él mismo. Y es que cuando Sevilla te mira a los ojos, poco más puede decirse. Dedicó a Sevilla una bulerías. Recorrió la ciudad con sus versos, pasando por Triana, La Alameda, El Cachorro y el Gran Poder.

Alentó a conseguir nuestros sueños. Recordó todas las veces que vino a Sevilla para cantar en una sala a la que no iban más de 1.000 personas y se emocionó viendo cómo el estadio se llenó de luces a los gritos de No dejes de soñar.

Abanderó el flamenco y por ello todo tuvo un toque especial. Solo, con la guitarra o a piano. Manuel Carrasco fue la sensibilidad en estado puro y a son de Qué bonito es querer la cosa se acabó. No sin antes dar las gracias a los presentes, a los que lo hacen posible y a los que lo comparten todo con él.

Fuente: Lorena Castro

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