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Crítica | ‘The Prodigy’: el mal rollo como estilo

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Jackson Robert Scott
El niño maldito de 'The Prodigy'. Fuente: Filmax

Llega un nuevo replanteamiento tan clásico como interesante del niño diabólico. Gracias a no tener miedo a ser oscura, acaba inquietando hasta el final

La mayoría de los directores de cine actuales no son visionarios, sino re-visionarios. Todo nos suena, tanto los realizadores como los espectadores tenemos referentes, lo cual no es algo malo. En el cine de terror, tenemos casos como los de Halloween (1978) o El proyecto de la Bruja de Blair (1999) que, en el siglo pasado, iniciaron tendencias que todavía hoy se continúan.

Con el recién estrenado 2019, y mientras las carteleras españolas recogen los estrenos de la temporada de premios, llega la primera película de terror del año (con permiso de Verano del 84). The Prodigy se enmarca en esa corriente clásica al volver a contar la historia de un niño atormentado por un ente ¿sobrenatural? ante la impotencia de sus padres. A pesar de este enganche manido, la película logra interesar. Más aún, una vez tiene tu atención, te impide quitar la mirada de la pantalla para inquietarte con una extendida tensión y perturbarte con la oscura consecución de la misma.

Nicholas McCarthy
El director Nicholas McCarthy revisiona un clásico del terror. Fuente: Filmax

Interesante

Es cierto que, a primera vista, la película no aparenta tener mucho fondo. Y es verdad que no renuncia a los evidentes clichés: ambiente hogareño, amor filial, venganza, asesinatos, posesiones… Sin embargo, curiosamente su principal logro está en transitar estos lugares comunes del género con un evidente esfuerzo por interesar y no pasar por alto cualquier detalle de producción.

Dentro del entorno habitual de un niño, ya sea un colegio o el cuarto de su madre, el director juega con el vestuario, el maquillaje y la dirección del sublime Jackson Robert Scott (Georgie en It) para sugerir que algo va mal y dar pistas del por qué. La fotografía a ratos expresiva y los juegos (literales y metafóricos) con el niño también contribuyen a subrayar esta dualidad interna que inquieta más por lo que guarda y la falta de seguridad en el ambiente que porque explote (lo cual también hace).

Taylor Schilling
La madre tratará de averiguar el por qué de estos hechos. Fuente: Filmax

Inquietante

Este crescendo de la tensión hace que la película no sea un frenesí de emociones, pero sí trabaje una en concreto: la perturbación. El compositor de la banda sonora de Insidious (2010) introduce en sus notas la carga paranormal que la película sugiere y nunca explicita. Efectos especiales, monstruos, luchas internas… En una conversación con el psiquiatra, ya avisan de que van a renunciar a eso: “no se trata de una posesión demoníaca, esto es algo más humano”.

Todo es más táctil, más humano, y por ello más inquietante: te identificas fácilmente con la naturalidad de las situaciones. A ello también ayuda la buena planificación con algunos planos frontales y detalle bien reservados. Otro de los elementos que recoge la parte sobrenatural es el montaje, especialmente brillante en la primera secuencia donde el corte por analogía explica por imágenes el terror que se avecina.

Jackson Robert Scott
La fotografía también contribuye a expresar la dualidad del niño. Fuente: Filmax

Clásica

Por mucho que tenga al compositor, The Prodigy no es Insidious ni Expediente Warren (2013). La película no va a marcar un hito en el séptimo arte, ya que todas estas especificidades técnicas sirven al mero propósito de entretener sin trascender. Yendo por lo tanto de lo concreto a lo más general, el director Nicholas McCarthy ha jugado en el mismo campo de sus anteriores dos filmes: las casas encantadas.

En esta ocasión, ha añadido otro arquetipo a la ecuación: el niño maligno. No hace falta irse hasta ejemplos como la española ¿Quién puede matar a un niño? (1976). En estos últimos años, ha habido notables vueltas de tuerca como La Huérfana (2009) o Somnia (2016). Las herramientas son las mismas, tan clásicas como susceptibles de una nueva oportunidad.

Taylor Schilling
La protagonista de ‘Orange is the new black’ es la madre sufridora. Fuente: Filmax

The Prodigy bien la merece. En general, llega a ser suficientemente interesante y tensa hasta ser estremecedora en esos determinados puntos culmen y dejarte con una sensación de malestar, de vacío, con la misma impotencia de su entregada actriz protagonista.

Como conclusión, la misma secuencia inicial de la película resume lo que el espectador va a tener que soportar: tensión macabra sin miedo a la sangre y a la muerte, jugando más al desarrollo, a hacerle morder las uñas, que a una consecución final de susto, de terror, de jumpscare, que es sustituida por giros de guión que responden a la duda de “no se atreverán”. Pues sí, se atreven. Ahora le toca hacer lo propio al público español.

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