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‘El increíble finde menguante’ o los infortunios de la procrastinación

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Iria del Río en "El increíble finde menguante" / Fuente: Katia Casariego

El increíble finde menguante, primer largometraje dirigido por Jon Mikel Caballero, fue preestrenado durante el 22º Festival de Málaga.

Si Phil Connors se quejaba de tener que revivir una y otra vez la misma festividad en torno a cierto roedor hibernante en Atrapado en el tiempo, las cintas que tienen como marco y protagonista aquello que medimos con el reloj nos remiten a la misma desidia cuando, por enésima vez, la estructura de este clásico ochentero se convierte en mero parafraseo. Y es que da la sensación de que cada vez que se va a tratar el tema de los bucles temporales en un nuevo film estamos viviendo el meta-Día de la Marmota, esto es, ser conscientes de que se está repitiendo sistemáticamente el argumento de una película que trata sobre la repetición sistemática.

Precisamente por esta razón, la ópera prima de Jon Mikel Caballero resulta tan interesante como inexplicable su papel relegado a la Sección ZonaZine durante el pasado Festival de Cine en Español de Málaga, más aún teniendo en cuenta que para la Sección Oficial a Concurso se prefirieron títulos con una calidad manifiestamente tan baja como La banda. Caballero ha conseguido en su debut como director una actualización simpática, amena y sin fisuras de una película icónica para él y su generación al no limitarse a su mero plagio.

En El increíble finde menguante nos encontramos con Alba, una millennial recién entrada en los treinta e interpretada por Iria del Río, que se verá obligada a volver una y otra vez al inicio de un fin de semana en una casa rural que ha alquilado junto a un grupo de amigos y que, como el mítico personaje de Bill Murray, tendrá que llevar a cabo un proceso de maduración para poder escapar de la repetición. El problema es que su demiurgo, más picajoso que el del bueno de Bill, le añadirá un agobiante hándicap consistente en que el tiempo que dura cada bucle se irá reduciendo progresivamente.

Una carrera contra Cronos. Si bien Phil gozaba hasta el hastío de toda la eternidad para tratar de solucionar su situación, Alba no. Caballero riza contra todo pronóstico un bucle ya rizado hasta la saciedad para demostrar una cosa: el vicio de nuestra generación es la procrastinación y va a llegar un momento en el que el tiempo no solo se nos va a echar encima sino, como revela cierto aporte técnico en la película, nos va a aplastar. Saturno nos va a devorar sin darnos cuenta y sin haber realizado nuestras expectativas, no por falta de habilidad, sino porque postergamos su realización al pensar que siempre podremos disponer de un mañana.

Carpe diem, sí, pero memento mori.

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