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Colossal o la vestimenta del hipster

Hay tráilers que lo dicen todo, ya no sólo porque desvelan todo lo interesante de la trama, sino porque también despiertan ciertas intuiciones con respecto a cómo vamos a valorar la película cuando la visionemos de principio a fin. Con Colossal en concreto tuve la sensación de que iba a ser como echar un polvo con alguien que no sabes si te gusta realmente o sólo te cae bien. Y no me equivocaba: la película es un continuo sí pero no.

A nivel narrativo, la historia de Gloria (Anne Hathaway) comienza de forma ágil, deshilachando los lugares comunes de una comedia romántica para transvalorarlos y convertirlos en una parodia de las películas de monstruos, pero decae hacia la mitad con un dramatismo impostado en el que se pierden los gags del comienzo en favor de una fábula sobre el alcoholismo y los juegos de poder muy obvia y algo boba.

Hathaway y Jason Sudeikis cumplen con sus respectivos roles, destacando el de ella como una especie de reapropiación del Principio de la Pitufina que elogia a la mujer que brega contra la asfixia de un mundo de dominación masculina. Sin embargo, los personajes secundarios, e incluso el de Sudeikis, no están muy bien desarrollados y sus acciones resultan poco creíbles. Esto se debe no sólo a una falta de verdad por parte de los actores sino también a una mala gestión por parte de Vigalondo en las escenas de tránsito.

Por otro lado, la estética retro, presente en el vestuario ochentero o en el diseño de los monstruos que constituyen un sucedáneo de Godzilla y Mazinger Z, consigue casar con coherencia con esa parte de la película que trata el retorno desconcertante a las raíces, al pueblo, como autoexilio de una generación que busca encontrarse consigo misma y aclarar qué quiere hacer con su vida. El problema es que en ciertas ocasiones se rebasa lo vintage y se llega a lo cutre aunque se intente vender como algo referencial, como ocurre en la escena de escena de regresión a la infancia de Gloria.

En definitiva, a Nacho Vigalondo le pasa en esta película lo que le suele ocurrir a Álex de la Iglesia, pero sin esa gracia de exceso barroco. Colossal es como la vestimenta de un hipster: parte de elementos interesantes, pero se pierde en una especie de pastiche de muchas cosas en su ejecución. Es un “bueno, no está mal” que los palmeros de twitter han vendido muy bien; un progresa adecuadamente para un director viejoven tras el deficiente en Open Windows que aún estropea su nota media.

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